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Política - Opinión y análisis
Y cuando pierde, arrebata

Santiago Ochoa Antich

Martes, 18 de diciembre de 2001

-El paro del 10 de diciembre constituyó una contundente respuesta de la sociedad democrática. -expresó el empresario Alfredo Kellerhof-.

-Pues te diré, amigo Alfredo, que tan claro no estuvo. -le respondió Tulio Ayestarán-. Primero, fue un lunes y tú sabes bien que a todos los venezolanos les gustan los fines de semana largos. Aquí se hace puente cada vez que se puede.

-Pero nadie puede dudar que todo el mundo se quedó en casa. Las calles estuvieron solitarias.

-Eso es cierto. Se pararon los que nunca se paran, los que todavía están empleados o mantienen el espíritu emprendedor, pero también es cierto que los que nunca se paran porque no se mueven del chinchorro y buscan afanosamente la botella de aguardiente; esos que cuando les dan ganas de pararse, se sientan y esperan a que se les pasen, esos que constituyen la gran mayoría del MVR, esos se quedaron echados.

-O sea que tú, Tulio, eres escéptico.

-Escéptico, no. No me dejo engañar por un falso optimismo. Chávez todavía goza del favor de la mayor minoría. Su popularidad ha caído, pero no a los niveles que señalan las encuestas. Ahora, hay tres cosas que le deben haber molestado mucho. Primero, que los buhoneros no le hayan hecho caso y no hayan salido a vender desde temprano. Segundo, que la concentración de campesinos haya sido tan escuálida, teniendo ellos los recursos del Estado. Veinte o treinta mil personas en la Plaza Caracas, en una ciudad de 5 millones de habitantes, no se notan. Quizás recordaría que en la campaña electoral de Lusinchi, los adecos, entonces oposición, lograron reunir en la avenida Bolívar ochenta mil simpatizantes. Pero lo máximo fue el cacerolazo.

Coraje y mucho

Ayestarán hizo una pausa. Por la ventana del Café podíamos observar la base aérea, escena de los acontecimientos. El historiador continuó:

-Esos vecinos de La Floresta y sus alrededores le dijeron algo que difícilmente va a olvidar. Aquí en Venezuela la gente no se amilana, porque pasen unos Migs haciendo un ruidajón. Por el contrario, les molesta y se arrechan. El cacerolazo, aunado a las cornetas de los vehículos, fue ensordecedor. Tanto, que los asistentes a la ceremonia dejaron de escucharlo. Fue, entonces, cuando la rabia lo llevó a hablar del alicate y de las tuercas. Se lo vio, acorralado. Ya nos lo había dicho Santiago, a Chávez lo derrota la economía. Y ahora, con estas 49 leyes promulgadas entre gallos y medianoche, el enfrentamiento con los sectores económicos se ha acentuado. Son ellos los que llevan la batuta en esta contienda.

Dos visiones

-En Venezuela hoy día, en la práctica, hay sólo dos partidos políticos importantes. - dijo el almirante Gustavo Tellería-. Del lado del oficialismo, la Fuerza Armada. Y del lado de la oposición, el Frente Institucional Militar. La política, pues, se ha militarizado. No la economía. Eso que llaman el Proceso se venía cocinando en la Fuerza Armada desde hacía tiempo. En la Institución, hay tres sectores no muy claramente definidos. Unos son de derecha fascistoide; otros, de izquierda socialistoide; y unos terceros, institucionales. Si bien estos últimos pueden formar una mayoría. son los otros los que dirigen. Los institucionales no se meten en nada; se contentan con realizar su trabajo rutinario, al igual que ocurre en todos los demás sectores de la sociedad. Hoy los fascistoides y los socialistoides se han dado la mano en un Proceso anacrónico, que nos conducirá, sin duda a una mayor pobreza. Ese Proceso fue concebido para aplicarse a través de la ley, sin represión, respetando los derechos humanos, porque indudablemente el 27F tuvo su impacto en la oficialidad más joven. Además se dieron cuenta que dejar hablar o escribir sirve de entretenimiento a la oposición, la cual así no conspira y se evita, entonces, la represión. Esa libertad no cuenta, no hace mella, porque a los gobernantes les resbala. Ellos siguen adelante con el Proceso. Ahora bien, aquí en Venezuela, durante la democracia y también en el perezjimenismo, se conformó un sector tanto de empresarios como de pueblo que se acostumbró a vivir del Estado. Poco a poco, sin embargo, se fue construyendo un grupo enteramente distinto de empresarios y de profesionales que fueron sumándose a las corrientes más modernas en materia económica. Comenzaron a pensar que el Estado sólo no podía conjurar la crisis; que se requería de un sistema de libre mercado. Pero este grupo se transformó también en un apéndice de las transnacionales, con lo cual su proyecto de país podría llevarnos a una nueva colonización. Eso está implícito en los tratados de libre comercio y en la globalización. Los chavistas se oponen a esa visión. El Proceso es nacionalista. Lo que pretende es darle nuevas reglas de repartición a la riqueza del Estado. Los que quieran seguir chupando, tienen que aceptar esas nuevas reglas de juego, esas nuevas leyes.

