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Opinión y análisis

La nueva etapa
Miguel González Marregot

 
Domingo, 17 de diciembre de 2006

Los resultados electorales obtenidos el pasado 3 de Diciembre nos mostraron varias de las nuevas características del sistema político venezolano. No cabe duda que, la nueva reelección del Presidente Chávez nos indica su notable liderazgo popular. Pero también, esos mismos resultados electorales nos señalan de una manera inequívoca la renovación programática, el avance organizativo y el posicionamiento político de la oposición venezolana. De esto, tampoco hay dudas.

Venezuela está entrando en una nueva etapa para las relaciones de los factores políticos mayoritarios del país. Y es que en efecto -de ahora en adelante-, el Gobierno Nacional tendrá que acostumbrarse a compartir el escenario político del país con otro actor: las fuerzas de oposición ahora legitimadas ante sí misma, el gobierno, el país y el mundo.

Por supuesto, esta nueva etapa que recién comienza implica una serie de desafíos; tanto para el Gobierno como para la oposición, ahora liderada por Manuel Rosales. Tanto el oficialismo como la oposición, -en situaciones diferentes y bajo perspectivas diferentes-, tendrán que afrontar debates y reacomodos internos e irse acostumbrando a la existencia del otro sector.

El bloque oficialista, por ejemplo, debe terminar de aceptar que ya no copa el escenario político. Ahora allí en ese escenario, hay una nueva fuerza democrática organizada, que representa numéricamente a un importante sector del país; que tiene el legítimo derecho de expresar sus opiniones, sus proposiciones y que también tiene el derecho a aspirar a gobernar al país. En tal sentido, calificar a la oposición de “podrida”; negarse al diálogo con ella o continuar la persecución de empleados públicos por su forma de pensar, no conduce a una situación positiva. Ni tampoco terminará con la oposición democrática ni con los reclamos de inclusión, justicia o libertad.

En tal sentido, temas como la revisión constitucional (sobre la cual escribiré en una próxima entrega) o la reforma de algunas leyes puntuales, tienen que ser abordados con estricto respeto a la participación popular, a la pluralidad y a la diversidad de pensamiento. No se trata de anunciar la realización de sesiones de “Parlamentarismo de Calle” de manera tumultuaria y sectaria. No señor. El oficialismo está obligado a dar la cara y reconocer a todos los sectores culturales, étnicos, económicos, sociales y políticos, que son parte de nuestra nación.

Otra cosa es que el Gobierno reelecto está responsabilizado ineludiblemente a cumplir con los compromisos adquiridos con su electorado y con todo el país. Ya no hay más excusas, ni “fantasmas políticos” a los cuales inculpar por las incapacidades gubernamentales. Y es que, el gobierno no debe olvidar ni evadir la estructura clientelista que ha venido articulando durante los últimos ocho años. Y es que si el Gobierno reelecto pretende seguir postergando el cumplimiento de los derechos económicos y sociales contemplados en el marco constitucional vigente estaría colocando en riesgo la gobernabilidad del país.

“El socialismo del siglo XXI” representa un problema relevante en la agenda del oficialismo. Sobre todo si consideramos el rechazo y la resistencia natural que durante años, ha tenido cualquier propuesta de este tipo en la población venezolana. Quizás sea por ello que el presidente reelecto se encuentre tratando de vendernos la idea de que la votación que obtuvo está ligada indefectiblemente al proyecto socialista que él propone. Pero en realidad, ese supuesto es poco creíble. Una cosa es votar por Chávez; otra es entregar los pocos o grandes beneficios obtenidos en el pasado y en el presente a una idea abstracta. El impulso del “socialismo del siglo XXI” será la prueba definitiva para el proceso revolucionario venezolano.

La creación de partido único es otro escollo de la agenda oficialista. En realidad, si consideramos el liderazgo indiscutido que tiene el Presidente Chávez sobre ese sector, la construcción de una organización política única sería relativamente viable. Sin embargo, entre los aliados menores del Movimiento Quinta República (MVR), hay indicios de seria resistencia ante esa posibilidad. Y es que el “paquete” del partido único generalmente incluye algunas otras nociones de cuidado; tales como: la autoridad única o el pensamiento único. Por otra parte, cabe recordar que los partidos únicos son expresiones típicas de los regímenes totalitarios, como son el caso de Cuba y China y, como lo fue la extinta Unión Soviética.

Finalmente, la actividad política del componente militar (activo y retirado) será un elemento vital en esta nueva etapa política que se inicia en Venezuela. En los últimos comicios electorales fue pública y notoria la notable influencia del sector militar venezolano; tanto por del Plan República como por la participación del Comando Unificado de la Fuerza Armada Nacional (CUFAN).

El bloque de la oposición tiene también sus propios problemas. Empecemos con algunos de ellos. Aunque no se crea, existen sectores de la oposición (muy minoritarios, por cierto), que no terminan de asimilar la derrota electoral, quieren desconocer ahora el alcance y los logros de la candidatura de Manuel Rosales, y de los cientos de miles de voluntarios que dieron soporte organizativo a esa opción presidencial. Craso error.

