Caracas, Jueves, 24 de abril de 2014

Sección: Política

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Chancletas coloradas

Ramón Hernández

Domingo, 24 de febrero de 2013

La marea roja tiene vinculaciones muy estrechas con los camisas pardas de la SS nazi, los camisas negras del fascismo italiano y los camisas azules del falangismo franquista







   Foto: Google

N o soy entusiasta del joropo ni de los bailes de tambor, aunque admito que escucharlos me emociona. No es una contradicción, sino una función administrativa del espíritu, de la genética, que no extrañamente se relaciona con los regímenes autoritarios.

La simpleza de boom boom requeteboom y toda la suerte de repiques simultáneos que son posibles sobre un cuero de chivo bien templado, junto con los acordes del seis por derecho, ejercen un tipo de sensación indescriptible en el espíritu, que aumenta a medida que se está más lejos del suelo patrio o que se comparte esa música con una multitud en un acto público.

Los nazis, que perfeccionaron las técnicas de sumisión conductual en las que los soviéticos fueron precursores, utilizaron los acordes simples, las letras nostálgicas y heroicas para llevar a cabo lavados de cerebro multitudinarios en los actos de masas que organizaban para el Führer y los alemanes lo vieran o lo escucharan por la radio. La mise-enscène era calculada milimétricamente; desde el color y ancho de las banderas hasta el volumen de los altavoces, los gestos del orador y los saludos de las masas ahí congregadas.

La marea roja tiene vinculaciones muy estrechas con los camisas pardas de la SS nazi, los camisas negras del fascismo italiano y los camisas azules del falangismo franquista. Con la incorporación de los milicianos, que lucen un pañuelo rojo al cuello como los pioneritos cubanos y portan armas de guerra, como la KGB, en las actividades proselitistas del PSUV, se crea una mezcolanza rojo-verde-oliva que simplifica la identificación cromoideológica oficialista, y que al final será una canción de Alí Primera, una franela roja y una cachucha militar. Nada de Marx ni de Salvador de la Plaza, ni de debates sobre la plusvalía; nada de socialismo con rostro humano ni de derechos del hombre. Nada de reconocer al contrario, nada de Karl Popper, Jürgen Habermas y Hannah Arendt. Nada. Sólo renta petrolera.

Confundir el Estado con el Gobierno, una abstracción que civilizó la conducta humana y permitió que grupos, razas, partidos, colores y culturas compartieran el mismo territorio y proyectos de vida, implica arbitrariedades como las que perpetran al excluir del sistema de televisión digital las televisoras que no comulgan con el oficialismo. El próximo paso podría ser la eliminación del artículo constitucional que garantiza la libre expresión del pensamiento y que traten de convencernos de que la ética es vivir para serle leal al comandante presidente, como lo obligaba la Gestapo utilizando cualquier medio.

Por más que se vistan con ropa de marca, de haute couture, andan en chancletas. Vendo cruz gamada, en su caja de madera.

@ramonhernandezg

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