-Sí. -repuso Tomás Ibarra-. La euforia del 10-D terminará por disiparse con las Navidades y el Año Nuevo, a menos que surja un imprevisto como sucedió con Pérez Jiménez. Aunque el colega Brewer sostenga la inconstitucionalidad del paquete habilitante, estoy casi seguro de que el TSJ cumplirá su cometido. Quizás para mantener las formas, se haga algo con algún artículo de la ley menos importante. Pero la de Tierras, por ejemplo, va, sin enmiendas.

Luego de una pausa, el catedrático de Derecho continuó:

-Pero si, por ejemplo, la huelga general de la CTV resulta exitosa, el espíritu de lucha, de confrontación, de la sociedad democrática se mantendrá en el tiempo y si la huelga se repitiera y se hiciera indefinida, con la complicidad del empresariado, entonces, los días de Chávez estarían contados. No debemos olvidar que la nueva Carta Democrática de las Américas proscribe cualquier tentativa de autogolpe y que eso sería castigado inmediatamente con la ruptura de relaciones y un embargo. Y declarar el Estado de excepción, sin motivos justificados, se calificaría como autogolpe.

El totalitarismo

-Y las huelgas, bien sea por sectores o general, -expresó Beatriz Morrison- van a estar a la orden del día el año que viene. Porque los precios del petróleo conducen inevitablemente a un déficit fiscal de por lo menos diez puntos del PIB y eso significará aumento del tipo de cambio, incremento de la inflación y la imposibilidad de Chávez de mantener sus promesas. Su popularidad se irá a pique. Estas leyes no harán otra cosa que ahuyentar la inversión, quiéralo o no. La desconfianza obligará a que nadie, ni el más valiente, invierta.

-Así es. -expresé yo-. Un Proceso revolucionario, tiene su propia dinámica. Se radicaliza. Porque, los revolucionarios son como Jalisco. Para ejemplo basta el lo ocurrido con Carlos Ortega en la CTV y ahora con Mujica y Pucchi en el MAS. Ser democrático implica reconocer la derrota. Ellos no lo son. Pretenden establecer un sistema totalitario a través de la ley. Tendrán que meter preso a medio mundo. Pero yo que conozco el almendrón, puedo decirle que no funcionará. La gran mayoría de los oficiales se siente parte de una sociedad democrática. Valoran muy bien sus ventajas, porque en fin de cuentas, tarde o temprano, se retiran y pasan a formar filas entre los civiles y les gusta sentirse respetados por la gran mayoría de sus conciudadanos y no despreciados como ha ocurrido en el Cono Sur. Yo no soy optimista. Por este camino nos seguiremos empobreciendo. Tienen razón en llamarse bolivarianos, porque vamos por el mismo camino de Bolivia. ¿Qué les quedó de la plata del Potosí o del estaño?

El almirante interrumpió mis disquisiciones. Mirando el reloj, dijo:

-Tengo que irme. Será hasta el año que viene. Que tengan una feliz Navidad y que el 2002 nos depare lo mejor.

Nota: eso mismo les deseo a mis lectores y a quienes hacen posible esta revista.

E-mail:smochoa@telcel.net.ve
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