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Sección: Política
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Columna Aquí y ahora
La semana del elefante
Freddy Lepage
Martes, 9 de junio de 2009
La prepotencia y la arrogancia desde el poder, conducen inexorablemente a la arbitrariedad, al despotismo, al fracaso. Por eso Chávez, en los últimos días no las ha tenido todas consigo. Parece que no da pie con bola. Sus repetidas cómicas causan pena ajena, mientras el país nacional se siente acorralado por los reiterados zarpazos contra lo poco que queda de democracia. La perplejidad de la gente crece a medida que se multiplican los atropellos de quien se supone dueño y señor de la voluntad de los venezolanos. Al propio tiempo, la feroz arremetida contra la propiedad privada y contra los medios de comunicación (en general), y contra Globovision (en particular), causan profunda consternación y amplio rechazo en la comunidad internacional. Cada día son más las referencias a Chávez como un militar autoritario antidemocrático.
Desde que consiguió la aprobación de la reelección presidencial indefinida, su conducta se tornó más autocrática. Seguramente, ante la inminencia de la crisis huye hacia delante. Pero, como todo en la vida, las cosas no siempre resultan como uno quiere. El comandante en jefe de la revolución bolivariana esta pedaleando desde hace rato.
Posteriormente a su visita a los Kirchner, en Argentina, todo le sale mal. Su viaje “turístico” a El Calafate, para entretenerse con los famosos glaciares de la Patagonia, resultó un maleficio. Se empavó… De allí en adelante las torpezas y ligerezas son evidentes. Comenzando con las imprudentes “bromas” (según la Cancillería), a micrófono abierto, sobre la promesa a Lula de que las empresas brasileñas no serían estatizadas, en clara referencia a Sidor y a las compañías briqueteras, de capital argentino, entre otras. Por supuesto que la reacción del Gobierno -que está en plena campaña electoral- y del sector empresarial del país austral, no se hizo esperar. Esta chuza del Presidente complica la adhesión de Venezuela al Mercosur, ya que los industriales afectados plantearon a sus pares de los países integrantes revisar el ingreso de nuestro país a ese importante mercado suramericano.
Pero, la cosa no se queda allí. Luego de anunciar, con bombos y platillos, un maratónico Aló, Presidente, de cuatro días (por la celebración del décimo aniversario del programa), éste resulto chucuto, para alivio de millones de compatriotas. La amenaza de que terminaría (quizás) el domingo en la noche no se cumplió. Se desconocen las razones por las cuales fue suspendida la transmisión. Quizás el efecto Vargas Llosa lo aturdió demasiado. Dicen sus más cercanos colaboradores que se deprime con facilidad. A falta de información oficial, ésta resulta una razón verosímil. Por eso tampoco asistió a la toma de posesión del Presidente de El Salvador, Mauricio Funes, quien exaltó a Barack Obama y a Lula Da Silva: “Ellos son prueba de que líderes renovadores, en lugar de ser una amenaza, significan un camino nuevo…” ¿Desaprovechó el caudillo la ocasión de convertirse en la figura central del evento?
Paralelamente, también ocurrió lo peor para el ego presidencial. En seguida de retar a debatir en Miraflores a los llamados intelectuales liberales, participantes en el foro de Cedise, arrugó, utilizando argumentos banales (fue su iniciativa). Claro el miedo es libre… En nada lo ayudó la excusa de que él es un simple soldado. ¿Qué quiso decir con eso? Sin embargo este traspié (¿miedo al cuero?) recorrió el mundo entero. Las revistas de El Perú se dieron banquete. Hizo el ridículo, pues. En fin, Chávez se comporta como elefante en cristalería. De la que se salvó Funes…
freddylepage@cantv.net
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