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Sección: Política
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Elecciones: Viva la oposiciónDomingo FontiverosMiércoles, 26 de noviembre de 2008
Los factores y partidos de oposición, con el apoyo resuelto de la vocación ciudadana, han infligido por segunda vez en menos de un año otra gran derrota política al régimen y a su modelo electoral. En diciembre pasado se impidió la reforma constitucional y ahora se demuestra que electoralmente el gobierno no puede imponer su ambicionada hegemonía. Es cuesta arriba derrotar a un modelo electoral como este que está montado para que las contiendas sean tremendamente desiguales a favor del gobierno. Este modelo permite al oficialismo controlar todo el sistema de votación y escrutinio, incluso el acceso de los dirigentes opositores a las candidaturas a cargos de elección popular. Permite al oficialismo utilizar los ingentes recursos mediáticos y económicos del Estado, prácticamente sin control ya que también se domina en las instancias que pudieran corregir y revertir las actuaciones arbitrarias del poder público en estos terrenos. Para estas elecciones, y a nombre de la revolución, se volvieron a emplear todas estas "facilidades" para arrinconar a los candidatos opositores en general. De hecho, la revolución invirtió todo los recursos posibles y el peso enorme de su máximo líder para doblegar la voluntad opositora de los electores, hasta el punto de reemplazar en los candidatos su personal figura y discurso, buscando una desesperadamente requerida abrumadora victoria para respaldar su proyecto de poder indefinido con miras a nuevas iniciativas de cambio constitucional en el futuro. No pudieron. En las posiciones de gobierno descentralizado de mayor jerarquía y con mayor población, las gobernaciones de Zulia (más de 1,4 millones de votos), Miranda (casi un 1,1 millones de votos) y Carabobo (850 mil votos), así como la Alcaldía Metropolitana de Caracas (1,35 millones de votos), ganaron candidatos con mensaje distinto al régimen. En el estado Táchira (casi 500 mil votos), fronterizo con Colombia y geopolíticamente crucial, también ganó gallardamente el candidato opositor. En el estado insular de Nueva Esparta, de menor magnitud poblacional (poco menos de 200 mil votos), fue reelecto el gobernador opositor con el mayor margen. Y todos ellos lograron sobreponerse al avasallante ataque de desprestigio y descalificación del cual fueron objeto en forma salvaje desde el aparato propagandístico oficial. Incluso algunos, notablemente Ledezma y Pérez Vivas, lograron victorias sin contar con mayores recursos propios o maquinaria, y a pesar de muchos pronósticos en contra. Los oficialistas perdieron en los estados de mayor entidad. Perdieron donde más se concentra la población. Donde se realiza el más voluminoso flujo comercial terrestre con el exterior. Donde están las mayores aglomeraciones manufactureras. Donde están las más grandes universidades. Donde se realiza la más intensa actividad cultural y deportiva. Donde se concentra el mayor flujo turístico. Perdieron en estados del centro-norte, este y oeste de la geografía. Perdieron en los lugares donde más furiosamente centraron el abuso verbal, propagandístico y mediático. Perdieron incluso donde inhabilitaron a opositores que se habían convertido en candidatos naturales. Perdieron contra antiguos y nuevos contendores. Perdieron contra una miríada de partidos opositores con pocos recursos pero que con grandes esfuerzos pudieron presentar en muchos sitios fórmulas electorales unitarias. Y perdieron también el apoyo de muchos anteriores aliados. La oposición está "vivita y coleando", después de casi una década de andanadas y acoso. De hecho, se ha vuelto a poner de pie y está mejor organizada para las contiendas electorales y políticas que vienen. Nuevas figuras han aparecido, algunas ganadoras; pero incluso los casos no victoriosos han demostrado una capacidad sorprendente de movilización del entusiasmo popular. Un Nuevo Tiempo y Primero Justicia se consolidan como nuevos partidos con gran penetración nacional y social; incluso AD y Copei siguen mostrando importancia general, en algunos casos de considerable magnitud. La ola de voluntad popular que colocará al país en un rumbo de cambio definitivo está apenas comenzando. En diciembre pasado se detuvo el camino al barranco. Este noviembre, se establecieron nuevos polos para la irradiación de ese movimiento de cambio y se demostró que el hegemonismo no es aplicable. De ahora en adelante, es crucial que se afinen los mecanismos para la lucha política unitaria a nivel nacional, estadal y, muy importante, municipal; también para el control electoral. Es crucial, igualmente, que las nuevas autoridades que representan el cambio, así como las que repiten, demuestren su mayor competencia para resolver asuntos de interés local y regional, así como un planteamiento político general de progreso, libertad y convivencia social. Lejos de dormirse en los laureles, la oposición debe seguir activando los magnetos de las simpatías populares, más allá del descontento generalizado con la labor concreta del gobierno que está presente en todas partes, a pesar de que a nivel de gobernadores, el chavismo obtuvo casi un 54% del voto general, según reporta el CNE. Afortunadamente, la oposición concentró sus mayorías en algunos puntos clave para ganarlos. Pero persisten muchos otros espacios donde la gente espera la propuesta material de alternativas. En otras palabras, todavía falta mucho por hacer. |
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