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Sección: Política
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El deber de toda mujer es oponerse al militarismoElizabeth BurgosLunes, 4 de mayo de 2009
En todas las manifestaciones de repudio que se han realizado en Venezuela en contra de la dictadura de Hugo Chávez, ha quedado demostrado que la presencia de la mujer ha constituido un hecho mayor, incluso en ciertas ocasiones se ha comentado que las mujeres fueron mayoría en algunas de las históricas manifestaciones que tuvieron lugar durante el período en que la iniciativa la tuvo la sabiduría de una inmensa parte de la sociedad que desde muy temprano percibió la naturaleza del régimen; iniciativa que luego fue neutralizada por la ceguera acerca de la naturaleza del régimen de quienes se arrogaron el liderazgo del movimiento popular, cuyo clímax lo constituyó el tragicómico “carbonazo” de consecuencias históricas que aún no se han evaluado en su justa medida. Una verdad se impone: la participación masiva de la mujer y el surgimiento del movimiento estudiantil, constituyen los hitos más emblemáticos de la historia de la oposición venezolana contra la última dictadura que se cierne sobre el país. No obstante, se puede deplorar que esa fuerza, ese empeño, esa decisión de las mujeres de rebelarse ante el totalitarismo nacional-socialista que Hugo Chávez está imponiendo al país, no se haya traducido todavía en un movimiento político que a nivel nacional catalice y ponga en movimiento la fuerza extraordinaria que representa la mujer. Intuyo que se me acusará de feminismo radical y de querer enfrentar a las mujeres contra los hombres. No es el enfrentamiento lo que anima mi reflexión, sino la naturaleza militarista del régimen; hecho que atañe directamente a las mujeres, pues no estamos ante del clásico régimen de los gorilas de los años cincuenta-sesenta cuya máxima representación fueron: la caricatural y sangrienta dictadura de “Chapita” Trujillo, la dinastía de los Somoza, la de los generales argentinos, la del narco-Estado de García Meza en Bolivia, etc. Todos estos dictadores, incluso el general Perón, concibieron su radio de acción dentro del perímetro nacional. El nacional-socialismo mesiánico del castrismo cambió las reglas del juego: sin constituir una verdadera potencia militar, valiéndose de los medios de comunicación, de sus agentes expertos en desestabilización institucional, ha logrado imponerse como una fuerza decisiva en su propósito de eliminación de la democracia en América Latina, de allí que el proyecto rebase las fronteras nacionales. Lo más perverso de su empeño consiste en la instrumentar en su provecho los métodos de la democracia en su afán de destruirla. De allí que la izquierda democrática se haya dejado engañas y con ello haya contribuido a neutralizar el movimiento popular de oposición, creando incluso figuras engañosas en la tipificación de la dictadura, cuya consecuencia mayor ha sido que la gente bajara la guardia ante la conjura que se estaba tramando entre La Habana y Caracas. Lo más grave, es que los voceros de esa izquierda democrática, si bien reconocen la naturaleza dictatorial del régimen cubano, nunca han puesto en entredicho la influencia nefasta del intervencionismo cubano en Venezuela que ha ido horadando de manera certera la profunda el pensamiento democrático del venezolano. Mientras tanto, Caracas y La Habana, aprovecharon la distracción de la oposición para enviar miles de jóvenes venezolanos a entrenarse militarmente e ideológicamente a Cuba. Venezuela se ha convertido en un protectorado cubano gracias a la complicidad de la casta que dirige el país. Un caso único en la historia: un país devastado como Cuba, sin poseer ningún poder real, aparte el que le confiere el haberse convertido en una plataforma de teatralidad en donde actúa un grupo de actores mediocres dirigidos por un personaje senil, se ha arrogado poner bajo su conducción a una potencia petrolera, y ante ello ha permanecido sin reacción la oposición que se identifica con la izquierda. Cuando, respondiendo a una reacción de sentimiento nacional herido, un grupo de venezolanos manifestó su repudio al intervencionismo cubano ante la embajada de Cuba, fueron duramente criticados por sectores de la propia oposición. Desde entonces nunca más los venezolanos han osado expresar su repudio ante su condición de país invadido. Así se ponía en practica el sustrato rector del castrismo: desembarazarse de quienes nunca serán incondicionales y forjar nuevas generaciones, catequizando a jóvenes venezolanos, para convertirlos en incondicionales de La Habana. Quienes entonces tenían 17 o 18 y se entrenaron en Cuba, hoy tienen 28 años y constituyen una fuerza fanatizada, duchos en el manejo de las armas. Estos jóvenes incondicionales pondrán en práctica el adoctrinamiento que han aprendido convirtiéndolos en robots que acatarán la voz de mando: “para lo que sea, adonde sea, como sea, comandante en jefe ordene!”; el grito guerrero del castrismo. En correlación directa, el régimen se ha abocado a adquirir ingentes cantidades de armas, a lo cual se agrega el terrible peligro que significa la cooperación que ha establecido el gobierno de Venezuela con el de Irán, ante lo cual no se debe caer en la ingenuidad de no percatarse de que el objetivo de Hugo Chávez es la posesión del arma nuclear sin olvidar la alianza con el Hezbollah, la comercialización de la droga en aras al financiación de la “guerra total contra el imperialismo americano”. La posesión del arma nuclear le procurará satisfacer al teniente-coronel el mecanismo mimético que cual cordón umbilical lo ata a la historia del castrismo: repetir la escenografía vivida por Fidel Castro durante la crisis de octubre, o crisis de los misiles en 1962. Ante esta conjura emprendida contra la vida de los ciudadanos a consecuencia de la naturaleza militarista del régimen, la mujer tiene la obligación de manifestar su repudio de la manera más rotunda. Las mujeres conocemos el coste y el esfuerzo que significa llevar a la edad adulta una vida humana. Ante el peligro de muerte que se cierne sobre el país, ante la monstruosidad que significa una guerra civil que consiste en el asesinato entre familias : ¿quiénes si no las mujeres poseen la legitimidad, y yo diría el deber, de convocar un vasto movimiento en defensa de la vida en Venezuela.? A las mujeres les toca denunciar el carácter machista-misógino del régimen, oponerse a que el erario nacional sea invertido en la adquisición de armamento, oponerse a la militarización de la juventud. Esa tarea les concierne específicamente a las venezolanas. No deben olvidar que un simple trozo de metal es suficiente para acabar con una vida; un simple trozo de metal pone término a lo que tanto esfuerzo ha costado a las madres. Permanecer, en tanto que mujeres, mudas ante el desprecio del hecho inmenso de generar la vida, significa aceptar con docilidad el asesinato de lo que una misma ha creado. La historia ha demostrado con creces lo que ha significado la docilidad o la inconsciencia ante los proyectos criminales de regimenes como el de Hitler, Stálin, Fidel Castro. El pago se cuenta en millones de vidas |
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