La cultura es propia del ser humano, la cual expresa a través de símbolos, de creatividad intelectual. La ha habido en todas las épocas, en todas las razas, en toda la geografía universal. Nace con la aparición del hombre, desde que descubre el fuego que le proporcionó la naturaleza a través del rayo y luego, inventó su producción mediante el roce de las piedras y éstas comienzan a ser utilizadas como instrumento cortante, filoso, de labranza, hasta el surgimiento de los metales: el cobre, el bronce, el hierro, materiales más consistentes y de mayor utilización.
Cada cultura está relacionada con la naturaleza, con el medio ambiente. Si las culturas peruanas, a la altura de las europeas y asiáticas de la época: la chavin, la paracas, la mochica, la chimú, igualmente la incaica - que dispusieron de grandes moles de piedra de sus alrededores, con las que construyeron a Machu Pichu – hubieran conocido el caballo y, quizás, el mastín, o la azteca los minerales duros, en lugar de la obsidiana, probablemente habrían perdurado y la historia de América sería otra. Conocieron la rueda, pero no la fuerza de tracción como la del buey, por las que no crearon un carro para la resistencia contra las guerras de exterminio españolas.
El hombre ha sido siempre un creador por eso se dice que fue hecho a imagen y semejanza de Dios, el gran Creador. Es el único inventor de los símbolos. Comenzó grabando la pintura rupestre en sus cuevas hasta dar origen a la escritura silábica, así como la fonética.
Los animales no crean símbolos, no inventan, actúan por reflejos, por constitución genética para la sobrevivencia. La laboriosidad y organización natural de las abejas son productos del instinto de conservación de la especie. Un gato tiene siempre los mismos gestos de otro gato, así nunca haya conocido a ningún otro. Actúa por los reflejos de la raza.
Sobre el inicio de la cultura se puede elucubrar, aunque sea jocosamente. Pienso que la política ha podido surgir con el fuego. Quien lo conservaba se constituiría en líder de la comunidad y desde entonces comenzó la disputa por el poder y con ella la política. El capitalismo, a lo mejor, comenzó con el vino, el hombre de las cavernas guardaría las frutas silvestres en cuencos o concavidades naturales que al fermentarse creó el licor. Probablemente una de las primeras mercancías de intercambio y del poder económico.
La política como la cultura son las que han hecho evolucionar las sociedades. Ambas deben ser concomitantes para poder desarrollar el espíritu del hombre, su bienestar, el arte, la organización social y los sistemas de gobierno, donde la democracia alcanza una escala sublime, siempre que esté en manos del pueblo y no de clases minoritarias.
En Venezuela la democracia, para esas minorías, no es un sistema de gobierno, sino una forma de mantener el poder y sus privilegios; es por ello que cuando lo pierden, las clases desplazadas se enloquecen, desvarían, pierden la compostura y la rabieta los llevan al ridículo.
También la incultura tiene sus símbolos y sus gestos. En las últimas elecciones la ruptura de las boletas de votación en las urnas, para ser televisadas, fue un acto grotesco, la respuesta de unos pocos políticos que al no ser oídos sus desplantes, optaron por reaccionar incivilmente, como esos niños maleducados, malcriados, groseros, que tiran al suelo su plato de sopa para demostrar su enojo ramplón y molestar a la madre.
¿ Puede uno imaginar en actitud similar al General De Gaulle, a Churchill, a Gaitán, a Andrés Eloy Blanco o a cualquier ciudadano políticamente decente?. A Aristide, el haitiano, posiblemente sí lo hubiera hecho y, probablemente, en Burundi.
Agrava el gesto la razón del mismo. Se trataba, nada mas y nada menos, que atacar un referéndum, una consulta popular – la máxima expresión de la democracia - sobre la reestructuración de una de las instituciones del sistema entre las mas corrompidas que ha carcomido la moral de las clases trabajadoras y de la sociedad venezolana: el sindicalismo pervertido. Se lucieron. Optaron por embarrar con una paparruchada la libre expresión del pensamiento alegoría y esencia de la democracia. Algo así, como esa protesta incivil contra una alcaldía regando la basura por las calles para solaz de los perros realengos.