El verdadero "mega-fraude" es el que pretende perpetrar el llamado oficialismo en contra de la voluntad cívicamente expresada en los dos firmazos. Digo "pretende", porque a diferencia del dicho, ya para la cúpula chavista una cosa es querer y otra es poder.
Todos juntos, cual misioneros, repiten la misma cantaleta y hasta el fiscal general, Isaías Rodríguez, despertó de su somnolencia para corear que el "fraude opositor" era un hecho consumado, cuyos alcances habría que precisar.
Los Ismaeles y Mundaraínes del ensamble gobiernero siguen el guión prefabricado desde Miraflores. Lo que pasó en el reafirmazo no pasó, y aquello no fue sino otra tracalería mediática de lo oposición golpista.
El vice-Rangel, no faltaba más, debe encontrarse a sus anchas. Al fin y al cabo, después de medio siglo de disimulo público, ahora bien se sabe que lo suyo vocacional es retorcer los hechos para que lo podrido tenga aroma de pachulí.
Desde Oxford, el salvadoreño Joaquín Villalobos, quien parece comprender como muy pocos lo que acontece en Venezuela, nos recuerda que el señor Chávez tratará de deslizarse en el "borderline" de la silueta legal antes que darle un palo definitivo a la lámpara.
No importa que Gaviria y McCoy hayan elogiado la realización del reafirmazo. No importa que los sopotocientos periodistas extranjeros hayan reportado lo mismo. No importa que los venezolanos hayan apreciado la participación ciudadana. Nada importa a la hora de embasurar el RR con cualquier cabuya leguleya.
A eso se dedica la nomenklatura oficial con el cuento del mega-fraude. Que si acta mata firma. Que si a las planillas les falta una coma. Que si en tucusiapón firmaron bajo engaño. En fin, tratar de convertirlo todo en una truculencia que, en nombre del librito azul, deba suscitar condenas y castigos.
La muy mal explicada demora en la entrega de las firmas por parte de la Coordinadora en algo abona el sembradío de Chávez y su entorno.
Ahora bien, no es lo mismo enredar el papagayo, como en el caso Montesinos, cuando se tiene el sol en la cabeza, que lograr hacerlo cuando se calienta la espalda. Como tampoco es igual echar tierrita en los ojos sobre algo distante (el latrocinio petrolero), que sobre una jornada social y política que movilizó a millones de personas.
La convocatoria del RR no depende de los humores fraternales de Hugo y Adán, sino de la voluntad rubricada en un número suficiente de electores que el CNE verificará con apoyo de la OEA. Al respecto, la gran mayoría del país sólo espera de los 5 rectores que cumplan su trabajo con imparcialidad.
La "misión-fraude" busca transmutar las firmas revocatorias en papel toalé. De avanzar en su cometido, no hace falta ser editorialista del Washington Post para saber lo que ello significaría. El desafío, por tanto, es uno elemental: que se haga respetar la decisión popular. Más nada.