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Sección: Política
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El señor de la cavernaFreddy LepageLunes, 16 de noviembre de 2009
El presidente Chávez se ha quejado, recientemente, de que “vive en una cueva”. Eso quizás nos dé una clave para intentar adivinar el porqué de sus proclamas delirantes y desquiciadas como gobernante. Quien permanece encerrado en una cueva no tiene contacto con la realidad, sobre todo cuando sus anillos de seguridad cubanos le hacen ver que su vida está en permanente peligro, tal como él mismo lo ha reiterado muchas veces. Al fin y al cabo, todo el que trabaja en este campo tiene que cuidar su cambur. Sobre todo cuando de megalómanos se trata. Es muy fácil, en este tipo de personalidades construir un poderoso valladar, que le impide la relación con el ambiente circundante. Mucho se ha escrito sobre la soledad del poder, y muchos gobernantes la han sentido de manera dramática. Ésta viene en diferentes formatos y colores, dependiendo de la personalidad de quien lo ejerce. Cuando escuché la confesión del caudillo de Sabaneta, inmediatamente me vinieron a la mente los innumerables e interminables viajes del inquilino de Miraflores alrededor del planeta. Se puede afirmar, sin lugar a dudas y exageraciones, que el record de permanencia en el aire de Chávez, es digno del libro de Guinness. No hay mandatario en el orbe que lo iguale. Será que, para el líder único de la revolución bolivariana, el mundo -emulando el término de Mcluhan- se le ha convertido en una “cueva global”. Porque de lo contrario no tendría sentido tan estrafalaria y rocambolesca aseveración. Ahora bien, cuando nos referimos al país la cosa es diferente… Es evidente que, Chávez se distanció del pueblo (nadie se le puede acercar): es ciego, sordo y mudo ante la campante corrupción y estulticia imperantes y ante los gravísimos problemas que acogotan a los venezolanos. Cada día nos parecemos más al “mar de la felicidad” de los cubanos. Mientras la nación se cae a pedazos, el nuevo redentor de los pobres, pelea, cual Don Quijote del siglo XXI, contra molinos de viento. Recrea y disfruta -en su prolífica imaginación- su propia epopeya, en feroz carrera hacia la fantasía. Las recientes aluciones belicístas así lo confirman. Pero, lo malo de la película es que, el Presidente, no sólo mora en una cueva, sino que también gobierna desde ella. Y eso traído un impresionante retroceso en las condiciones de vida y bienestar de la gente. No hay quien se salve -excepto los altos funcionarios del régimen y los boliburgueses- de la debacle nacional. Padecemos una caverna económica auspiciada por los resentidos de la revolución. No hay agua, por ende, hay que apelar a la vieja y criollísima totuma para darse un bañito. No hay luz, entonces, para cumplir con las necesidades nocturnas, Chávez recomienda, la revolucionaria providencia de apelar a una linterna para alumbrarse. En la caverna, los delincuentes hacen de las suyas, convirtiendo a las ciudades y pueblos, en simples ghetos con toque de queda incluido, o campos de concentración. Sobre todo en estos tiempos de tiniebla obligada que hacen buena la común aseveración de que “en el crimen trabaja en la oscuridad”… Sin embargo, el “señor de la caverna” controla y avasalla a todas las instituciones, para ponerlas a sus pies. Premia el servilismo y la adulación, antes que la capacidad y el amor a la patria. Se monta el caballo del comunismo a los efectos de eternizarse en el poder y, para colmo, juega a la guerra irresponsablemente… |
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