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  Sección: Política

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Aprender a leer

Iván R. Méndez

Lunes, 16 de febrero de 2009

Cada derrota electoral, sobre todo en Venezuela, apunta a una desatinada lectura, no sólo del oponente, sino de los votantes. Así, tal vez la victoria de 9% que el presidente Hugo Chávez propinó a quienes nos oponíamos a la reelección indefinida el pasado 15 de febrero, sea una suerte de “castigo necesario” para enseriarnos en este asunto de interpretar el cajón de sastre que los opositores (desde estudiantes a políticos jurásicos) denominamos “el pueblo venezolano”.

¿Venezuela eternamente joven?

La historia política de Venezuela es un relato sostenido de sed de poder y adulación. Esa dupla perversa benefició a personajes oscuros como Antonio Guzmán, Joaquín Crespo, Cipriano Castro, Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez, Carlos Andrés Pérez y ahora Hugo Chávez, por sólo mencionar a los más emblemáticos. Todos fueron políticos afianzados en su capacidad para leer a las masas, ganarse las simpatías de los mandos medios del ejército (y transformarlos luego en su alta oficialidad) y satisfacer la avaricia de los cabilderos del momento. Esa fórmula, en Venezuela, da larga vida a los regímenes de gobierno, sean éstos democráticos, semi-democráticos o dictatoriales. Lo más paradójico es que esa estrategia, de una longevidad superior a los 150 años, sea ignorada por quienes asumen el rol de estrategas dentro de los diversos movimientos de oposición. Quizá sea tiempo de que estos luchadores empiecen a formarse viendo menos programas de opinión y leyendo más historia, sobre todo textos tan clarividentes como “La caída del liberalismo amarillo” del ex presidente Ramón J. Velásquez o “Pensar a Venezuela” del atinado José Balza… Esas lecturas los mantendrán a bien resguardo de seguir celebrando esa eterna juventud que nos atribuimos como país, estiramiento que ha durado décadas y que el sagaz filósofo Julián Marías atribuye a factores tan dispares como “vitalidad, flexibilidad, capacidad de innovación, o bien temor a la madurez, resistencia a solidarizarse con una actitud o una forma de vida, inseguridad y afán de perpetua provisionalidad”… Libertad versus arepa

La necesidad de dinero rápido y la desconexión ante un futuro más lejano que el día a día son rasgos que han marcado, desde hace décadas, a la legión de votantes de los sectores medios-bajos y pobres del país, quienes pasaron de ser la reserva abstencionista de la cuarta república a convertirse en el capital humano fundamental del chavismo, que atinó a descubrir cómo hablarles y qué ofrecerles. La fórmula es sencilla: satisfacer las necesidades primarias que los angustian, pues viven en la base fisiológica de su pirámide de necesidades: respirar, conseguir comida y reponer energías. El sistema mismo los mantiene alejados del tope de esa jerarquía de autorrealización, que el psicólogo Abraham Maslow asocia a ética, creatividad y resolución de problemas. Tal vez, por eso las campañas diseñadas en torno a ofertas de libertad; empleos de calidad y convivencia ciudadana tienen mayor resonancia en las clases medias y altas, que habitan en un mundo donde el reconocimiento es importante y las necesidades fisiológicas se encuentran, tácitamente, satisfechas. Pero en las clases bajas la arepa manda, y no lo digo en tono irónico, sino pensando en las teorías del Premio Nobel Amartya Sen, quien entrega pistas muy concretas en torno a las capacidades de las personas. Para Sen, el asunto no es proveer derechos electorales o mejores empleos a los pobres, sino darles un stock de habilidades y oportunidades que los reafirmen en sus elecciones personales.

Leer al país

La noche del domingo 15, apenas una hora luego de conocido el boletín oficial con los resultados de la enmienda, decidí navegar por Internet y pulsar a la gente que a esa hora se mantenía despierta y triste en las redes 2.0, como Facebook. La frustración se reflejaba en los mensajes que cada persona escribía junto a su nombre: “Nos hicieron trampa”; “Preocupada y triste por mi país”; “Ahora tenemos que luchar por el poder”; “Ya no tenemos futuro”; “La ignorancia sigue ganando en Venezuela”, etc. En medio de esos mensajes, decidí escribir “Tenemos que aprender a leer al país” y esa frase detonó que Adriana Villanueva abriese una ventana de chat para conversar sobre esta derrota. Luego de los relatos cotidianos y las hipótesis de rigor, ella afirmó contundente: “definitivamente somos dos países en uno y ninguno sabe cómo leer al otro”… Esa frase coincidía plenamente con mi preocupación de años, que no es otra que la oposición sigue pensando en términos de clase media, juzgando al resto del país, sea chavista o abstencionista, desde su kit de prejuicios y comodidades asociadas a su clase social. Ese error de partida nos mantiene ciegos ante una realidad que el oficialismo conoce y maneja con la astucia de quien hizo su tarea y entiende el asunto. Adicionalmente, hay que descifrar esa habilidad del Presidente para perfilar sus ideas y hacerlas mortales, que luego, asegura Alessandro Baricco, descubre que pueden ser utilizadas como armas. No lo piensa ni un instante y dispara.

Las banderas del NO en esta campaña por la enmienda: “corrupción, impunidad, democracia en peligro y falta de tacto en las relaciones internacionales”; fueron abstracciones lejanas para quienes agradecidos compran pollo en Mercal o atienden sus paros cardíacos en El Algodonal. Ellos sobrepasan al 80% de la población de Venezuela, así que agradecidos debemos estar al contar con un 46% de fieles electores que siguen el mensaje brumoso e ininteligible de la oposición.

Es útil recordar a Carlos Fuentes cuando afirma que “los pueblos juzgan más por lo que ven que por lo que entienden”, es urgente empezar a leer bien a este país, hay que diseñar ofertas que sean “realistas” y “consistentes” con el entorno de la mayoría, que ahora apuesta por él único que sabe hablarles y proveerles, aunque sea soberbio y dilapide billones de dólares: Hugo Chávez. Estamos a tiempo de admitir nuestra ignorancia y de trabajar para tender puentes de entendimiento entre esos dos mundos que mencionaba Adriana, que coexisten, pero que no se ven.

(*): Blog personal del autor: http://vacamulticolor.wordpress.com/

ivan07mendez@gmail.com


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