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Ay de quienes confíen en un árbritro vendido
Alberto Franceschi G.

Jueves, 11 de diciembre de 2003

Y bien, nos encontramos de nuevo pendientes de la nueva fecha, del nuevo gesto del negocio de Carter, de la nueva ambigüedad de Gaviria y por sobre todo de la nueva hipocresía del famoso árbitro. El zamuro que puso Chávez a cuidar carne. Apuesto lo que sea que ese árbitro está vendido y que, cuando le toque decidir, le dará una arritmia, se apartará en el momento decisivo y pondrán a quien sin grima desconozca la más monumental de las evidencias: la oposición somos las cuatro quintas partes y queremos que Chávez se vaya de inmediato.

Mientras una vez más se nos encerró en nuestras casas para esperar y esperar, el bicharraco se burlaba desde la colosal tribuna de su mitin nacional portátil sobre los “cincogé”. El G cinco, objeto de su mofa obscena.

Celebró en grande los cinco primeros años de la primera vez en que embaucó al país, con los comeflores de entonces como oposición. Nos hizo recordar la amarga ironía sobre como lo financiaron aquellos grandes poderes que ayer lo consideraron manejable y aprovechable y hoy lo pagan con sus empresas en rojo y arrinconadas por el atropello.

Ahora el atronao no los necesita, es multimillonario en dólares, tiene aún en sus manos el aparato de estado como fuerza coercitiva y hasta se da el lujo de agenciar los intereses mundiales del izquierdismo pedigüeño y la sobre vivencia agónica y desesperada de la burocracia castrista.

Ya obtuvo la vía libre y el tiempo necesario para, a pesar de su infinita incompetencia, generar una casta social estimada en medio millón de sigüises de todos los niveles. Estos aplauden a rabiar el cinismo estertóreo, de quien resolvió quedarse a lo macho en el poder a pesar del repudio manifiesto de la gran mayoría nacional.

Desde el pobre infeliz que enrolado en el Robinson cobra el salario mínimo, hasta los potentados Nóbrega o Sarria, siguen incólumes en su apoyo al gran orate, aún en la gigantesca patraña de negar la portentosa victoria del Reafirmazo de la oposición y lo esmirriado del firmazo del gobierno.

Lo que si cambió fue el elenco empresarial que se beneficia de los escombros de nuestra economía. Grandes banqueros, felizmente con excepciones, se fornican la república chavista mientras comprometen diez veces los ahorros de sus confiados clientes. Nuevos y usados aprovechadores vuelven a extender la mano para recibir el crédito que no pagarán. Son parte del decorado caro de esta república de delincuentes.

Es oportuno recordar que desde un primer minuto, y no después de perder los favores del infausto régimen, hubo quienes dijimos que estábamos ante charlatanes y ladrones de alto vuelo. Y quienes tuvimos además el privilegio de estudiar un poco la historia mundial y conocer de cerca otros procesos políticos, podemos comparar que las falsificaciones del régimen chavista ya fueron concebidas por líderes tenebrosos de otras latitudes. Esa capacidad infinita de mentir y hacer aparecer sus derrotas como victorias, pertenece a la más estricta tradición de la ideología policial estalinista, castrista y también nazifascista.

¿Pero, frente a esto qué hacemos? ¡¡ me increpará un fastidiado lector que ya no quiere saber de literatura política, sino de estrategia y tácticas certeras para poner fin a esta pesadilla...

La respuesta amigos, ya la oí en la calle tantas veces que me parece pedante decir que la dije entre los primeros.

Este gobierno sale por la fuerza. Sólo con el concurso de la fuerza militar, que le obligue a abandonar la escena por espurio y antinacional, podemos imaginar un retorno a la democracia política.

Lo otro que se escucha masivamente es la fantasía nacida de la impotencia de la mayoría que con la mayor naturalidad aboga por la eliminación física del presidente.

El orate Chávez tiene en su debe muchos crímenes, pero el mayor de ellos es haber hecho, con su prédica de odios, a este país de gente buena y pacifica, un tormentoso escenario para potenciales magnicidas. Ojalá ni siquiera los actos sacrílegos de los obstinados talibanes chavistas induzcan a tal disparate, que sólo generaría anarquía.

Los ingenuos, cínicos, oportunistas o demócratas formalistas que dirigen la oposición deberán saber que se acabó la espera. Tendrán siempre público para sus mejores intenciones y para sus quimeras. Pero la única solución real e inmediata contra los usurpadores enquistados a lo macho en el poder, es su desalojo por la fuerza. Veremos en las calles, si es que la gente vuelve, exigir este viraje. Querámoslo o no eso también lo produjo Chávez, Si el hilo constitucional se rompe, pues se empata.

afranceschig@cantv.net

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