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Política - Opinión y análisis
Chávez: Democracia o Revolución
Sadio Garavini di Turno
Jueves, 13 de diciembre de 2001
En la historia ha habido dos tipos de revoluciones, las radicales o ” terribles”, como las denomina Angel B. Viso en su último libro, y las revoluciones moderadas o limitadas. Ejemplos de estas últimas son la “gloriosa “ revolución británica de 1688 y la revolución norteamericana. Las revoluciones francesa, rusa y cubana son paradigmas de las primeras. En realidad, es posible concebir a las dos revoluciones anglosajonas como momentos fundamentales de un largo proceso evolutivo, que desde la “Magna Charta” y a través de una serie de reformas sucesivas fueron construyendo, primero, un sólido Estado de derecho, que limitó progresivamente el poder y la arbitrariedad del ejecutivo y que, posteriormente, fue aumentando la participación política de los ciudadanos, a través de la ampliación progresiva del derecho al sufragio. Las revoluciones-evoluciones anglosajonas han producido dos de los más relevantes éxitos socioeconómicos y políticos de la historia de la humanidad. Las revoluciones radicales son procesos que tienen como objetivo la sustitución violenta de las autoridades políticas, con el objetivo de cambiar profunda y rápidamente las relaciones de poder político, económico y social. Dejando de lado las “buenas intenciones” de los que las iniciaron, los resultados de las revoluciones radicales en Rusia y en Cuba han terminado en dos de los más estruendosos fracasos históricos. La revolución francesa, después del Terror jacobino y la corrupción del Directorio, concluyó en la tiranía de Napoleón, verdadero “némesis” de los ideales de la revolución. En su megalomanía, Bonaparte no se percató que ahogó el internacionalismo revolucionario en imperialismo francés, la democracia en despotismo y la igualdad republicana en la ridícula y, en gran medida, nepotista aristocracia napoleónica. La actual democracia francesa es básicamente hija de ese largo proceso evolutivo, que va desde la monarquía burguesa de Luis Felipe hasta la V República, incluyendo el retroceso despótico del II Imperio. En la historia de verdad, la violencia revolucionaria nunca ha sido la gloriosa “ partera de la Historia” , sino la escuálida comadrona de sanguinarios fracasos. La democracia es lo opuesto de la revolución radical. La democracia sólo se adapta a la reforma gradual y rechaza el cambio total y violento.
La democracia no puede subsistir sin el diálogo y la tolerancia, entre los grupos sociales y políticos. En la lucha política democrática no hay enemigos a vencer, sino adversarios con intereses diferentes, pero legítimos, que no pueden ser excluidos totalmente del proceso de decisión política. La negociación, entendida como un proceso de decisión interdependiente, basada en el control recíproco, es uno de los principales instrumentos de la vida democrática. Chávez parece no entender que democracia y revolución radical no son compatibles y que el tiempo para hacer “su” revolución ya pasó. Sin una improbable rectificación democrática, vienen tiempos de ruptura.
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