Sostuve que el fenómeno Chávez, frustrante legado ADECO-COPEYANO, nos deja dos enseñanzas: 1) Perdura un problema social insoslayable, tema que ya analizamos y 2) La sociedad civil no puede ser testigo de piedra de su infortunio.
Todo fenómeno tiene su causa. La llamada IV república, sea la dictadura de los cogollos de los partidos que dilapidaron más de 250.000 millones de dólares; su impune corrupción y pésima administración; el abandono, no sólo del pueblo, sino de las bases de sus partidos; su descaro al jactarse que “Acta mata voto” ante el único ejercicio democrático quinquenal del ciudadano pasivo: llevó al poder a Chávez, democráticamente, sin que éste gastara un céntimo en propaganda, quien, con su resentimiento social a ultranza, su incapacidad absoluta para gobernar y dialogar y, para colmo, su patología maníaco depresiva sintetizada en estas palabras: “Yo soy la Ley. Yo soy el Estado. No me sentaré en ninguna mesa de diálogo”, concentra ahora todo el poder, generando una mayor frustración cuyo origen es la desidia de un pueblo cómodo, permitidor, que se negó a ejercer sus derechos, a reclamar el respeto a su dignidad y a la Patria que Dios nos dió. Confieso mi ira hacia adecos, copeyanos, masistas y demás políticos oportunistas como también hacia aquellos pseudo empresarios, verdaderos delincuentes que se lucraron a costa del erario público, así como mi ira contra Chávez y “ad lateres” y contra mí mismo porque no fui lo suficientemente vehemente en el ejercicio de mis derechos. Quizás porque el clima es cálido y no necesitamos de casa ni abrigo para cobijarnos; quizás porque el petróleo suplió nuestra obligación tributaria; quizás por esa alegría típica del caribeño, legado hispano de fiesta y circo perennes; bien por esa bondad y confianza características de nuestro pueblo: nunca asumimos nuestro deber de votar “todos” en las urnas, de exigir responsabilidad a mandatarios corruptos y mal administradores. Permitimos nos trataran como borregos, nos llevaran a esta situación crítica, de irrespeto total de nuestros derechos y garantías constitucionales más elementales por lo que hoy enfrentamos el inicio del comunismo con las Leyes de Tierras y de Zonas Costeras cuyo art. 9 declara del “dominio público” la franja de 80 mts. aledaña a la costa por lo que los Registradores de Puerto La Cruz, Barcelona y Urbaneja están atentos a cualquier orden prohibiendo el registro de ventas e hipotecas de los inmuebles, casas de pescadores, apartamentos y hoteles, que han quedado confiscados sin indemnización ni expropiación previas.
Aunque le parezca inverosímil. Afortunadamente, el plebiscito del 10 D, unió a los venezolanos, ricos y pobres, inconscientes aún del comunismo naciente. ¿Podremos algún día liberarnos de estos políticos oportunistas y retrógrados y convivir en paz y en progreso? Depende de lo que todos nosotros, sin excepción, hagamos. Que Dios nos ilumine y nos dé fuerzas.