La Opinión Pública como límite al poder del Estado democrático Nelson De Freitas
Lunes, 19 de marzo de 2001
Primero que todo, es necesario decir que, aquí se expondrán algunas ideas referentes a la Opinión Pública, y principalmente, los supuestos para que ésta exista y actúe, como límite a un Estado, particularmente en un régimen Democrático; la misma (la construcción teórica de una idea sobre este tipo de opinión) se realiza de una forma genérica (teórica), para que de esta forma los lectores se formen una opinión, personal, educada y consciente al respecto y sacar de esta manera sus propias conclusiones acerca de las relaciones con las realidades en los cuales se circunscriben cada uno.
Para comenzar, podemos decir, como una obvia apreciación, que no existe un concepto definido, absoluto y abarcativo acerca de lo que se entiende por Opinión Pública (como la mayoría de los conceptos en Ciencias Sociales), es por ello que, se optará por exponer un conjunto de características de la misma, sin las cuales la noción perdería sentido, aquello que intuitivamente le es constitutivo y sin lo cual entenderíamos cualquier otra cosa, para luego dar una definición que intente abarcar estas características.
Así, siguiendo las ideas de Bobbio (1986) y de Sartori (1994), exponemos las siguientes notas características que debe poseer una Opinión Pública:
Es un concepto político; por el mismo origen del término, la cual data de la Revolución Francesa como movimiento que impuso, principalmente, nuevas estructuras e instituciones en el ámbito de lo público.
Es una opinión generalizada, difusa entre un público amplio, es decir, debe haber una expansión de la doxa en un público, como lo expresa Sartori.
Es un público de ciudadanos , “ (...) que tiene opinión sobre la gestión de los asuntos públicos y, por lo tanto, sobre los asuntos de la ciudad política (...) un público interesado en la “cosa pública”. (Sartori, 1994; 56)
Como consecuencia de lo anterior, la Opinión Pública, pretende discutir y criticar los actos del poder público.
Esta opinión interactúa con flujos de información, y por ende, ésta suele expresarse a través de una multiplicidad de medios de información y comunicación (contemporáneamente, medios de comunicación de masas), así como mecanismos procedimentales democráticos (sufragio, referéndum, encuestas, mesas de diálogo, grupos de opinión, etc.)
La opinión Pública es considerada como una esfera distinta e independiente a la del gobierno, lo que posibilita la discusión de los asuntos del mismo.
Las anteriores características no agotan el caudal de posibles significados sobre la noción de Opinión Pública, sin embargo, aquí se ha colocado aquellas, que a consideración propia, son las más evidentes e importantes en la discusión con los autores mencionados. Teniendo esto en cuenta, podemos llegar así, a una definición de Opinión Pública:
La Opinión Pública es la representación del estado en el cual se encuentra la relación Gobierno (Estado) y Sociedad (ciudadanos); es decir, expresa el grado de consenso y/o, principalmente, de disenso que existe en una sociedad sobre asuntos del gobierno (públicos, res publica), existiendo entre éstos un flujo de información, necesaria, para la discusión.
Es de notar que, en esta definición de Opinión Pública la misma encierra un conjunto de elementos que es necesario precisar antes de entrar al estudio de sus relaciones en una Democracia, estos puntos, se pueden englobar en dos categorías teóricas generales, uno, del “significado político” y el otro el “significado histórico y específico del término”:
Significado histórico y específico del término. Siguiendo las ideas expuestas por Sartori (1994, 56-57) se le ha acuñado al término de “Opinión” (doxa) ya que la misma no es la expresión de un proceso de pensamiento especializado (o episteme), pero tampoco es el resultado del puro despliegue de la voluntad humana, es solo doxa. Esta búsqueda del significado del término provino de las ideas de Platón ( el cual es un aristócrata), al querer decir que la Democracia es una forma de gobierno de opinión, en el que el pueblo se caracteriza por un no – saber y por ello es necesario un rey – filósofo con episteme.
