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Sección: Política
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Del capricho al absurdo como políticas de estadoAlexei Guerra SotilloMiércoles, 10 de marzo de 2010
Puede uno preguntarse si el ciudadano Presidente de la República, al despertarse cada mañana, y luego del cafecito respectivo y algún desayuno criollo si es el caso, hace una lista de acciones para ir eliminando poco a poco, al sector empresarial en Venezuela. O si se asomara a algún balcón, mirara el alba, las nubes, y en función de un arrebato de su humor matutino, decidirá su agenda del día: Hoy expropiaré a fulano. Al mediodía amenazaré con meter preso a mengano. En la tarde lanzaré granadas verbales contra el capitalismo salvaje y la crisis mundial. De repente en la merienda, si no estoy muy atareado culparé a tal sector de especulador, y si no hace calor, al final de la tarde, me lanzo con una o dos expropiacioncitas. Puro heroísmo revolucionario. Y es que si en algún aspecto ha mejorado notablemente la actual gestión, es en su eficiencia destructora. No se trata ya de apretar el torniquete de las divisas de CADIVI a todo el aparato productivo que depende de las importaciones; o de atacar por acción, omisión, o ignorancia (es frecuente una conjunción de las tres) a la empresa privada, y a todo aquello que simbolice una iniciativa particular, privada, personal, o familiar, con relativo éxito en cualquier sector o área de acción. Ya ha quedado suficientemente claro. No faltará algún ingenuo que desmienta el asunto, o traduzca benévolamente tal o cual palabra, o tal o cual agresión, afincándose en aquello de que “lo que pasa es que el Comandante –Presidente es muy folclórico para decir las cosas”. La empresa privada en nuestro país, está próxima a desaparecer, tal cual la hemos conocido hasta hoy. Ya no es exageración. Así lo indica todo el aparataje normativo aprobado en los últimos años, más allá de su ilegitimidad, y de su mayoritario rechazo electoral. Así lo revelan los mecanismos diversos de presión y amedrentamiento, empleados por entes como el SENIAT, INDEPABIS, Ministerios del sector agrícola, industrial y productivo. Así lo reflejan, los índices que miden el grado de libertad económica, competitividad, ambiente de negocios, y garantías a la inversión, que elaboran diversos y reconocidos organismos académicos, multilaterales y no gubernamentales, y que nos ubican en los últimos puestos, compartiendo ubicaciones con Cuba y naciones africanas. Y si, así lo revela la fuerza bruta contundente de las expropiaciones, estatizaciones, “visitas”, tomas y compras forzadas de empresas por parte del Ejecutivo Nacional. A nuestra ciudad le tocó, recientemente probar, un poco de esa medicina roja, jarabe de trago grueso y carrasposo hecho a base de delirio comunista, bioquímica marxistoide y mucho, pero mucho efluvio a base de capricho. La “mudanza” decretada de los galpones de la empresa Polar, y de un conjunto de empresas e industrias de la zona industrial de Barquisimeto, producto del absurdo e insólito capricho del señor Presidente y de su obsesión expropiatoria y delirio anticapitalista, es una muestra de radicalización manifiesta que en lo económico, pretende eliminar de raíz el modelo empresarial, jurídico, e institucional que ha prevalecido en el país durante al menos el último siglo, para reemplazarlo por una variante del capitalismo rentístico petrolero, con rasgos de Estado Comunal y de Hegemonía absoluta sobre la actividad de particulares y privados. Mientras es ya una tesis harto probada y verificada en el mundo, esto es, el fracaso de modelo de economías comunistas de planificación centralizada y prohibición de propiedad privada y control Estatal de todos los medios de producción, para generar riqueza, crecimiento, empleo, desarrollo, y calidad de vida, aquí, la revolución jurásica se empeña en recrearla y ponerla en práctica, a costa de la salud económica, social y moral de la nación. Ubicados en nuestra realidad local, es más triste, patético y lamentable, el irrespeto y desprecio a la autonomía municipal, a su planificación urbanística, a su historia, a sus empresas y a su gente, evidenciados en la temerosa complicidad de todas las autoridades e instancias municipales, al aprobar semejante absurdo e insensatez presidencial. Solo el gobernador Falcón, gremios empresariales, y los sectores de la sociedad civil, han dejado constancia de su rechazo a esta medida. Es esa medida, decida con el sutil argumento del caudillismo más bananero y tropical, y secundado sin más por todos los adláteres encamburados, es una triste evidencia del retroceso y del deterioro del tejido social, económico e institucional de nuestro país, en el cual el capricho, el delirio y el absurdo han devenido verdaderas políticas de Estado, y de aniquilación de todo lo productivo, rentable y privado. Sólo el tiempo dirá, cuales serán las consecuencias de esta decisión, a tono con la recentralización intolerante que preside el país, y el avance o retroceso, de estas caprichosas mudanzas, y de todo el absurdo que las impulsa y justifica. |
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