Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014

Sección: Política

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PASANDO LA HOJA

El lamentable caso de Julio Soto

Manuel Isidro Molina

Martes, 7 de octubre de 2008

Cuesta escribir polémicamente sobre el brutal asesinato de un joven estudiante universitario, en este caso Julio Soto, presidente de la Federación de Centros Universitarios de la Universidad del Zulia (LUZ). Lamento su violento fallecimiento, sinceramente, desde el punto de vista humano, como joven de 31 años y líder estudiantil que era.

Pesa el dolor, en medio de la matanza cotidiana de jóvenes y adultos por motivos tan alarmantes como el atraco, el “ajuste de cuentas”, una pelea callejera o un arrebato de celos.

Una de las batallas perdidas por el gobierno del presidente Hugo Chávez, es la moral: aquel compromiso de 1998, de rescatar moralmente la República y refundarla sobre sólidas bases éticas y valores solidarios, fue vuelta añicos. Al contrario, de aquel sagrado compromiso de construir Patria, no queda ni la vergüenza. En ese marco ubico el problema, el drama nacional de desbordamiento de la delincuencia.

Ese sucio camino nos ha llevado al actual colofón: Venezuela está en manos de las mafias.

Quien crea que tal afirmación es exagerada, puede asomarse a la realidad: campea la corrupción administrativa, dominada por mafias político-empresariales de muy diversas tonalidades políticas, con los mismos mecanismos para el lavado de dinero sucio utilizados por las mafias del narcotráfico, asaltantes de bancos, secuestradores y extorsionadores; los grados de violencia que vamos conociendo entre nosotros, están asociados a la pérdida de valores y del sentido mismo de la vida humana, del rol de las personas en la sociedad, que día a día están siendo impactadas por los delincuentes y, a la vez, se ven obligados a convivir con los hechos delictivos y sus autores; parte importante de las “autoridades” están involucradas en el trabajo mafioso, le dan soporte y no pocas veces son sus reales capos, para vergüenza de Venezuela.

Nuestra sociedad se ha hecho tan “permisiva” bajo el dominio y el influjo de las mafias, que prácticamente convivimos con el delito. De la “sociedad de cómplices” criticada fuertemente en las décadas de los años ochenta y noventa del siglo XX, evolucionamos erráticamente hasta encontramos en una “sociedad mafiosa” enervada por mil formas del delito. Pocos se atreven a reconocerlo, unos por falta de vigor y valentía, y otros simplemente porque están asociados con los delincuentes, son delincuentes efectivamente, pero gozan de impunidad.

Si alguna lección, dolorosísima lección, podemos extraer del asesinato de Julio Soto, más allá de su persona y su rol público, es precisamente comprender que debemos tomar conciencia de la magnitud y profundidad del problema moral de Venezuela.

¿Por qué estamos en las sucias manos de las mafias? ¿Por qué el sicariato colombiano tomó cuerpo entre nosotros? ¿Por qué la vida en Venezuela, llegó a valer nada? Y sobre todo, ¿por qué un joven universitario y dirigente estudiantil, con estudios de derecho y formación política demócrata-cristiana (o cualquier otra), puede acabar su vida de manera tan brutal?

Pudiera mencionar otros hechos delictivos graves, violentos y no violentos, ocurridos en Venezuela durante los años recientes, pero siempre resultarían insuficientes ante el pasmoso follaje del delito entre nosotros. Simplemente, parodiando al senador Gonzalo Barrios -dirigente del ya corrompido partido Acción Democrática-, entre venezolanos y venezolanas no existen razones para no robar y no matar, extremos que se tocan, conviven y retroalimentan. De hecho, el presupuesto público se ha convertido en un vulgar botín, al tiempo que la codicia se ha entronizado en gran parte del ser venezolano. Por eso se roba y se mata, sin rubor, porque ladrones mafiosos ejercen, han ejercido y aspiran ejercer o volver a ejercer altos cargos públicos, y son “respetados”.

Al momento de correr la terrible noticia del asesinato de Soto, se pudo advertir que había actuado el sicariato. Alguien pagó para que le descargaran tan inusual cantidad de balas. ¿Por qué? ¿Qué motivó ese crimen y quiénes podrían estar detrás de los asesinos materiales?.

Sin tener la menor idea al respecto, indagué y recibí el primer golpe: “Puede ser un problema de la mafia del pasaje estudiantil…” ¿De qué? “Del pasaje estudiantil” Ya se sabe que el hoy occiso tenía un nivel de vida que no se correspondía con su condición estudiantil, lo que será –debe ser- aclarado por los investigadores de la Fiscalía , las policías y los tribunales de justicia.

Junto con el esclarecimiento del asesinato del joven Julio Soto, debe ser investigada y desmantelada la presunta mafia, cuyo epicentro estaría en la Universidad del Zulia e involucraría a un grupo grande estudiantes. Las autoridades rectorales y los docentes de LUZ, lo digo con todo respeto y toda la gravedad del caso, no pueden callar. Por el contrario, están obligados a nombrar una comisión especial de alto rango moral, para investigar todo ese supuesto entramado delictivo.

Estos golpes no hacen más que reafirmar la convicción de que nuestro país está demasiado mal, semi-podrido, enervado, casi indefenso. Cada día que pasa, veo las caras de los sucios responsables de este drama nacional con verdadera indignación. En esto no hay ni puede haber fronteras político-partidistas ni ganancias parciales, mezquinas.

El mejor homenaje que podemos rendir a la juventud venezolana, víctima de la inmoralidad y la delincuencia desatadas en Venezuela, es comenzar la lucha por el rescate moral de la República.

EL CONFESIONARIO

* LAS AUTORIDADES del Banco Industrial de Venezuela deben investigar qué pasa en la división de créditos, pues estarían ocurriendo presuntos casos de obstrucción administrativa para “martillar” a los clientes.

** MUY GRATA la sesión que tuve el viernes pasado con estudiantes de comunicación social de la Universidad Fermín Toro (Núcleo Portuguesa). Gracias a una invitación de la coordinación académica, expuse sobre “Los retos del periodista ante las barreras visibles e invisibles del poder”. Percibí mucho interés y buen grado de participación. Les deseo mucho éxito en el proceso de formación y en su futuro ejercicio profesional.

*** COMPARTO CON USTEDES tres párrafos de los expuesto en la UFT , en Araure: “Siempre tendremos en torno a nosotros, lo que podríamos llamar círculos concéntrico de los factores de poder, entendidos éstos como los grupos capaces de articular redes de fuerza para ejercer influencia determinante y dominar espacios o tendencias en la sociedad. Tradicionalmente son aceptados como tales los partidos políticos, la administración pública, las iglesias, las fuerzas armadas y las policías, los sectores económicos, sindicales y profesionales, grupos sociales y étnicos, los medios de comunicación social, las universidades y los especialistas generadores de conocimiento (ciencia y tecnología), etc. Permítanme agregar los “factores de poder” asociados a la delincuencia: las mafias de la corrupción administrativa, el narcotráfico, robo de vehículos, secuestros y extorsión, la corrupción policial y militar, etc. El ejercicio profesional del periodismo y la dinámica misma de la comunicación social están sometidos a la acción de los factores de poder legales e ilegales, cada vez más entremezclados hoy, en la sociedad venezolana y a nivel internacional.”

manuelisidro21@gmail.com

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