Por supuesto, que en la actividad política, el debate y la crítica son naturales y bienvenidas. Incluso el “oportunismo” es un fenómeno natural del ámbito político. Empero intentar descalificar a Rosales con insultos y especulaciones (muy mal elaboradas y contradictorias) nos indican por lo menos, la muy baja capacidad de entendimiento de la situación política del país por parte de unos cuantos. Este grupo de electores debe comprender que el denominado “chavismo” es una realidad, tan presente como la oposición misma. Pero además, tendría que revalorizar el esfuerzo político, organizativo y electoral que se realizó desde la oposición para enfrentar en condiciones asimétricas a una candidatura oficialista que tuvo a su favor todos los recursos institucionales del Estado. Prohibido olvidar.

De nuevo ideólogos y dirigentes del abstencionismo, opinadores radiales “sabelotodo” y representantes de la vieja política, intentan montar una “matriz de opinión” en contra de la plataforma democrática que se comenzó a estructurar alrededor de Manuel Rosales. Y es que al parecer, para ese grupo de ilustres venezolanos su único propósito es sembrar desaliento y desunión entre la oposición. Nada más.

Por último, las expulsiones en Acción Democrática son un indicativo de la decadencia absoluta de una dirección política cada más alejada del sentir de su propia base y de la trayectoria del otrora partido del pueblo. ¿Será que en efecto, no volverán?

El proceso electoral dejó establecido un núcleo estratégico –bien interesante- en la oposición. Al lado del Manuel Rosales y Teodoro Petkoff terminaron por proyectarse líderes como Liliana Hernández, Julio Borges, Leopoldo López, Roberto Smith, Julio Montoya, Gerardo Blyde y Alfonso Marquina; entre otros. Todos jóvenes por cierto y por ende, con una gran perspectiva de desarrollo político para el país y para las fuerzas democráticas. Y esto marca una diferencia sustancial y esperanzadora con procesos anteriores.

La oposición tiene retos muy relevantes. Y es que, el futuro de la democracia en Venezuela dependerá del contrapeso que puedan presentarle al Gobierno las fuerzas democráticas, hoy reagrupadas. Porque esta nueva etapa será muy pero que muy dura. El oficialismo se siente crecido y se dispone a terminar de imponer su visión hegemónica del mundo. En tal sentido, en necesario en Venezuela del contrapeso de una fuerza social y política democrática, que confronte en el plano ideológico y político las pretensiones hegemónicas.

La candidatura de Manuel Rosales en tan sólo tres meses desbloqueó a la oposición, la puso en la carrera por el poder y logró consolidarse rápidamente en el sentir y cariño popular como un líder nuevo y emergente. Sin embargo, esos importantes logros aún no son suficientes. El equipo político unitario que se ha estructurado, debe emprender de manera simultánea varias acciones estratégicas que termine de desarrollar sus potencialidades.

Desde una perspectiva general, el núcleo estratégico de la oposición se encuentra en la obligación de estructurar en forma coherente, incluyente y participativa el proyecto político democrático que pretende avanzar en el país como alternativa al propuesto “socialismo del siglo XXI”. Es decir, hay que elaborar de una manera nítida el tema de la “democracia social” como plataforma programática unitaria de la oposición.

De igual manera, la gente de Rosales debe definir e implementar en muy corto plazo los mecanismos de relación y organización política entre los distintos factores que integran su alianza y con los sectores sociales que serán la base del proyecto político alternativo. Y este punto se nos antoja complicado por el distinto grado de evolución organizativa de cada los componentes de la alianza. Por ejemplo, el partido “Un Nuevo Tiempo” está llamado a consolidar su organicidad en todo el país. El “Movimiento Primero Justicia”; por su parte, atraviesa por un proceso de redefinición y deslinde interno. Y al grupo de organizaciones de izquierda compuesto por el Movimiento al Socialismo (MAS), Izquierda Democrática, Bandera Rosa (BR) y La Causa Radical (CR) se les presenta una oportunidad formidable para reconstruirse unitariamente. Son distintas y apreciables las realidades de los principales componentes y aliados del bloque opositor.

Así mismo, las fuerzas de oposición no pueden postergar su integración en la agenda de las luchas democráticas que viene adelantando de manera autónoma y espontánea el pueblo venezolano. En la actualidad, los derechos democráticos se encuentran realmente afectados y disminuidos. Las luchas por el derecho a la vida, a la libertad de expresión, al acceso a justicia, a la vivienda y a los servicios básicos conforman parte de una agenda que el pueblo venezolano viene adelantando a diario. Y es allí donde la oposición -si realmente quiere serlo- debe insertarse con humildad y, con el único y simple objetivo de defender los derechos democráticos de todos los venezolanos.

Desde un punto de vista directivo, la oposición liderada por Manuel Rosales tendría que desarrollar capacidades directivas para adquirir una adecuada visualización de los problemas a resolver; así como de la elección y programación de propuestas y acciones políticas en un marco de inclusión, participación y transparencia.

Por último, el mundo debe conocer que en Venezuela existe un conjunto de fuerzas sociales y políticas que defienden la libertad, la paz y la democracia en el marco y con estricto apego a la Constitución vigente.

A partir de las elecciones del 3-D, nuestro país entró en una nueva etapa de su desarrollo político. Esta etapa, sin duda estará signada por el debate político y la movilización de base alrededor de una agenda de amplio contenido democrático y popular. En esta nueva etapa, el oficialismo se topará con unas fuerzas opositoras legitimadas, reorganizadas y en pleno proceso de rearticulación política. El tablero está listo; pero esta vez con dos adversarios. Estaremos pendientes del desarrollo de esta partida.

miguelgmarregot@gmail.com

 

 

 
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