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Sección: Política
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El Barón de la CastañaCarolina Jaimes BrangerDomingo, 29 de febrero de 2004
La realidad, sin que me queden dudas, supera a la ficción. Aquí en Venezuela, lo he dicho ya, todo lo que es posible, es probable. Como que se reedite en la vida real al Barón de la Castaña, aquel personaje de nuestra infancia, que relataba, sin siquiera pestañear, exabrúpticas fantasías y mentiras desparpajadas. El Barón de la Castaña es la versión de los cuentos del Barón Munchausen, del alemán Rudolf Erich Raspe, editada en español por Saturnino Calleja. El Barón de la Castaña: ¿mentiroso, sinvergüenza, loco?… Publicado por primera vez en 1785, el Barón fue protagonista de aventuras increíbles, como viajar a la Luna, entrar en el cráter de un volcán, penetrar en el estómago de un pez gigante, volar sentado en la bala de un cañón, en el lomo de un águila, enfrentar a las terribles mujeres–pez, salvar a María Antonieta y a la familia real francesa de la guillotina y otras tantas hazañas que harían empalidecer a Gulliver y a Simbad. ¿Qué cuentos contaría el Barón de la Castaña en Venezuela, hoy? Pues yo creo que tendría que decir la verdad, para que sonara como mentira. Porque aquí pasan cosas tan "excesivamente normales", que es difícil que alguien que no viva en Venezuela, las crea. El Barón de la Castaña, entonces, tendría que dedicarse a contar las más absolutas verdades. Por ejemplo, hablaría de que los golpistas están en el poder, y que la sociedad democrática, sólo por disentir, es tildada de golpista. Tendría que hablar de una "revolución" que se autodenomina "de los pobres", pero no porque esté en vías de superar la pobreza, sino porque ha convertido a todos en pobres. Tendría que decir que los "revolucionarios", modernamente, se desplazan, no en balas de cañón o en el lomo de unas águilas, sino en un avión de setenta millones de dólares, compran propiedades mil millonarias y tienen jugosas cuentas en el exterior. Contaría que en un proceso que se jacta de ser participativo, a los electores se les cercenó de cuajo el derecho a participar. Diría que más de tres millones de firmas no valen para nada. Hablaría de marchas multitudinarias que en predios oficiales nadie ve. Anunciaría al mundo que en el gobierno de los niños, lo que existe es un maremagno de niños que deambulan en las calles, muertos de hambre, descalzos, pidiendo limosna o actuando de saltimbanquis para ganarse la cena de la noche. Se referiría a que hay soldados que en vez de proteger a su pueblo, se vuelven contra éste. Diría que la violencia y la mediocridad se premian con rangos y condecoraciones. Afirmaría que una justa reclamación, que tiene más de cien años, sobre un territorio que le pertenece a Venezuela, podría perderse en un abrir y cerrar de ojos. Y después de contar todo esto, terminaría por confesarse loco. Porque en un país de locos, una persona cuerda, estaría en un manicomio. (*): Mensajes de texto: 2276 |
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