El término se remonta a los decenios precedentes de la Revolución Francesa, o sea, estando en el contexto de la Ilustración, sus representantes, los iluministas buscaban que el público en general se formaran una opinión de acuerdo a los nuevos tiempos, una opinión general sobre la razón, del mismo modo “ (...) la Revolución Francesa preparaba una democracia en grande (...) que a su vez presuponía y generaba un público que manifiesta opiniones.” (Sartori, 1994, 56)
Significado Político. Este apartado es particularmente importante ya que incorpora otro concepto, más instrumental, menos abstracto y sustancial que la expresada anteriormente, y es con referencia al punto que maneja el profesor Ángel Álvarez ; éste dice que la Opinión Pública es la expresión de los medios de comunicación, que al final son el reflejo de lo que el periodista, el profesional mass - mediático, encuentra atractivo en el acontecer público nacional, es la “política del espectáculo”. En éste se aplica la Teoría de la Agenda, es decir, se busca aquellas informaciones “espectaculares”, que despiertan un interés público y que se debe expresar en una agenda para discutir y debatir.
Considero esta concepción muy simplista, ya que si bien es cierto que, la Opinión Pública encuentra sus canales de expresión por medio de los medios de comunicación, esto no nos puede conllevar a afirmar que esta Opinión es igual a los medios, o más particularmente a los periodistas, ya que los representantes de los medios tienen un fin último de tipo comercial, buscan aquellas noticias que llamen la atención para aumentar la demanda del medio donde trabajan, sin que esta noticia sea necesariamente importante, desde el punto de vista público nacional. Es por ello que la Opinión Pública son las expresiones de los ciudadanos en cuanto a un interés común nacional, articulado por los medios de comunicación.
En este mismo apartado, del Significado Político, podemos encontrar otro punto esencial que está subsumido en el término trabajado, y es el relacionado con el concepto de legitimidad , es decir, según lo entendido en Sartori (1994) y en Bobbio (1986), las autoridades públicas al emitir sus decisiones obligatorias a la sociedad, o al realizar alguna actuación dentro del área pública nacional, no van a encontrar resistencias, en el sentido de conflictos, ya que estas decisiones y acciones son aceptadas por los ciudadanos, que reflejan el resultado de la expresión de su Opinión Pública, ha habido una relación directa entre la Opinión y las decisiones gubernamentales, siendo legítimo este gobierno, sin la necesidad de que sea democrático.
Sin embargo, aun nos falta un punto importante antes de entrar al análisis de la Opinión Pública en una Democracia, y éste es el referido con la formación de la Opinión, es decir, ¿cómo se forma la Opinión Pública?:
Para ello, encontramos la respuesta en la obra de Sartori (1994) por medio de tres modalidades de formación de la Opinión sobre la cosa pública, éstas son:
a) Cuando la Opinión Pública es formada sobre los asuntos de política exterior, encontramos el “modelo de cascada” de Karl Deutsch; en éste, según Sartori (1994, 60-62), la Opinión Pública se forma desde arriba, como el chorro de la cascada, cuyos niveles son:
- Las ideas de las élites económicas y sociales
- Discusión de ideas de las élites políticas y de gobierno
- La red de comunicación masiva acompañada por el personal encargado de difundir las informaciones
- Los líderes locales que se interesan en la política
- Y, el Pueblo
b) Para complementar el modelo anterior está el de “bubbling – up” (ebullición que sube), en el cual la formación de la Opinión Pública se forma ascendentemente, desde abajo, ya que es el referido a asuntos y problemas que afectan directamente al Pueblo, a la gente, al hombre (y luego al ciudadano).
c) Y, las “Identificaciones”, entendida ésta como el proceso por el cual la opinión de un individuo va a depender de su relación con grupos de referencia, como la familia, grupos de amigos, de trabajo, etc. “ El yo es un yo de grupo que se integra en los grupos y con los grupos que son los que instituyen sus puntos de referencia.” (Sartori, 1994, 63).
Finalmente, podemos empezar con el análisis de la Opinión Pública en las sociedades democráticas, y, aun cuando con las características y elementos expresados anteriormente se pueden inferir muchas relaciones con la Democracia, en estos momentos nos interesan solo dos aspectos de la misma, la una, referida a la necesidad de la “vigilancia continua” en una democracia, y la otra, relacionada con las condiciones democráticas para la Opinión Pública y algunas consecuencias indeseables, a mi parecer, de ciertos supuestos que se pueden implantar (o se intentan dar) en una sociedad democrática.
