Caracas, Jueves, 17 de abril de 2014

Sección: Política

ENVIAR A UN AMIGO  |  ENVIAR AL DIRECTOR

La telerrevolución

Alberto Barrera Tyszka

Martes, 26 de junio de 2012

La palabra cadena remite a sometimiento, a esclavitud.







   Foto: Google
Cada vez que el Presidente exclama: "¡Estamos en cadena"! y los presentes en el set se lanzan a aplaudir y a gritar, se produce un cortocircuito.

C uando estaba en sexto grado de primaria, participó en un pequeño acto para celebrar la visita del primer obispo nombrado en el estado Barinas. "Me designaron para decir unas palabras a través de un microfonito", evocó alguna vez. Entre ese niño y el Presidente que hoy, casi a diario, obliga a todos los medios de comunicación a retransmitir su imagen, hay un ansia que no se detiene. La naturaleza mediática del chavismo es voraz. Así como se autoproclaman bolivarianos, socialistas y antiimperialistas, también podrían colgarse la etiqueta de televisivos. La luz de la pantalla forma parte de su metabolismo. La tele también es su definición ideológica.

Dentro de toda la amplia y variada programación mediática del Gobierno, los espacios que siempre me han resultado más patéticos son las cadenas.

De entrada, el nombre mismo resulta contraproducente. Es irremediable: la palabra cadena remite a sometimiento, a esclavitud. Cada vez que el Presidente exclama: "¡Estamos en cadena"! y los presentes en el set se lanzan a aplaudir y a gritar, se produce un cortocircuito natural en la audiencia.

¿Qué hay que festejar? ¿Que ya no puedo ver lo que quiero ver? ¿Que alguien decidió quitarme mi plan de distracción, mi tiempo de entretenimiento? La única conclusión razonable es que las personas que están en el lugar de la transmisión, junto con el Presidente, no encuentran cómo escapar del trance, sienten un profundo resentimiento que sólo se alivia al saber que no van a joderse solos, que todo el país estará sometido al mismo show.

Las cadenas son una imposición en todo sentido. No sólo ocupan el espacio de los medios, no sólo invaden a la audiencia, sino que, además, ocupan e invaden el tiempo y la función de los gerentes principales del Gobierno. Ahí están todos, o al menos la gran mayoría, sentados en las gradas, hablando cuando les piden que hablen, asintiendo con la cabeza cuando el ojo de la cámara pasa cerca, riéndose cuando les toca reírse. Ministros, viceministros, altos funcionarios... como si fueran los extras del programa, como si no tuvieran otra urgencia, como si ese fuera su trabajo. Vociferan y gritan consignas de guerra. Desafían al imperio.

Amenazan con dejar el pellejo en las alambradas. Pero son unos revolucionarios particulares: en vez de cargar un fusil al hombro, llevan un micrófono en la mano.

Las cadenas tienen otro elemento especialmente difícil de digerir: su tono de hiperadulación. A veces, uno tiene la sensación de que está viendo un nuevo género, un extraño espacio teletesticular. Todos los participantes agradecen y alaban a cada rato al comandante presidente. Y después, el propio Chávez se alaba y se agradece a sí mismo. En un pase vía microondas, se escucha la voz de un ministro susurrándole el guión al niño que tiene el micrófono: "¡Dile gracias al comandante!". Si en la ONU de Bush olía a azufre, en las cadenas de Chávez huele a mecate.

Nadie olvida nunca que se trata de un espectáculo unipersonal. El país, por momentos, parece sólo un decorado.

Aparte de lo que se ha señalado sobre las probables limitaciones físicas del Presidente o sobre la necesidad de tapar la actividad de Capriles en la calle, quiero sumar otros dos puntos que tal vez formen parte de las motivaciones de esta nueva temporada de cadenas. El primero tiene que ver con la necesidad de satanizar a toda la oposición con la clasificación de "la derecha".

Ya Ibsen Martínez escribió una excelente columna sobre el tema. Es un plan burdo que apela al viejo procedimiento de la repetición y de la simpleza. Se trata de una estrategia publicitaria que, además, escamotea el verdadero debate: ¿Hugo Chávez y su gobierno son, en realidad, de izquierda? ¿Un proyecto de concentración de poder, de construcción de un sistema autoritario y personalista es, en verdad, revolucionario? El otro punto es la intención de imponerle a la sociedad la certeza de que Chávez ya ganó las elecciones. Se expresan como si el único problema del país fuera reconocer una victoria que todavía no se ha dado.

Transmiten en vivo y directo desde el próximo 8 de octubre. No es algo nuevo. Lo han hecho antes. Pero no con tanta intensidad. Pero no con tanto desespero. Tampoco antes la oposición había llegado tan lejos: basta recordar que en las últimas elecciones que se dieron en el país la oposición sacó más votos que el oficialismo. Para eso también son las cadenas. Intentan, desde la experiencia mediática, robarle el poder a la ciudadanía. Para eso también existe la telerrevolución: para hacernos creer que el futuro ya pasó.


abarrera60@gmail.com

ANALITICA.COM no se hace responsable por las declaraciones y conceptos emitidos en los artículos de opinión publicados en nuestro sitio Web, los cuales son de la exclusiva responsabilidad de sus autores


Nacionales


 
Michelangeli: Esto no es un diálogo sincero

Michelangeli: Esto no es un diálogo sincero

 
Urosa exhortó a amar

Urosa exhortó a amar " a cualquier persona que necesita ayuda"

 
Giordano llamó a contribuir “al milagro de la paz

Giordano llamó a contribuir “al milagro de la paz"

 


Sociedad


 

El Nazareno

 

La hora de El Vaticano

 

Contaminar, un crimen contra la humanidad

 

blog comments powered by Disqus

 
Sobre Autor