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¿Magistrados o pobladas? Carlos Eduardo Ruiz Viernes, 21 de diciembre de 2001 Los magistrados del tribunal supremo de justicia -20 venezolanos- tienen ya en sus manos la herramienta que podría apartar a Venezuela de la locura comunista a la que pretende conducirla el desgobierno chavista. Cinco de ellos, los integrantes de la sala constitucional, deberán analizar los argumentos expuestos por Fedecámaras en nombre propio, de su presidente y de todos los venezolanos, para que los 49 decretos-ley aprobados por el presidente de la república, sean declarados nulos, y el país pueda retomar la senda de la sensatez y de la esperanza. Nos debería ser fácil adelantar cual sería la sentencia del tribunal ¡está de anteojito! como dice el vetusto refrán. Sin embargo, anteriores sentencias de estos mismos magistrados y las presiones que el poder ejectutivo está ejerciendo, al haber ya dictado su propia sentencia (¡No hay marcha atrás!), puede conducirnos a que el destino de nuestro país no sea decidido por los magistrados, sino por las pobladas que le harán saber a palos, pedradas y botellazos a los chavistas, que ellas no quieren ser comunistas, al haberse agotado las alternativas civilizadas. Venezuela no es Cuba, dijo el "jefe del proceso" en Guasdualito a los militares destacados en el Teatro de Operaciones Nro. 1, cuando mintió una vez más, al negar que pretenda cubanizar a Venezuela, como afirman numerosos -y calificados- voceros de muchos sectores de la sociedad venezolana; y yo le añadiría que muchísimo menos la Venezuela del 2002 (faltas apenas días para ese año), es la Cuba de 1959; cuando el primero de enero de ese año, salió huyendo de La Habana el dictador Fulgencio Batista, y comenzó Fidel Castro a construír el comunismo, que hoy a 42 años de esos hechos, mantiene esclavizado al pueblo de Martí. En la Cuba de 1959, el pueblo se volcó a las calles de toda la isla, a dar vítores a los barbudos de Fidel Castro, para agradecerles haberle puesto fin a la dictadura militar (lo que no ocurrió -de paso- cuando quienes nos desgobiernan dieron el cuartelazo del 4 de febrero de 1992). Por el contrario, en la Venezuela del 10 de diciembre de 2001, más de 20 millones de sus pobladores se quedaron en sus casas para manifestar su rechazo al paquete de decretos chavistas que trasnochados comunistoides pretenden convertir en leyes del país. En la Cuba de 1959, los revolucionarios cubanos comenzaron de inmediato a asesinar a sus opositores, al mandarlos al paredón de fusilamiento luego de someterlos a farsas que aparentaban ser juicios, sumiendo a los cubanos en el miedo y el terror. En la Venezuela de 2001, nadie siente miedo -muchísimo menos terror- de las ridiculeces que dice a cada rato el "jefe del proceso", como lo han demostrado los productores agropecuarios que ya han dicho públicamente, que no acatarán la ley de tierras; y los padres y representantes que ya han elaborado "manuales para la desobediencia civil" para enseñar a los que aún no saben, cómo resistir a los supervisores itinerantes que el desgobierno chavista pretende utilizar para convertir a los infantes y adolescentes venezolanos en "pioneros de la revolución pacífica". Las muestras de que los venezolanos no tenemos miedo abundan. Podemos comenzar por citar que Venezuela acaba de registrar -en diciembre de 2001- una tasa NEGATIVA de emigración, ratificando una de las más protuberantes características de su gentilicio: Los venezolanos no emigran. Ni siquiera registró Venezuela una tasa positiva de emigración cuando muchos europeos con años de residencia en nuestro país, regresaron a España, Italia y Portugal, para aprovecharse de las muy favorables políticas que la Unión Europea y los tres países mencionados, ofrecieron a sus nacionales que desearan "repatriarse". Otras muestras de lo acertado que estuvo Vicente Salias, cuando llamó a los venezolanos "Bravo Pueblo", nos la dió el gobernador del estado Miranda, Enrique Mendoza, quien ordenó cerrar las