Supuestos de la Opinión Pública en una Democracia
Podemos afirmar, tenazmente, que la Opinión pública, hasta aquí trabajada, solo se puede dar en una Democracia, debido a los presupuestos que la componen, es decir, para que exista una Opinión Pública que verdaderamente refleje el estado consensual o de disenso de la ciudadanía, es necesario la existencia normativa de una serie de libertades para el hombre. Algunas de éstas son: la Libertad de Pensamiento y de Expresión, para que exista diferentes opiniones es necesario el principio fundamental de la no intromisión exterior que coarte mis pensamientos y mis querencias de expresarlos, por medio de la implantación jurídica de la Libertad del Pensamiento y la consiguiente Libertad de Expresión; otro derecho que presupone la idea que estamos manejando es el referido a la Libertad de organización, específicamente de la organización de la comunicación, este principio es fundamental, pues es la forma de expresión de la Opinión pública en las sociedades democráticas; Sartori llega aquí a un punto relevante, ya que, en una sociedad democrática debe existir una estructura de los medios de comunicación que sea plural, que refleje distintos centros de opinión, distintas posibles verdades que correspondan a la diversidad de doxas de los ciudadanos, pero, en un régimen autocrático, autoritario, existen estructuras monocéntricas de comunicación, es decir, que, según mi opinión, de acuerdo a los conceptos aquí manejados, no existe Opinión Pública en un régimen autocrático, solo existe Opinión Personalista; en el cual los ciudadanos no pueden expresarse libremente porque las libertades básicas para la existencia de una dinámica Opinión pública no existen, y por ello solo se observa la opinión del personalista.
¿Vigilancia continua para la Democracia?
“ (...) aquel que manda es más terrible en cuanto
está más escondido (...) aquel quien debe
obedecer es más dócil en cuanto es más escrutable
y visto en cualquier gesto, acto o palabra.”
(Bobbio, 1986, 110)
Las ideas encerradas en la anterior cita, sobre una interpretación del Panopticón de Bentham, expresa el punto central con relación a la Opinión pública en una Democracia; es decir, aun cuando Bobbio expresa que la idea del Panopticón, la cual es la idea, desde el punto de vista del súbdito (o ciudadano), de la permanente vigilancia por una autoridad, es la característica de las relaciones asimétricas de poder en los regímenes autocráticos, y no, en las relaciones simétricas de los democráticos (en el sentido iusnaturalista del Contrato Social) se puede trasladar esta idea y complementarla a los regímenes democráticos de la siguiente manera :
Si, se puede entender a la Democracia como el gobierno del poder público en público , como nos lo muestra Bobbio (1986, 97), representándonos las imágenes de la Democracia de los antiguos, entonces, es necesario aclarar que:
“(...) Todas las actividades de los gobernantes deben ser conocidas por el pueblo soberano, excepto alguna medida de seguridad pública (cursivas mías), que se le debe hacer de su conocimiento en cuanto el peligro haya pasado” (Bobbio, 1986, 97)
Es decir, en una sociedad democrática debe existir un poder oculto, un secreto necesario para la salud pública justificado por su relación con la temporalidad, semejante a la idea de Dictadura romana, o comisarial, por el cual, se toman medidas excepcionales, por medio de la concentración del poder, en razón de un cierto tiempo.
