Caracas, Jueves, 24 de abril de 2014

Sección: Política

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En Venezuela, RACISMO ¡SÍ HAY!

Renato Modernell

Miércoles, 31 de marzo de 2004

El racismo es una realidad del país que las clases medias y altas no han podido percibir durante los veinticinco años de caída que incubaron al chavismo. Venezuela es un país racista y nunca lo hemos aceptado. Aunque el discurso dominante ha sido siempre que el fenotipo venezolano es una alegre mezcla de “blancos”, “negros” e “indios”, nada dista más de la verdad.

Los orígenes son claros, y no hay que removerlos para atizar resentimientos sino para entender el problema: la trata de esclavos trasatlántica y el colonialismo puso a negros africanos y aborígenes locales en la base de la pirámide social americana. El tiempo ha roto las reglas formales de clases y razas, pero éstas subsisten en la conciencia colectiva.

Para constatar la existencia de racismo en Venezuela, no son imprescindibles las cifras. Veamos la cotidianidad: los medios de comunicación exhiben como canon ideal de belleza a los rasgos y tonos europeos; casi nadie anhela una piel más oscura, pero muchísimos quisieran una piel más clara; no existe la expresión “blanco de m**rda”; la mayoría de las personas de piel más oscura se han sentido menospreciadas alguna vez por su color; en el Zulia se tratan de “las guajiras” a las trabajadoras domésticas; los clubes y otras asociaciones privadas suelen rechazar a morenos y aindiados; las familias se escandalizan si un pretendiente de la hija es más oscurito que ellos y puede “empeorar la raza”; etc.

Alguien podría argumentar que aquí no se linchan negros, ni hay pogromos, ni existe apartheid, ni ocurren otras representaciones externas de lo que se acepta como racismo. La respuesta es que no debe confundirse al racismo con algunos de sus síntomas y, que aunque el racismo en Venezuela tiene medio milenio de arraigo, aquí lo que no hay es violencia racial.

Otro podría argumentar que en Venezuela no hay racismo sino clasismo. Aunque el clasismo también existe, es un mal distinto, pero que se funda en la alta correlación entre color claro y riqueza/educación, que es a su vez una evidencia de racismo. Lo cierto es que un estudio econométrico bien planteado seguramente concluiría que un menor nivel socio-económico viene acompañado de una tonalidad de piel más oscura, lo cual apunta a menos y peores oportunidades para la mayoría más oscura.

Igualmente se diría que no estamos ante grupos étnicos culturalmente diferenciados como en Turquía o los Balcanes. Pero una cosa no obsta a la otra, sino que evidencia palmariamente algo más grave: que gente que cree en lo mismo, come lo mismo, baila lo mismo y juega lo mismo, se rechaza por cuestiones de melanina.

En definitiva, el racismo existe como problema y es necesario atacarlo. Los métodos deben ser autóctonos, pero valiéndose de las experiencias de países que como EEUU o Sudáfrica han afrontado el problema. Desde nuestro punto de vista, habría que tomar medidas como en Brasil, donde se creó una Secretaría Especial de la Presidencia para la igualdad social. La raíz de esta iniciativa está en el PT, partido de gobierno que posee una Secretaría de Combate al Racismo y muestra la verdadera intención de resolver el problema. Venezuela ha suscrito Resoluciones y Declaraciones de la ONU sobre el tema (tan cerca como el 2001) sin que se vean medidas concretas.

El reto está en que como sociedad hagamos una seria introspección sobre nuestras acciones y valores, para así asumir culpas y enderezar el rumbo. Negarse a aceptar la existencia palpable del racismo en Venezuela y no abocarse a la tarea de extirparlo, es abonar el campo a quienes de manera irresponsable y repudiable, usándolo como herramienta política, pretenden condenar de muerte a la nación.

rmodernell@hotmail.com

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