| |
Sección: Política
ENVIAR A UN AMIGO
|
ENVIAR AL DIRECTOR
|
ENVIAR AL EDITOR
Los castrados de Chávez
Freddy Lepage
Sábado, 8 de noviembre de 2008
La pulsión irrefrenable de Chávez de ser el centro de atención en cualquier escenario, aunada a la realidad mostrada por las encuestas (le dan una posibilidad cierta a los sectores opositores de hacerse de un número importante de gobernaciones y alcaldías), introduce elementos desestabilizadores del proceso electoral que, se supone, debe atender a las necesidades regionales y locales de la población. En un principio, la estrategia chavista se fundamentó en dejar actuar por cuenta propia a los candidatos, reservándose la participación del teniente coronel, solamente, en casos que, por sus características especiales, así lo requirieran.
Pero, la mamarrachada de elecciones internas del PSUV, para la selección de sus abanderados, dio al traste con lo establecido inicialmente. Por una parte, la burla a la voluntad de las bases, debido a las imposiciones, molestó a mucha gente (incluyendo a los partidos aliados) y, por la otra, como consecuencia de esta actitud autoritaria, los seleccionados por el “todo poderoso dedo” muestran poco arraigo y anclaje popular. Sólo unos pocos, como Henry Falcón, en Lara, se atrevieron a desafiar con éxito tan perversa práctica.
Ahora bien, ante semejante adversidad (sin menospreciar el ventajismo y el control absoluto del chavismo sobre las instituciones y recursos del Estado), Chávez, sobrevalorando su liderazgo, una vez más, se monta en el hombro la campaña, convirtiéndola, arbitrariamente, en un plebiscito nacional sobre su persona, en lugar de una gran fiesta cívica, democrática. Él suplanta en unos casos, y abruma en otros, a los competidores por los puestos de elección popular. Los demás no cuentan, como, paladinamente, lo reconoció el propio Diosdado Cabello, cuando en un ejercicio de sinceridad y jalabolismo supremo, descubrió que los votos los tenía Chávez. Ellos, sencillamente, eran unos simples mandaderos, sin liderazgo alguno. ¿Cómo puede alguien que se atreva a decir semejante barbaridad, pretender el apoyo de los electores para ganar en el Estado Miranda? Ciertamente, la capacidad de asombro de los venezolanos quedó colgada en el relegado armario de lo imposible.
Vistas las cosas así, no es de extrañar, entonces, el desgaste ostensible del anclaje en la opinión pública de los aspirantes respaldados por el líder único de la revolución. Tienen dibujada la derrota en sus tristones rostros. Parecen más bien muñecos de ventrílocuo o marionetas de circo de pueblo, sin voluntad alguna, manejados a su antojo desde Miraflores. El caudillo no respeta a sus pupilos, a pesar de que fue él y sólo él quien los propuso. Son candidatos castrados políticamente por los desafueros y poca o nula disposición a conversar de su jefe. Esterilizados sin compasión.
La agresividad del discurso, las amenazas contra tirios y troyanos, la violencia transmitida en cada uno de los actos públicos proselitistas, dejan muy poco espacio para la confrontación democrática. Su nerviosismo y arranques de ira resultan realmente patéticos, sobre todo, para quien, en virtud de su alta investidura, debería dar demostraciones de aplomo, sensatez, seguridad, confianza. A los efectos de aglutinar a sus seguidores ofende, amenaza, agrede, a diestra y siniestra, impunemente, a quienes piensan diferente. Lo malo, el tiro le salió por la culata. En el Zulia, Di Martino se desinfla al calor marabino de cada visita presidencial. Se le nota desencajado, impotente, cansado. Igual ocurre en otros sitios. La chabacanería y el desespero no están dando los resultados previstos…
freddylepage@cantv.net
|
|
Publicidad
|
|