En este sentido, podemos decir que, el Estado Democrático nació del Estado Absolutista, el cual se caracterizaba por la no-obligación del Rey de revelar a los destinatarios de las órdenes el secreto de sus decisiones, en el que el secreto no es la excepción (como en los regímenes democráticos), sino la regla; este principio, como nos lo señala Cárdenas (1999, 48-49), tuvo tal arraigo en el funcionamiento del sector público que resistió los cambios introducidos por los principios de las revoluciones liberales, aun a pesar de ser abiertamente contrarios a éstos, es decir “ (...) el secreto es una de las constantes que caracterizan, a través del tiempo, la acción administrativa” (Cárdenas, 1999, 49). Tal es así, que:
“ Con la llegada de la democracia el principio del secreto tampoco desapareció. Esto encuentra su explicación en el hecho de que el proceso democrático no se desarrolla necesariamente en forma global, ya que una democracia política no siempre conlleva a una democracia administrativa, económica o social.” (Ibidem., p. 51)
Con todo lo anterior se quiere decir que en las Democracias aun existen espacios ocultos o secretos, unos justificados temporalmente y en beneficio público, pero otros no necesariamente justificados de la misma forma, sino que son resultados de las inercias históricas del secreto absolutista en el poder público, para ello, nos dice Bobbio (1986, 97) y Cárdenas (1999, 52-53), en una sociedad democrática es necesario imponer la regla de la “publicidad” y la “transparencia”; el primero, como categoría iluminista, según el cual, se debe batallar las sombras, los secretos del poder, por medio de su iluminación, es decir, es necesario la publicidad de las deliberaciones y las decisiones (visibilidad, cognoscibilidad, accesibilidad) para que la Opinión Pública pueda debatir y criticar, de esta manera, los actos y decisiones del gobierno; pero también es necesario la “transparencia” de la administración pública, como un término, nos dice Cárdenas (1999, 51), que viene a complementar la idea de publicidad de la administración ya que es un movimiento de apertura hacia el exterior, representado con la imagen de la casa de cristal que se pretende convertir al gobierno.
Finalmente, para completar la idea iniciada en la cita del Panopticón de Bentham, podemos decir que, con las ideas de Publicidad y Transparencia se pretende, en una sociedad democrática, que los individuos, particularmente, los ciudadanos, ejerzan el rol de la autoridad (el vigilante) del Panopticón, en el sentido de que por medio de estos dos principios la Opinión Pública pueda ver todas las actuaciones del poder público para criticarlos y debatirlos, y sentar así, la idea e imagen según el cual, se pueda ejercer la permanente vigilancia por parte de la Opinión Pública al Estado (como límite a él); y por ende, el correspondiente comportamiento controlado del poder público aún sin la necesidad de la existencia de un activismo de la Opinión pública (que correspondería a la imagen de los prisioneros que actúan, de una forma controlada, creyendo la permanente vigilancia del vigilante) .
Como conclusión, puedo afirmar que, para que exista la Opinión Pública es necesario una serie de libertades fundamentales, libertades que caracterizan a la Democracia, es por ello que solo en ésta, existe una Opinión Pública, que dependerá en su forma y contenido del grado de conciencia ciudadana de los miembros de la sociedad, es decir, este tema esta estrechamente vinculado con el de la Sociedad Civil; es decir, son los individuos que conforman la Sociedad civil los que manejan cualquier límite al poder del Estado en una sociedad, aparentemente democrática.
Si en un Estado con régimen democrático se concentra y monopoliza los medios de comunicación, esto es producto de problemas en la Opinión Pública, donde la falta de activismo ciudadano y la no-implantación de la Publicidad y la Transparencia como regla general y eficaz para el cabal funcionamiento de la Opinión pública, puede conllevar a este Estado, que en apariencia es democrático, a uno monopolizador de los medios y de las opiniones, surgiendo así la imagen de un Estado autoritario; pero cuyo surgimiento no es culpa o producto, directo, del mismo sector público, sino de la sociedad, y de los ciudadanos miembros de ella, que permiten tal arbitrio de poder; esto es entonces, no un Estado autoritario, ya que por naturaleza todo Estado tiende a la concentración del poder, sino en una sociedad cuyos miembros toleran las decisiones autoritarias, una socioedad de hombres, mas no de ciudadanos.
Teniendo claro este intento de construcción teórica acerca de lo que se entiende por Opinión Pública, podemos entonces, formar nuestras relaciones con la praxis de nuestras sociedades.
Bibliografía
· BOBBIO, Norberto (1986): El futuro de la Democracia. Fondo de cultura económica, México. Cap.2
· CÁRDENAS P. Orlando (1999): “La administración, entre luces y sombras”. En: Revista de Derecho Administrativo. N- 5 enero-abril. Editorial Sherwood, Caracas
· SARTORI, Giovanni (1994): ¿Qué es la Democracia? Altamir ediciones, Bogotá, cap.5