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Discusión necesaria (y II)
Freddy Muñoz

Miércoles, 1 de marzo de 2006

Si fueran serias las declaraciones que hace poco tiempo emitió el Secretario General de AD, el próximo 31/03, o algo después, la dirección de ese partido anunciará la decisión de no participar en la elección presidencial que habrá este año. Al respecto, dos interrogantes son pertinentes: 1) qué consideraciones determinaron lo decidido y cuáles consecuencias tendría esto en el proceso político venezolano, dadas la relativa importancia que tiene ese partido en el hoy pequeño campo de la oposición democrática organizada (ODO) y 2) la influencia que ejerce o podría ejercer en la gente opositora situada en la base de la sociedad.

Es clarísimo que la muy probable decisión señalada tiene una esencial conexión con aquella adoptada, junto a casi todos los otros integrantes de la ODO, poco antes del 4/12/05, de lo cual derivó un gran revés, materializado en el apoderamiento absoluto de la Asamblea Nacional que logró la cúpula chavista. La elevadísima abstención implicó, ciertamente, una derrota de los dos bloques que protagonizan la lucha política en Venezuela; mas el que está en el poder logró –sin tener fuerza para ello y, por lo tanto, sin esperarlo- el dominio total del AN.

Después de haber convocado a la abstención en aquella oportunidad, AD aparecería, según su criterio, como consecuente si repite la convocatoria. ¿Consecuente con qué?, me pregunto. Con un cálculo extremadamente insensato, con una estupidez. Tal es mi respuesta.

La dirección de AD debe rectificar. Esa es la única conclusión lógica, racional. Pero si no lo hace, si persiste en la insensatez, la explicación del hecho sólo podría consistir en que la primera decisión fue adoptada para preparar la segunda. En tal caso, es imposible no inquirir qué objetivo persigue. Mi respuesta es que no busca uno cuantificable. Busca, por el contrario, que su pequeña fuerza no sea medida, ahora en una competencia que comportaría evidenciar el muy escaso arrastre de su principal dirigente, o de una figura que haga circunstancialmente las veces de tal. AD busca evadir un fracaso demasiado notable. ¿Por qué, cabe preguntar, no apoya un candidato externo?. Porque en tal caso no habría algo negociable (pues ese supuesto candidato sería perdedor) según las cuentas de un partido practicista y sectario.

Responder a la segunda de las interrogantes inicialmente planteadas no tiene dificultad alguna. Una nueva decisión equivocada de AD apenas repercutirá, si acaso lo hiciere, en la conducta que adopten las otras organizaciones de la ODO y tendrá influencia escasa o nula en el comportamiento de la oposición democrática no organizada (ODNO). Ello no obstante, es deseable una rectificación de ese partido, aunque si la hubiere no sería producto de acciones persuasivas externas.

Entre la situación de AD y la de otras organizaciones integrantes de la ODO hay, según los casos, algunas diferencias de carácter cuantitativo, pero políticamente irrelevantes. Las encuestas divulgadas por los medios de comunicación, y también conocidas gracias a vías informativas distintas, así lo indican. 4%, 2%, 0,5% de las preferencias o todavía menos son cifras reveladoras de una realidad demasiado preocupante. Nos indican que ningún factor de la ODO está en condiciones de superar tempranamente una debilidad grave e indiscutible; y que todos deben hacer enormes esfuerzos orientados a la reconstrucción: organizativa, política, cultural, psicológica, de preparación para luchar y trabajar en los escenarios donde el pueblo –en el sentido más abarcador del concepto- vive su múltiple experiencia.

Se equivocan, pues, en gran medida –como he afirmado reiteradamente por esta y otras vías de comunicación –los analistas (con o sin comillas) de distinta procedencia, cuyas cuentas hacen equivalencias entre la debilidad del agrupamiento chavista y la del constituido por la ODO.

Las encuestas registran preferencias por el MVR que alcanzan hasta 27%, preferencias por Chávez que llegan hasta 35% y una abstención cercana al 50%. Es absurdo, entonces, sostener que Chávez es derrotable si se suman los diferentes componentes de la ODO y convergen, en consecuencia, los que hasta ahora aparecen como posibles candidatos presidenciales. De las cifras previamente citadas se concluye que la figura principalísima del régimen caracterizado falsamente como revolucionario ha perdido hasta el momento una porción no pequeña del apoyo social. Pero las mismas cifras dicen claramente que su victoria en diciembre es prácticamente inevitable.

No veo posibilidad alguna de que la gran desproporción entre las inclinaciones contrapuestas registradas por los sondeos se reviertan a favor de un candidato opositor, incluso si llega a producirse un entendimiento sobre el cual lo único que se puede considerar como razonable es la gran improbabilidad.

¿Acaso la ODO, tiene bases, aunque sean mínimas, para difundir –como lo está haciendo- un pronóstico de victoria?. Bien saben sus dirigentes que tales bases no existen. La negativa de ellos a presentar verazmente la realidad actual y las posibilidades de que cambie es una gran irresponsabilidad.

