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Opinión y análisis

Bolívar:"El comodín" de una farsa
Carlos Fernández Cuesta

 
Viernes, 29 de diciembre de 2000

Aunque el fundamentalismo “bolivariano” del régimen ha sido debatido en distintos terrenos, habiendo generado también consistentes análisis expuestos por destacados escritores venezolanos, este tema se encuentra muy lejos de haberse agotado y por el contrario, sigue teniendo mientras perviva esta etapa política en la vida del país una actualidad y significación que de evadirlo así nada más, dejaríamos de intentar develar suficientemente el rasgo más obsceno y falsificado de la auto llamada por su propulsor y exclusivo protagonista “Revolución Democrática Bolivariana”.

Los venezolanos nos graduaríamos con honores de necios si cayéramos una vez más en la trampa de dejarnos seducir por el uso de la supuesta doctrina y la figura de Bolívar como estandarte de la “regeneración” nacional blandida por un movimiento político circunstancial, y de cuya instrumentación han echado mano caudillos, gobiernos, movimientos insurrecciónales o no, militares o civiles con reiterado cinismo y devastadores resultados a lo largo de nuestra convulsionada historia. Cada uno de nosotros podríamos advertirlo sin necesidad de enterrar demasiado la mirada -y ello por haberse desfigurado hacia una visión no asertiva- que de la adoración perpetua de Bolívar no hemos sacado nada, ha no ser otra cosa que el de alimentar un mito castrante que nos ha arrodillado hacia el pasado creando en nuestra conciencia nacional un complejo de inferioridad hacia aquella generación de hombres que surgieron en la independencia como si nuestra capacidad de creación se hubiera agotado en aquella gesta, especialmente con la relevante actuación de Bolívar; distinto es el caso de sus felicitadores en el poder, que cobijados bajo su nombre y conscientes de esa manipulación miserable, han asaltado el tesoro público, nos han conducido a la anarquía y la guerra civil, han impuesto gobiernos despóticos acartonados a un nacionalismo de papel extremado y panfletario que ha atentado contra los verdaderos intereses del país.

Las identidades en las acrobacias manipuladoras sobre la gesta personal y política de Bolívar de esos personajes del pasado con éste del presente son de una claridad que nos estalla en la cara como una bengala; es notable en todas ellas su tendencia a simplificar con el objeto de erradicar nuestra capacidad de discernimiento, el pensamiento político del libertador en imperativos metafísicos, en el sentido de que él desde el mas allá espera algo de nosotros, lo que justifica cualquier acción del “líder”, así sea por la fuerza para conducir, dirigir y administrar el esfuerzo colectivo hacia la conquista de ese ideal supremo que Bolívar en vida nos legó, y que como un conspirador de ultratumba nos lo reclama permanentemente como destino.

El que a Bolívar ahora se le disfrace con una boina roja en nada debería de extrañarnos- a menos que sea porque estamos en el siglo xxi lo cual no parece una observación frívola- pero lo que sí sería inadmisible es adherirse a un engaño que ha sido ensayado en distintos periodos de la vida nacional y que ha convertido al Libertador en un “comodín” para diversos usos, pero sobre todo para justificar y legitimar los más aviesos y bastardos intereses de grupos políticos y de personajes históricos.

Bolívar en Colombia(NG) fue considerado conservador y en Venezuela Liberal, sus apólogos e intérpretes en forma indiscriminada de acuerdo a circunstancias concretas invocaron su nombre. Hasta la vergonzosa guerra federal lo utilizó para justificarla; el General Pedro Miguel Agüado en 1859 alzado en La Guaira dicta un segundo decreto a muerte, el discurso con el que comienza el decreto es casi idéntico a las proclamas del sublevado teniente Coronel Chávez el 4F 1992, dice Agüado; “Un puñado de valientes que se ha unido a mí me impele a empuñar las armas para rescatar la libertad perdida”.

La llamada “Revolución de las Reformas” de 1835 fraguada contra el gobierno civil del Dr. Vargas encuentra unidos a amigos y parientes del libertador con sus más enconados enemigos, proclamaban inspirarse en él y hablaban en un tono que nos suena hoy de lo más familiar aunque sea una música mil veces cantada; prometían “restablecer los principios del sistema popular, representativo, alternativo y responsable, hollados y pisados por las facciones ocultamente tramadas, por los encarnizados enemigos de la independencia y la libertad de América.” No obstante dos de las tres reivindicaciones que solicitaban aquellos impostores eran: el fuero militar(Const.Boliva.1999) y religión del Estado.

De la misma manera Cipriano Castro con su “Restauradora” proponía convertirse en un nuevo Bolívar y en un líder de dimensiones continentales además de pretender reconstruir la “Gran” Colombia.

La teoría del “Gendarme Necesario” obra notable de Laureano Vallenilla Lanz que sirvió de piso ideológico a la dictadura del General Gómez y se convirtió en una especie de código para todas las autocracias latinoamericanas, está argumentada buena parte de ella en supuestas ideas del Libertador.

El General López Contreras considerado como políticamente de derecha por no decir reaccionario, - cuyo papel civilista será difícil que la historia logre escamotearle- creo en 1936 la “Agrupación Cívica Bolivariana” con propósitos claramente ideológicos y de control político. El mismo se encargó de explicar que sentido tenía aquella organización”: La verdad es que mi gobierno creyó necesario levantar el adormecido culto por nuestro héroe máximo, Bolívar(...) para oponerlos a las nuevas doctrinas, llámense nazistas, fascistas o comunistas...” En definitiva López quiso hacer del uso de Bolívar y de una supuesta doctrina bolivariana la fuerza espiritual y patriótica que guiaba a su gobierno y conectó al héroe así mismo, a su organización política y a la propia estructura de los cuadros administrativos del Estado.

En esta ocasión, con la novedad de haber movido “el comodín” hacia izquierda, los objetivos, las estrategias y los discursos son semejantes ha los ensayos del pasado, aunque las tentativas manipuladoras del nuevo liderazgo tiene dimensiones más fanáticas y fundamentalistas.

Resentimientos, viejos y reforzados complejos de inferioridad, las fantasías de una supuesta identidad perdida, la visión heróica de la vida concentradas de una u otra forma todas estas características en el actual jefe del Estado, está forzando al país a transitar los caminos minados del radicalismo y la utopía con Bolívar como estandarte pero con la paulatina y segura destrucción de la libertad.

No se necesita ser un visionario para darnos cuenta que la capacidad de respuesta del país ante los desafíos de la modernidad impulsados por esta orgía patriotera se estrechan cada día más. El Presidente y sus ventrílocuos ostentan hoy sin pudor un descomunal poder con el pretenden asfixiar a la nación; esta dirección demencial será sin duda de elevados costos. Ante tal concentración de poder personal, la brutal incapacidad de ver la realidad y el desborde de las golosas expectativas de la población les provocará una intoxicación anticipada. Al equipo de socorro “bolivariano se la hará tarde para reanimarlos.

E-mail:ferprie@lycos.com

 

 

 
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