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Sección: Política
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Otra Comunicación es posibleAntonio PasqualiViernes, 21 de agosto de 2009
Es la era de las comunicaciones, y no es un slogan de la profesión. Invertimos en ellas un tiempo enorme y el 13% de nuestros ingresos; la conectividad es hoy un indicador-príncipe, la “presencialidad” dialogal y escolar será pronto excepción. Ellas son el patrón de nuestra cosmovisión: los antepasados se auto-regularon con brújulas llamadas “virtudes”, “fe”, “razón” o “libertad”; nosotros, con un “comunicar” cuyas variables determinan modelos socio-políticos. Conexiones libres y abundantes: sociedad abierta y pluralista; insuficientes y controladas, cerrada y autocrática. La historia del país queda en espera de una lectura comunicacional - desde la prensa traída por Miranda como “pertrecho de guerra” en 1806 hasta el despotismo mediático de la actual cúpula militar - también porque somos un país extremoso, con episodios inscritos en la historia mundial de los medios como el black-out publicitario contra un periódico en 1961, el rol de los medios en 2002, o un presidente-predicador cuyas trescientas horas anuales de monserga quedarán registradas per saecula saeculorum como una aberración sin par. En ningún país como en Venezuela han llegado tal vez los medios a roles tan protagónicos, de hacedores de historia. Olvidarlo es estúpido o malintencionado. El impreso lleva dos siglos de decorosa existencia, no así la TV comercial. Durante su apogeo (1960-2000) acaparó más del 80% de la inversión publicitaria arrojando al ciudadano un pienso con 27,4% de “cuñas” (1.313 diarias) y 52,3% de telefilms norteamericanos, mientras acumulaba tanto poder como sus homólogas brasileras y mexicanas. Caracas era sede de la escuela crítica en comunicaciones más estudiada y respetada del continente; pero la mano peluda de aquel poder no tuvo dificultades en borrar del mapa el Art. 5 de la Ley del Conac en 1974, el Proyecto Ratelve en 1975 y el Proyecto de Ley Orgánica de la Radiotelevisión en 1995. Parte de aquel oligopolio se rescataría luego y hoy se la juega en defensa de la democracia: un avance enorme comparado con la autocensura global de 1951-58 El militarismo chavista vino a imponer remedios más devastadores que aquella enfermedad, remplazando cuñas de jabón, irritantes apenas, por cuñas ideológicas altamente tóxicas. Dotado de un proyecto hegemónico, se proveyó de un enorme cuan ineficiente combinado mediático-presidencialista, aplica asfixia mecánica a medios opositores, invade brutalmente emisoras ajenas con “cadenas” y embarga el acceso a fuentes. Chávez encarna la traición cuartelera, despótica y fracasada a los ideales de quienes lucharon por la democracia y la calidad en Radio y TV. El régimen impone ahora al país su fase del Terror, tal vez terminal. Buen momento para iniciar una meditación coral sobre el orden comunicacional post-chavista, despolarizado, sereno, civilista y consensual, que vacune al país contra feudos y lo proyecte a una modernidad de libertades plurales con mucha calidad. Existe un difuso rechazo a la brutalidad mediática del régimen, y el reconocimiento de emisores privados de que la idea “Ratelve” de un servicio público no-gubernamental era buena para el país y para ellos. Pero sobrevive una soterrada corriente restauradora cuya mano peluda logró por ejemplo - en el proyecto de gobierno de UNT - convertir la creación de “…un Servicio Público nacional integrado de Radiotelevisión … para prestar servicios universales, desgubernamentalizados… con una Autoridad Independiente que asegure trato ponderado a todas las fuerzas políticas del país” en un anodino y emasculado: “… Instituto Autónomo Nacional de Defensa de los Usuarios de la Comunicación Social…”. ¡Una perspectiva muy temible, la restauradora, en momentos en que el PRI mexicano se apresta a volver al poder de la mano, otra vez, de los Azcárraga de Televisa! Corresponderá a los competentes de buena voluntad, sin vínculos con específicos intereses políticos y económicos, asegurar que el país llegue al post-chavismo con sólidos, ambicioso e innovadores proyectos en Com y Telecom debajo del brazo. |
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