Una vez ratificada mi posición –compartida por muchos individuos opositores y que descansa en fundamentos fácticos- creo conveniente discutir las ideas de un opositor con el cual casi no tengo coincidencias. Él es uno de los pocos expositores sólidos del planteamiento abstencionista. También es, por lo demás, fuertemente agresivo, pero no vulgar. Me refiero a Armando Durán, articulista habitual del diario El Nacional.

En su escrito del 27/02/06 Durán arremete furiosamente contra varias organizaciones e individuos que están dispuestos (casi irreversiblemente, a mi juicio) a participar en la elección venidera. Cito dos párrafos elocuentes:

“En definitiva, para la oposición electoralista y para las encuestadoras que trabajan o aspiran a trabajar para ellas, la crisis política venezolana se reduce a una controversia similar a las del pasado. De ninguna manera se trata de una confrontación ideológica ni moral entre democracia y dictadura, sino una controversia perfectamente normal sobre la gestión gubernamental presente y la alternativa de sustituirla por otra.” “ No tener presente esta realidad, insistir en el hecho de que éste es un gobierno malo y nada más, soslayar la especificad del régimen, más que un error político gravísimo constituye un acto de verdadera complicidad. El pretexto para justificar este disparate se lo ha brindado Chávez. Como para tomar el poder se vio obligado a emprender una ineludible circunvalación electoral, a lo largo de estos años ha debido pagar el engorroso tributo de adornar su visión cuartelaria de la vida con el disfraz de la democracia. Poco importa que sólo sea un barniz. Suficiente para permitirle a buena parte de la comunidad internacional relacionarse con la Venezuela de Chávez sin ninguna mala conciencia (,) y a los viejos y nuevos partidos de la oposición alimentar la esperanza de que aún no han muerto. Para eso es que los procesos electorales, así sean amañados y fraudulentos, le han servido a Chávez. Para eso le ha servido también la participación legitimadora.”

Es muy llamativo el hecho de que Durán no diga palabra alguna sobre para qué abstenerse. ¿Qué debería, según él, hacer la oposición a la cual critica tan duramente?. El autor del terrible bombardeo guarda absoluto silencio. Quizás porque nada tiene que proponer. Quizás porque únicamente se le ocurre algo que no debe de ser escrito. El implacable Durán, quien opina como si supiera mucho, al contrario de unos supuestos estúpidos, carece de propuesta política o solamente concibe una de la cual es imprudente decir cosas concretas. Su planteamiento, entonces, es inútil o pernicioso. Se encuentra, pues, en una situación mucho más que incómoda. ¿No ha pensado que para algunos lectores –muchos tal vez- es inaceptable el comportamiento que asume?. Sólo a él corresponde dar respuesta. Tal vez no sepa o no quiera, o no pueda.

Mi análisis crítico sobre el discurso suyo estaría incompleto si no citara el único conjunto de ideas con el cual concuerdo:

“Discutir con qué condiciones se participaría en las elecciones de diciembre implica, por simple definición, que se cree en la posibilidad de que el presidente candidato Hugo Chávez, verdadero árbitro de la vida nacional, incluyendo el capítulo electoral, estaría dispuesto a someterse al escrutinio de un proceso comicial limpio. Es decir, que Chávez, aunque alimenta esa ancestral pasión candillesca de permanecer en el poder hasta el fin de los siglos, bajo el impulso de una súbita convicción política, al fin estaría dispuesto a reemplazar las normas que su comando político le impuso al Consejo Nacional Electoral en los meses previos al referendo revocatorio. En otras palabras, que Chávez es, más allá de sus posibles exageraciones llaneras, un demócrata más o menos cabal, al estilo del antiguo régimen. Para ser más exactos, que al margen de su autoritarismo de indiscutible corte absolutista, allá, en el fondo, él y su régimen son democráticos”.

En esta parte de su discurso Durán critica con razón posiciones asumidas por la mayoría de la ODO, que son ilusas o conforman una maniobra tonta. Solicita que el CNE tenga una composición equilibrada a fin de que la elección sea limpia. Sabe que la exigencia no será satisfecha, por lo cual habrá un comicio sucio; y al mismo tiempo anuncia su concurrencia al proceso electoral. Esto es incoherente, salvo si se dice con claridad que el propósito es realizar una lucha prolongada cuyo carácter definitorio es la resistencia democrática. Pero los componentes de la mayoría señalada no se han atrevido a plantear desnudamente lo que piensan. ¿Para cuándo lo dejarán?. Mientras sigan ocultando al país lo que íntimamente piensan continuarán haciéndole un gran daño. Es posible que algunos todavía no estén convencidos de que la lucha larga es inevitable. En tal caso, la duda sobre algo que la conciencia lúcida debería haber comprendido hace bastante tiempo estará también causando mucho daño.

femunoz@cantv.net

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