La violencia que envuelve a Venezuela solo es comparable a la ceguera que tenemos de nosotros mismo ante la situación del país.
Esta nación esta anárquica, ha perdido los patrones y las escalas de valores; los que hablan y piden libertades son los mismos que niegan toda posibilidad de ésta.
El investigador del IESA Felipe Pérez tuvo el tino de opinar favorablemente de la política económica del gobierno; pero al IESA no le gusto una opinión distinta a sus intereses, y lo botaron. Esto demuestra que en Venezuela la opinión tiene un precio, venga de donde venga. Sea esta razonada o irracional.
Por una parte el gobierno y sus aliados tampoco le gustan las criticas y lo han demostrado atacando a los medios y algunos periodistas. El gobierno no acepta que se profundice en ningún tema, sino que todo sea muy superficial, hasta ha llegado a contradecirse en sus propios logros, hasta posee ministros que cortan el flujo de dinero como Giordani para que los que no pertenezcan al grupo Garibaldi no se puedan destacar o cumplir su labor. Mientras que los adversarios económicos del gobierno han llegado a ponerle mordaza a toda persona que en un momento señale un hecho positivo de éste.
Pérez se metió con uno de los carteles más poderoso del país, como es la banca, al comentar la diferencia entre las tazas pasivas y activas, hasta hablo de la posibilidad de nacionalizar un grupo de bancos. Pérez se metió con la limosna y no con el santo, algunos piensa que será absorbido por el gobierno. Pero lo que quizás no sabe Pérez es que este gobierno cree que solo con Chávez y el grupo Garibaldi el país saldrá delante y no le hace falta los venezolanos que quieran aportar, y menos un Pérez que ha demostrado no ser manejable y menos incondicional.