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Ser talibán en la vida Roberto Hernández Montoya Viernes, 16 de marzo de 2001 El fanático no cambia ni de opinión ni de tema. Lo objetable, lo peligroso del extremismo no es lo extremo, sino lo intolerante. Del fanatismo a la barbarie hay solo un paso. Si un hombre dice “sí” y un loro dice “sí” es porque hay acuerdo. Pero si un loro dice “sí” y un hombre dice “no”, es porque es un loro bruto. Su programa económico es muy bueno, solo le sobran ochenta millones de mexicanos. El fanático redobla los esfuerzos cuando ha olvidado los fines. Todo el problema del mundo es que los tontos y los fanáticos están tan seguros de sí mismos y los sabios tan llenos de dudas. Cuando uno es talibán en la vida está al resguardo de todo cambio de opinión. Sus convicciones son tan recias que no hay objeción, por bien armada que esté, capaz de hacerlo dudar. Y algo peor: no hay evidencia empírica capaz de conmover su obstinación. Es la estructura de la religión. Karl Popper decía que un conocimiento que no puede ser refutado no es científico sino religioso. Eso no tiene nada de malo en una sociedad abierta de libertad de cultos, en donde cada quien vive en paz con su creencia, desde María Lionza hasta la Gran Calabaza. Pero al talibán no le gusta ninguna sociedad abierta. En Lilliput Lemuel Gulliver se encuentra con dos sociedades de enanos que se entremataban porque unos cascaban el huevo por la punta y los otros por el medio. Tal vez no entiendes eso —yo tampoco—, pero un talibán sí. Un talibán es capaz de quemarte vivo solo porque comiste carne el día equivocado. El talibán no deja nada a tu conciencia, porque sabe mejor que tú lo que te conviene. El talibán quiere rescatarte de ti mismo y te mata para salvarte. Nada irrita más a un talibán que quien se resiste a ser salvado. Por eso ponen bombas y no les importa matar niños porque su causa es tan absoluta que no hay vida humana que valga más. Los vemos por el mundo entero. Por eso exterminan. Por eso derriban estatuas de religiones rivales. Cada vez que oigo hablar a un neoliberal venezolano me da la impresión de que estoy ante uno de esos exaltados. Sospecho que nos tocaron los más fundamentalistas y delirantes, los que decían sin pestañear que la Constitución de 1961 era socialista. Son perfectamente idiotas. No hay dato empírico que los perturbe. Para el neoliberalismo vulgar nunca hay distancia suficiente entre tasas pasivas y activas. Te dicen que todo crecimiento económico implica aumento de inflación y si la realidad los contradice, como está pasando ahí en la esquina, mírala, niegan la evidencia. La Causa del neoliberalismo ordinario es tan absoluta que no hay población por encima de ella. Por eso se negaron a ver el 27 de Febrero. Viene una calificadora de riesgo y les muestra que la cosa en Venezuela no es como ellos dicen y entonces la calificadora es comunista. Supongo. Son intolerantes y peligrosísimos porque tu integridad se les importa un ajo si contradice su hoja de cálculo. ¿Qué hacer con los talibanes? Es asunto delicado y te invito a meditarlo con calma, porque lo peor de todo, en donde su absurdo es más brutal, es que el talibán te tienta a no tolerarlo, es decir, a volverte como él. RHM en La BitBlioteca |
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Enrique Viloria Vera
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