Hay muchísimos buhoneros en la calle, tantos que no dejan a la gente caminar. Las copias de discos compactos se venden libremente y para anunciarlos retumban equipos de sonido en las aceras. Hay profusión de cohetes y toda clase de fuegos pirotécnicos lanzados a diestra y siniestra. El aguardiente rueda sin medida y no pocos choferes y peatones cruzan las calles con riesgo para los demás. ¿Será que todo esto significa que llegó la navidad?
La Navidad es la celebración de la llegada del niño Dios a este mundo. Jesús, que con su prédica, con su ejemplo y con su sacrificio nos mostró un camino para convivir en paz, sin odios ni rencores, sin ofensas ni vejámenes, sin prepotencias y con humildad. Todo resumido con un consejo tan simple, pero que ha sido tan difícil de entender: la práctica del amor. El, en su forma humana sucumbió ante una horda de inconscientes que prefirieron otro camino, pero sigue allí, y seguirá por siempre, mostrándonos lo imperfecto que somos y lo perfectos que podemos llegar a ser aplicando su simple pero inconmensurable receta.
Son tiempos difíciles los que vivimos. Toda la gente anda nerviosa, preocupada por el presente y por el futuro. ¿Qué irá a pasar Dios mío?. ¿A dónde llegaremos con esa violencia y esas terribles marejadas de odio que incesantemente siembra el gobierno de este hombre que no cesa en su prédica guerrera y de división de la sociedad, y que a toda iniciativa de paz responde con insultos, alicates, fusiles y batazos?
Al Dios Todopoderoso le pedimos que a este señor le dé un poco de paz mental. Que le calme las resacas del alma para que no siga exteriorizándolas como feroces huracanes. Que pueda conciliar bien el sueño. Que olvide esos resentimientos malignos que le vienen de haber sido pobre y haber vendido las conservitas que hacía su abuela, eso lo hemos hecho muchos venezolanos y por eso no andamos amargados tratando ahora de matar a quienes nos compraban aquellas conservas o aquellas empanadas. Que le saque de la cabeza esa prepotencia según la cual, como en Sabaneta no tenía pistolitas para jugar a los vaqueros, como muchos otros niños las tenían, ahora vive restregándonos que tiene, no digo pistolitas, sino cañones, tanques, aviones de combate y demás enseres como si estuviera viviendo uno de esos dañinos juegos de Nintendo donde los protagonistas son seres fantasmagóricos y terribles que tienen como brazos misiles, como piernas cohetes atómicos, mirada de rayos láser, echan llamaradas por la boca, y hasta vuelan buscando a los enemigos para pulverizarlos.
¡Oh mi Señor Dios. Al sumarme a la alegría en la conmemoración de esa gran Revolución que para la humanidad significó, y aún significa, la encarnación humana del espíritu divino en la persona de tu primogénito que derramó su sangre por la redención de nuestros pecados y por la salvación del mundo, humildemente te ruego, junto a mi familia y a muchísimas otras personas que estoy seguro de interpretar, que nos concedas el milagro de darle a nuestro primer mandatario nacional un poco de racionalidad y sosiego en su alma, lo cual redundará en paz, tranquilidad y bienestar para la gran familia venezolana.
Finalmente invito a todos a formular oraciones en este sentido el 24 de diciembre, especialmente a las familias, porque el efecto de la oración es poderoso, y aunque algunos pocos no lo crean, es mas fuerte que todo ese remolino de insensateces que pasa por la mente de nuestro Presidente. ¡Feliz Navidad!
*Periodista