escuelas de su estado el 10-D, "importándole un pito las amenazas del ex-ministro de educación" (Héctor Navarro), porque el responsable del orden público en su estado era él y no el ministro. El gobernador del Zulia, también, convocó a un foro público para analizar los decretos chavistas y posteriormente entregó a la Asamblea Nacional sus objeciones a los mismos. Y ni hablar de los discursos-respuesta que el alcalde metropolitano pronuncia cada vez que es agredido verbalmente por el "jefe del proceso". Los legítimos gobernadores de Táchira y Mérida, el "cura" Calderón y William Dávila Barrios, acaban de anunciar que liderarán la desobediencia civil, y el partido Acción Democrática que los chavistas creían "muerto", no sólo organizó en Caracas una nutrida manifestación, sino que no permitió que bandas de fascinerosos chavistas sabotearan su protesta -los aporrearon- recordando sus cabilleros orígenes, y siguieron su marcha hasta culminar su objetivo. Lo mismo hicieron las damas que acompañaron a Alejandro Peña Esclusa, quienes demostraron que llevar los pantalones no es un asunto exclusivamente masculino en Venezuela, y marcharon a sabiendas de que serían esperadas por las hordas stalinistas del alcalde Bernal. No llegaron hasta el "balcón del pueblo", porque hayan desistido en sus intenciones, sino porque la policía se lo impidió. No debemos olvidar a la CTV, cuyo presidente ya dijo que "le importa un pito que el tribunal supremo de justicia o el consejo nacional electoral intenten desconocer su triunfo, si lo hacen, serán los propios trabajadores quienes saldrán a la calle a ratificarlo". Los oficiales retirados del Frente Institucional Militar, que ni remotamente conspiran como hizo Chávez mientras estuvo activo en las Fuerzas Armadas, sino que dando la cara diaria y públicamente, se dedican a poner en su sitio a quienes nos desgobiernan y a orientar a los venezolanos sobre lo que realmente está aconteciendo en el interior de los cuarteles... tampoco tienen miedo. Mención especial merecen los periodistas y los dueños de medios de comunicación, quienes pese a las constantes amenazas de la banda en posesión del poder público, no dejan de decirle al país -y al mundo- la verdad de los hechos; y aquí también existe un nutrido grupo de damas periodistas cuyas fotografías deberían aparecer en los diccionarios para ilustrar el significado de la palabra "guáramo". ¿Y qué decir del pueblo llano que se alineó el 10 de diciembre de 2001 a la entrada del aeropuerto de La Carlota, para sonar las cacerolas en los oídos de los uniformados y políticos chavistas que debían pasar obligatoriamente frente a ellos en su camino al acto de celebración del 81 aniversario de la Fuerza Aérea, gritándoles además... ¡Pajúos!...? Y todos aquellos que hayan asistido ultimamente a los partidos de pelota en el estadio universitario de Caracas, deben recordar como las masas de las gradas le gritaban todo tipo de epítetos insultantes al "jefe del proceso" ¿Quien dijo miedo?... Por ello, si los magistrados -al igual que quienes nos desgobiernan- deciden aislarse en un burbuja de irrealidad, allá ellos. Habrán cerrado la última puerta abierta hacia la civilización. Por lo que al pueblo -a quién le habrán retirado con su decisión, su legítima copia de la llave que abre esa puerta- no le quedará otro remedio que derribarla; porque -como saben de sobra los magistrados- ya el pueblo venezolano ha demostrado PACIFICAMENTE hasta la saciedad, que no está dispuesto a ser comunista. Destruír es fácil. No se necesita ni siquiera saber leer o escribir. Eso es precisamente a lo que se han dedicado los chavistas estos últimos tres años. Construír y reconstruír, es mucho más cuesta arriba, como han aprendido los propios chavistas en sus numerosos intentos por mantener en pie el castillo de naipes que llaman "revolución" y que construyen para que el monarca -de ellos- se sienta feliz, jugando con él. ¿Magistrados o pobladas? ¿Qué piensa usted, amigo lector?
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