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Sección: Política
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No es Marxista, sino FascistaJose Rafael Lopez PadrinoMiércoles, 10 de marzo de 2010
Amplios sectores de la oposición venezolana se empecinan en asociar centralismo y estatismo con socialismo. Así, cualquier medida tomada por el mandón de Miraflores que apuntale su opresor Capitalismo de Estado y su asfixiante centralismo, es etiquetada por la mayoría de los medios -salvo contadas excepciones- y por muchos opinadores de oficio -que desconocen la obra de Marx- como una nueva acción de carácter socialista o marxista. Parten de dos premisas falsas, primero que el gobierno del tte coronel es socialista, y segundo, que las estatizaciones son medidas marxistas. Ignoran que el carácter del Estado venezolano sigue siendo burgués, que el mismo no ha cambiado, todo lo contrario se ha fortalecido con el surgimiento de nuevos actores representados por la boliburguesía cívico-militar del siglo XXI. Además, obvian que las empresas estatizadas por el régimen, no han pasado al control de los trabajadores, sino a manos del Estado. Es decir no ha cesado la explotación de los trabajadores, la única variante es que la plusvalía ya no va a los bolsillos de los viejos amos de los medios de producción, sino a las arcas del Estado. Además, que estas estatizaciones no han sido verdaderas expropiaciones -el Estado no paga nada al propietario de los bienes- sino más bien son compras negociadas, las cuales han representado fabulosas operaciones financieras a través de las cuales las multinacionales han recibido cientos de millones de dólares. Contrariamente a lo que afirma el tte coronel, los trabajadores de las empresas estatizadas no se han beneficiado en nada, todo lo contrario, han perdido conquistas sociales, entre ellas el derecho a la discusión de sus contrataciones colectivas, así como la imposición de condiciones precarias de trabajo. Con el agravante para los trabajadores, que ahora se enfrentan a un nuevo patrón: un poderoso petroestado el cual en sus pretensiones hegemónicas utiliza la demagogia obrerista, la criminalización de la protesta social, y hasta la represión brutal (uso de las fuerzas policiales, y la FAN). Marx en su extensa contribución intelectual nunca propuso forma alguna de estatismo. Todo lo contrario, siempre planteo la necesidad de que los medios de producción estuviesen administrados por los trabajadores organizados, pero nunca por el Estado. Igualmente, se erigió a favor del federalismo, y fue un enemigo declarado de la centralización tanto del poder político, como del económico. Promovió la transformación de la estructura económica y social, a fin de lograr la emancipación humana. No puede ser marxista un proyecto sin sujeto histórico, que se apoya fundamentalmente en el lupem-proletario, sector que por su orfandad clasista responde más a las pasiones, emociones y sentimientos que a posturas ideológicas reales, convirtiéndolos en un verdadero caldo de cultivo para cualquier proyecto político, no importando cuan perverso este sea. No puede ser marxista quien conculca los derechos de los trabajadores, y cuestiona la vigencia y el papel de los sindicatos. No puede ser marxista quien entrega nuestras riquezas energéticas -plataforma Deltana y Falconiana, la faja petrolera del Orinoco, etc.- al capital transnacional; no puede serlo quien instrumenta políticas neoliberales (pago de una deuda externa ilegítimamente contraída, endeudamiento interno-externo desenfrenado, precarización salarial, política fiscal recesiva, etc.) en detrimento de los intereses de las grandes mayorías. Que además promueve un culto enfermizo a su personalidad, y que a través de las estructuras del Estado ejerce un control represivo de la vida política y social del individuo. Los venezolanos padecemos las consecuencias del socialfascismo bolivariano, que ambiciona una “sociedad controlada”, en las que todos debemos obedecer, con disciplina militar, los dictámenes emanados de un comandante y jefe dueño del poder. Estamos ante un falaz socialismo dirigido por una derecha fascista, en contubernio con una pseudo-izquierda arrodillada ante la apestosa bota militar, que ha sepultado los sueños y esperanzas de cientos de miles de venezolanos que depositaron su fe en dicho proyecto. El socialismo que proclama el tte coronel y su grupete, ha pretendido adueñarse de los espacios ideológicos y las banderas de lucha ocupados tradicionalmente por la izquierda en nuestro país. Este fraudulento socialismo militarizado no es más que una grotesca falsificación de los postulados e ideales revolucionarios marxistas propios de los verdaderos proyectos emancipadores. Entramos a nuevos tiempos en los cuales importantes sectores populares y organizaciones revolucionarias han comenzado a entender la magnitud de la farsa que representa esta autocracia militar, sostenida por petrodólares, que lejos de impulsar cambios de carácter socialista, impone un proyecto de capitalismo de Estado perverso y explotador utilizando la intimidación como arma política. Es de extrema urgencia tenderles un puente a estos sectores, a fin de insertarlo en un contexto político para que lo social y lo político se unifiquen en un proceso combinado de lucha a fin de reconstruir los espacios democráticos perdidos. Es imperativo la construcción de un sólido e infranqueable muro contra el socialfascismo bolivariano y su caciquismo militarista que hoy pretende retrotraernos a los peores tiempos del siglo XX. |
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