Caracas, Domingo, 20 de abril de 2014

Sección: Política

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La soberanía menú difícil de digerir

Tulio Monsalve

Viernes, 19 de febrero de 2010

Mucho se discute en los últimos días en torno a la soberanía. Se ha convertido en competencia para ver quien conjuga mejor este concepto, devenido en ficción de la política. Cada uno cuenta sus historias.

En mi juventud pude percibí habitar en una República cuya soberanía dependía de los intereses personales de quienes hacían triquiñuelas para orientar nuestro consumo. Artífices en ponerle el precio caprichoso e irritante a la mercancía ofrecida. Éramos, plenamente soberanos, para consumir, con nuestra plata, aquello obligadamente impuesto por la publicidad. Gozábamos de total soberanía para mirar libremente el cine. Siempre y cuando estuviera dentro de los límites de la oferta. Solo una pequeña limitación, el 98% de los títulos expuestos provenían de un solo origen: Hollywood.

Contrario a la situación de la estrecha soberanía dominante existía otra oferta, muy limitada. Esta se originaba en otras tendencias y otras formas estéticas. Por ejemplo las europeas, para mi agrado, fueron aquellas donde más y mejor pudimos templar nuestra sensibilidad y mejorar el gusto por el cine. Aunque, muy limitada su exposición, apenas 2% de la pantalla. Sin embargo algo hicieron para calibrar nuestra ética y estética. El cine francés y el italiano sin duda, con poco, hicieron mucho. Tan comprometida y asolada a estado de nuestra Soberanía, según, Néstor García Canclini en su libro “Consumidores y ciudadanos” Grijalbo, 2005, escribió un Capitulo: “América Latina y Europa como suburbios de Hollywood” Pág.123. Adonde anota, “este campo se puso difícil, hasta llegar a crear un gran Problema con el GATT 1993” y 177 países por el terrible control de USA sobre el tema tipo económico y cultural.

Crecimos en una soberanía bien pensada para lograr reducir, por cuotas, hasta niveles de insolencia, nuestra ya domesticada inteligencia. Sin duda fuimos soberanos, para cancelar en porciones nuestro destino y condición nacional. Proceso realizable con desechos y ayudas de la cooperación extranjera. Teníamos total soberanía para escoger leer a Selecciones o mirar al Pato Donald o deleitarnos con Blanca Nieves. También gustamos de la Serie Flash Gordon y su Dr. Zarkov. Notables fueron. Tanta, hasta llegar a servir de modelo hasta verlas como fueron copiadas en la versión actualizada de Avatar. Allí y hoy, en los dos casos, se trata de invadir otro planeta y conquistarlo. Eterna historia. Flash Gordon “Conquistador del Universo” fue dirigido en 1940 por Ford Beebe y R. Taylor. Allí había guerra con “Hombres Pájaros”, “Monstruos antidiluvianos” “Científicos malos” y todo cuanto ha podido copiarse el director de Avatar. Ver trabajo de Jeanine Molinari “Flash Gordon” de Ediciones SERG 1973.

La Soberanía reinaba. Sólo, apenas criticable, su dedicación a someter a nuestra incipiente sociedad y enfundarla en un aparato creador de amnesia colectiva, para evitar mantener registro propio de nuestra diversidad cultural. Menos mal y debo decirlo con mucho respeto existieron personas como Inocente Palacios quién no escatimaba espacio ni momento para defender los valores propios de lo nacional sobre todo en el campo de la música. Hubo muchos como él y debemos reconocerlos.

Éramos Soberanos para votar. Aunque, si ganaban nuestros candidatos, muy posible, se les allanaba su derecho a las diputaciones y enviaba con la soberanía del caso, a la cárcel. Estábamos en soberanía, para escoger entre dos opciones. Espacios cuya nobleza democrática era solo presunción. Alternativas cuyo quietismo y regularización padecimos a la hora del reparto desigual de beneficios. Soberanos para olvidar cómo el Gobierno de Rómulo Betancourt allanó el 3 de Julio de 1961 la inmunidad parlamentaria de los diputados de Domingo Alberto Rangel, líder del MIR y de Teodoro Petkoff, miembro del PCV. También el 13 junio 1961 abatió la casa nacional del partido Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Todo puede ser leído en “Rómulo Betancourt” Vol. VII antología política -período 1959-1964. Luis Ricardo Dávila Universidad de Los Andes. Sin duda éramos soberanos.

Soberanos para aplaudir en silencio cómplice la iniquidad del enriquecimiento ilícito de los principales gestores políticos, aliados y barraganas. Soberanos para reconocer a estas almas blancas mientras viajaban en primera clase con nuestro escaso patrimonio. Soberanos y autónomos para mirar, solo mirar, como se dilataban sus mal habido bienes. Soberanos para criticar muy silenciosamente como se escurrían sus procesos judiciales y sus delitos se volvían humoradas.

Vivimos en una soberanía creada por zares, ellos, todo lo obtenían. Dignatarios siempre dispuestos a pagar por el silencio de la noticia. Hoy somos soberanos también para asistir al acto fatal del tiempo, cruel, todo lo descubre y todo se los rebota en la cara.

Felizmente está por venir una generación cargada de memoria. Donde resuenen los ecos y se hagan estallar los cristales del presente. Memoria soberana, memoria para liberar y construir el futuro. La soberanía se construye con memoria y se sostiene por la justicia. Soberanos para recordar, para salvar lo digno y para salvarnos de la desmemoria, los naufragios políticos vividos y por vivir.

Soberanía adonde mande la razón no el arbitrio. En contraposición buscamos espacios para ahondar y dar fuerza quien nos herede y evitemos a quien históricamente mucho no arrebató. Soberanía para hacernos cada más ciudadano, menos mercancía. Compañeros y no esclavos. Miembros de colectivo no trastos. Socios no cómplices reyes del soborno.

Cuerpos en carne y hueso y trabajo, no sombras de subsidios o “entaparaos”. Soberanos para evitar la cultura de los préstamos mañosos de Bancos siempre al borde de la quiebra, ellos, todo lo afianzan en la degradación, o la coima.

Soberanos para evitar a quien nos excede a todos desde un canal de televisión. Eso y ese, si corroe y compromete la soberanía e igualdad de todos Soberanía para evitar a aquel enriquecido cuando intermedia, con harta maña, cuanto otros le fían. Soberanos para evitar la ilusión de los tahúres con sus manos rápidas, quienes entre más engañan más entretienen con actos de frivolidad. Arteros para burlar nuestros sentidos. Mientras nosotros financiamos los embelecos a quienes nos encajonan, o encajonan.

Hablemos de la soberanía apelando a Aristóteles en su frase: “Que es un tirano quien mira más a su provecho, a su interés particular no el común” Ser Soberano por miseria y avaricia, es filosofía indigna.

tuliomon@gmail.com

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