|
|
|
|
|
Sección: Política
ENVIAR A UN AMIGO | ENVIAR AL DIRECTOR | ENVIAR AL EDITOR
El olfato del comandanteAntonio Sánchez GarcíaDomingo, 23 de septiembre de 2001
Uno de esos virus estacionales parece haberse anclado en las vías respiratorias del primer magistrado. Lo cierto es que según todos los indicios, Chávez ha perdido el olfato. Y eso que él se jactó –y lo demostró con feroces triunfos electorales- de tener uno de los más afinados y sutiles olfatos del país. Tanto, que supo convertir ese apéndice nasal en la única brújula nacional: guiado por su olfato político una manga de zarrapastrosos, sin otros atributos que su marginalidad y una desaforada ambición, coparon todos los curules y escritorios de la administración pública. Hoy se aferran a los restos de olfato del comandante con no disimulada desesperación. Perdido el olfato del único atributo de esta Quinta República les espera el ominoso regreso al anonimato del que nada más ayer salieron. Y con el anonimato, algo muchísimo más terrible: la cesantía. ¿Dónde irán a parar William Lara, el comandante Dávila y el diputado Carreño cuando su Moisés vuelva a las desérticas arenas de las que saliera con un golpe de osadía? Veamos: el país entero, desde La Charneca hasta el Alto Hatillo – en todos cuyos rincones arrasara el olfato del comandante en diciembre del 98 – repudió sin atenuantes la felonía del terrorismo integrista contra las Torres Gemelas y el Pentágono. El secuestro y asesinato de tripulaciones enteras y la ilimitada crueldad de lanzar esos insólitos misiles contra inermes ciudadanos de todas las nacionalidades –incluidos algunos venezolanos- causó no sólo indignación y rechazo entre todos los potenciales electores del chavismo. Los volvió iracundos. Y todos ellos, cual más cual menos, esperaron la inmediata y airada protesta de nuestro gobierno contra esa y cualquier otra forma de terrorismo. ¿Qué mejor ocasión para cuatro o cinco horas de cadena con audición y arrobo total recordándonos el sacrosanto respeto a los derechos humanos y volviendo a parafrasear una vez más la consigna de guerra total de nuestro padre nacional, esta vez contra las tinieblas y maldades del terrorismo? Pero Chávez no asomó su apéndice nasal por los lados del balcón del pueblo. No quiso aspirar los aires de los sentimientos y deseos del soberano. Prefirió taparse la nariz con su banda tricolor y esperar la señal de su caribeño talibán. Así, cuando todos esperaban un genial acto de independencia política, de reivindicación de soberanía, de defensa de la democracia participativa, de solidaridad con los vilmente asesinados y de rechazo visceral a la cobardía de estos asesinos de la Yihad, se saca el comandante un flycito que da grima. En lugar de seguir su olfato y su instinto, se marea sopesando las consecuencias de una condena al terrorismo islámico entre sus aliados iraquíes, recordó su té de menta con Gaddafi y seguramente sacó de alguna gaveta de su mesita de noche algún tierno mensaje de Carlos el Chacal. ¿Cómo un ganador nato como el joven coronel sabanero se apunta al bando de los irremediablemente perdedores? ¿Cómo un hombre que juró conocer hasta la médula los sentimientos de su pueblo, le vuelve la espalda al soberano y prefiere seguir los consejos del filo terrorismo de su entorno? ¿Por qué prefiere nipleros, tomistas del entorno y exaltados del antiimperialismo militante a los sencillos sentimientos del bravo pueblo? Hubiera bastado con devolver al terrorista Ballestas al pueblo colombiano y Chávez hubiera vuelto al 80% de respaldo. Pero no se enteró: ¿habrá perdido definitivamente el olfato? |
|
|
| ||||||||||||||||||||
|
Copyright © 1996 - 2011 por
Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos. Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado
de fuentes externas. |