Chavez: Tiempo de decisiones Sadio Garavini de Turno
Martes, 16 de diciembre de 2003
Se acerca un tiempo de decisiones. El reafirmazo fue un inocultable éxito de la oposición, que logró más de 3.600.000 firmas, a pesar de la descarada intimidación que el gobierno ha usado con la enorme masa de ciudadanos que, directa o indirectamente, dependen económicamente de un Estado omnipresente, obeso, fofo y rico, en un país empobrecido. Chávez debe decidir, simplificando y “mutatis mutandis”, entre el rol de Daniel Ortega en 1979, que optó por la confrontación y la exclusión políticas, creando las condiciones para una década de guerra civil y el consiguiente retraso de 30 años en el desarrollo de Nicaragua y el papel del mismo Ortega en 1990, cuando se midió en unas elecciones limpias con la oposición y, después de la derrota y una intensa negociación, aceptó no sólo entregar el poder, sino sobretodo respetar las reglas del juego político democrático. Ortega, como Castro, había llegado al poder con las armas, derrotando una dictadura troglodita, en un país sin cultura democrática y aceptó salir del poder por la vía de las urnas electorales, pero después de enterrar a centenares de miles en urnas funerarias y la desintegración de su aliado estratégico (la URSS).
Chávez quiso llegar al poder por las armas, pero lo logró por la vía electoral, en un país con más de cuarenta años de experiencia democrática. Sin descartarla del todo, la opción del desconocimiento tramposo del reafirmazo, en el actual sistema internacional y con unas fuerzas armadas mayoritariamente institucionalistas, me parece suicida y poco viable. Chávez ha logrado recuperar algunos puntos en las encuestas a través de sus “misiones”, que no resuelven los problemas estructurales del país, pero hacen llegar unos “cariñitos” a los sectores más depauperados. Por tanto, con un 35%-40% de apoyo, me parece más probable que Chávez trate de evitar el referéndum revocatorio (RR) a través de mecanismos como la renuncia, seguida por unas inmediatas elecciones presidenciales o una enmienda constitucional que abra las puertas a unas elecciones generales.
Otra opción es llamar a la abstención en el RR y aumentar al máximo la intimidación de la oposición antes y durante el acto electoral, recordando que en el referéndum habrá un solo día para votar y que con la abstención de los chavistas se perdería el secreto del voto. Esta alternativa es evidentemente antidemocrática y abriría las puertas a la violencia. En fin, no habrá estabilidad, sin un acuerdo de gobernabilidad entre la oposición y el chavismo democrático.