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Objetividad, periodismo y libertad
Ana María Valeri

Viernes, 26 de junio de 2009

Llega otro Día del Periodista en una Venezuela dividida en campos extremos. Pareciera que la polarización también ha invadido el terreno de los comunicadores sociales. La objetividad trata de encontrar un sitio entre los frentes que escogieron ejercer la libertad de expresión y asumirla como medio de vida y pocas veces lo logra. En países como el nuestro, donde los radicalismos levantan un muro cada vez más alto entre sectores opuestos, los trabajadores de los medios enfrentan un inmenso reto como lo es aquel de informar de la manera más justa y balanceada posible, sobre los acontecimientos.

La objetividad, si cabe citar así a llamar las cosas por su nombre, sin agregados, sin opiniones que aderecen o afeiten la información, no es fácil. No lo es porque es imposible separar la labor periodística de la calidad humana de quien la ejerce. El ‘ser humano’ implica, así como tener derechos y deberes, ser sujeto de pensamientos, sentimientos y actitudes propias de su naturaleza. Y si esto es así, la multiplicidad de emociones que cabe es infinita. Es por ello que encontramos diversas tendencias y posiciones frente a la realidad que nos circunda.

Es bien sabido que en muchas partes del mundo hay medios de comunicación que responden a intereses de un sector, ya sea político, económico, religioso o social, por citar algunos casos, y omiten información sobre asuntos que les son inconvenientes. No debería ser así, pero es. Puede o no ser de nuestro agrado, pero sucede. Como ciudadanos, podemos rechazar o acoger la lectura o sintonía de alguno de estos medios. Cada cual es libre de señalar el enfoque que le parezca. Lo importante no es tanto qué lugar asumir o desde qué perspectiva recibir la información, sino tener la libertad de ver, leer y oír lo que queramos. Y ése es precisamente el asunto que motiva este artículo.

Se nos hace imposible entender y mucho más aceptar que periodistas de amplísimo recorrido, que han sido catedráticos universitarios de disciplinas ligadas a este campo profesional, estén de acuerdo y hasta propongan el cierre de algunos medios de comunicación en nuestro país y en otros países donde la oposición a los gobiernos de turno utilice los medios masivos como herramienta para denunciar y luchar de manera democrática y pacífica, contra administraciones a quienes adversan.

Hay programas radiales, de televisión o periódicos que no escucho ni veo porque francamente me hastían. Así como hay periodistas que me parecen excelentes por ecuánimes y otros insoportables por parcializados. Porque siempre dan una información sesgada de lo que sucede, porque adoctrinan y no quiero ser depositaria de doctrinas en las que no creo. Y también hay otros que viven prácticamente de criticar todo lo que el gobierno hace mal y otros que publican todo lo que el gobierno dice que ha hecho bien y no dan una información equilibrada de nuestro país. Y como no me gustan, como puedo escoger, elijo otros. No me ciego a la realidad. Opto, dentro de la realidad, en ejercicio pleno de mi libertad, por seleccionar lo que quiero.

La objetividad de un periodista o un medio es relativa. Quedará al auditorio o lector catalogarle según su preferencia como le parezca. Lo trascendental es que, a pesar de las diferentes posiciones que asuman quienes ejercen esta profesión, deben gozar del derecho a decirlo, escribirlo, mostrarlo, denunciarlo y publicarlo sin temores. Y el público que atiende o rechaza la información que se brinda, deberá seguir teniendo la libertad de abrirse o cerrarse a lo que quiera. Pero quedará a criterio propio la libertad de elegir, no en manos de aquellos que por adherirse a una ideología o interés material de cualquier tipo, apoyen el cierre de un medio de comunicación olvidando la labor para la que se formaron alguna vez, cuando alzaban la bandera de la libertad de expresión en un campus universitario plural donde exponían sus ideas sin mordazas.

anamariavaleri@gmail.com


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