Las cinco salidas de Chávez Carolina Jaimes Branger
Lunes, 15 de diciembre de 2003
El 2 de febrero de 2000, en este mismo diario, publiqué un artículo que se llamaba "Mi mejor consejo para Chávez", en el que, sin espíritu de crítica violenta o de oposición a ultranza, le sugería al Presidente que renunciara. Chávez tenía en ese momento muchos triunfos en su mano y una popularidad y una credibilidad altísimas. El consejo se debía, precisamente, a que yo veía imposible que pudiera cumplir con todo lo que había prometido, y que después del auge, vendría el descenso. Yo le sugería que hiciera como hizo De Gaulle en 1946, que renunció, se preparó, maduró y volvió al poder, desde 1958 hasta 1969, para convertirse en uno de los grandes estadistas del siglo XX.
Como era de esperarse, Chávez no me hizo caso. Y la realidad es que hoy se enfrenta al descenso. Quizás para alguien con un espíritu tan mesiánico como el suyo, es difícil verlo y más difícil aún aceptarlo. Yo creo que el Presidente está convencido de que el reafirmazo fue un fraude, porque no puede creer que tiene tanta gente que lo adversa. Pero sus ad láteres sí lo saben, y deben estar considerando cuál es la mejor salida.
La primera es retardar lo más posible el referéndum. Insistir con el asunto del fraude, de "huella por huella", "firma por firma", para ganar tiempo y llegar hasta agosto, fecha en la que de perder el referédum, se encargaría el vicepresidente de completar el período.
La segunda es el referéndum mismo. Pero un referéndum lo saca, porque es
"sí" o "no". Tendrían que salir a votar todos los que se han abstenido para tratar de contrarrestar el "sí", y eso es demasiado riesgoso, porque no tiene certeza alguna de que, en caso de que salieran, vayan todos a votar que "no".
La tercera es "darle palo a la lámpara". Pero Chávez no le va a dar palo a la lámpara, porque la lámpara es él mismo. Además, no confía en la totalidad de la Fuerza Armada, sino en un pequeño círculo que no resulta suficientemente fuerte para dar un golpe. Además, un golpe lo terminaría de liquidar ante los ojos de la comunidad internacional.
La cuarta salida es la enmienda constitucional. Aprobar en Consejo de Ministros y en la Asamblea una enmienda que le recorte el período, apostar a que será aprobada en referéndum, convocar a elecciones, y presentarse como candidato, jugando a que la oposición irá dividida. Esta salida le lavaría la cara ante la comunidad internacional, pues es una medida democrática.
La quinta salida es la renuncia, para también presentarse a elecciones en treinta días. Aquí también apostaría a que en la oposición no se pondrían de acuerdo, y esperaría ganar con su treinta por ciento.
El futuro del Presidente depende de la habilidad con la que juegue el
juego. Y el de la oposición depende de la habilidad con la que juegue el suyo, y de las decisiones que tome para ponerse de acuerdo.