Editorial
Política
Economía y Petroleo
Internacionales
Global y Social
Arte y Cultura
Venezuela en la prensa internacional
Síntesis de Noticias
Bitblioteca
Analítica Premium
Mujer Analítica
Zona Empresarial
Zona Light
Links recomendados

 

Opinión y análisis

¡Con el dedo en la llaga!
  Martes, 21 de diciembre de 2004

Un individuo alimentado, con techo, con higiene, con educación; un individuo con ocupación (siempre que pueda), un individuo con opinión: esas son algunas de las premisas fundamentales para que un individuo se encuentre con otros individuos y coopere en la formación de una sana sociedad moderna.

La sociedad participativa (democrática) se conforma entonces, en el mejor de los casos, por un conjunto de individuos que disfrutan de una plataforma común, con los mismos privilegios y obligaciones.

Si cualquiera de esos privilegios (u obligación) falla, falla la consecuente coresponsabilidad de mantener a los otros vigentes; y la “sana sociedad democrática” deja de existir y se convierte en un simple discurrir oscurantista (así como por decir fascista, comunista, caciquista y no importa que otras formas chucutas de sociedad; incluyendo, por supuesto, toda la extensa variedad de también chucutas formas democráticas de gobernar, así como la que nos gobierna actualmente).

La sociedad venezolana de hoy ha de resolver primero las fallas endémicas que las premisas antes descritas albergan; y todo ello, antes de poder convertirse en una verdadera sociedad democrática.

Ni los de antes ni los de ahora, parecen haber pensado o ni siquiera haberse interesado, en que sin esas garantias comunes como punto de partida, no se puede conformar una sociedad democráticamente sana, moderna, socialmente productiva y felíz.

¿Y que hacemos hoy en Venezuela?

Lo que hacemos hoy es más o menos lo que siempre hicimos: seguir perdiendo el tiempo y vivir un eufemismo de felicidad, arruyado por esa bonanza económica que siempre han disfrutado, y hoy más que nunca disfrutan, los que han ostentado el poder; siempre aprovechándose, eficientemente, de las jugosas delicias de la corrupción.

Y como nunca nos hemos probado en una verdadera precariedad general, nos cobija también una inconsciencia general.

¿Cuán bajo llegaríamos a caer si esta bonanza nos abandonara? ¿Si esa multitud de añejos privilegios económicos nos terminara de dejar?

No quiero ni pensarlo.

Ahora bien, si internalizamos estas reflexiones y las hacemos nuestras, tendremos un pequeño chance de comenzar a formar las defensas necesarias que puedan frenar tan peligrosa adversidad.

Como bien observó Pedro León Zapata, Chávez se irá cuando se vaya de nosotros mismos. Y este otro Chávez que conocemos hoy es sólo una vergonzosa mancha más de nuestro atropellado discurrir.

Grácias a que desgraciadamente vivimos esta inaudita y sofocante situación actual, nos encontramos hoy forzados a recapacitar sobre un futuro más digno y prometedor (y digo “prometedor” porque siempre me han preocupado aquellos que creen que con “fuera Chávez, ya...” todo se puede arreglar en este país; aunque es totalmente cierto también que este gobierno es, sin lugar a dudas, el mayor impedimento para lograr las metas básicas requeridas para una verdadera renovación).

Nuestros políticos tienen entonces que comenzar a ganarle tiempo al tiempo, y trabajar para crear una plataforma común que permita una amplísima base de indivíduos capaces de dialogar y cooperar sobre lo que es comunal (sin que esto tenga nada que ver con el comunismo, que pretende abstractizar necesidades para ejercer una autocrática imposición de las “necesidades comunes”, y eso siempre en favor, históricamente probado, de los “escogidos” de turno).

Debemos también todos “recrear” nuestra propia actitud individual, de manera que ésta siempre favorezca y agilice la viabilidad de los puentes de comunicación, y no todo lo contrario (creando ruidos ensordecedores que atolondran el sentido común); y así, paulatinamente, obtener acuerdos civiles; primero quizás tácitos, pero enrumbados a lograr apuntalar concretos principios éticos y morales (con honestidad y eficiencia) que abonen las posibilidades de satisfacer las necesidades más apremiantes (esas que han de conformar la base mínima de igualdad que mencionábamos al principio de esta nota).

Sólo así, aunque tome todo el tiempo que tome, lograremos empezar a ser cada uno “uno mismo”, que es lo que es la escencia de “una sana sociedad participativa” (con la participación de cada individuo).

Aunque ya lo mencioné en otra ocasión, viene al caso repetir las palabras de Francisco de Miranda: “No las piedras duras, robustos leños, ni artificiosos muros, forman las ciudades; mas dondequiera que hay hombres que sepan defenderse de si mismos, allí estan las fortificaciones, allí las ínclitas ciudades” (de los Diarios).

La cooperación, el diálogo y los acuerdos entre individuos se logran opinando, y conforman las bases de una sociedad más alentadora, más transparente, más eficaz. En consecuencia, y a pesar de que nos pretendan quitar hoy de nuevo el fundamental privilegio de opinar con libertad, deberemos seguir eternamente opinando.

Y yo opino: que apelemos a nuestro sentido común; para que siempre logremos opinar sin atormentar.

Liko Perez Estocolmo 2004-12-16

 

 

 
Home Contáctenos Regístrese ¿Quiénes Somos? Foros Chat Bitácora
 


Copyright © 1999 - 2006 por Analítica Consulting 1996. Reservados todos los derechos.
Analítica Consulting 1996 no se hace responsable por el contenido publicado de fuentes externas.