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Opinión y análisis

El cochinito
Paulina Gamus

 
Miércoles, 27 de diciembre de 2000

No podía ser mejor la fecha, ningunos días más apropiados que éstos de aguinaldos, hallacas y parrandas para designar a los miembros del Poder Moral. A los amigos públicos del gobierno revolucionario se sumaron los amigos secretos, ésos que llegaron a la Asamblea Nacional con los votos de la oposición para que hicieran oposición y ahora parten un confite con los emeverrecos a cambio de su aguinaldito. Hubo hasta un adelanto del Día de los Inocentes y cayeron como tales los postulados y auto postulados que no formaban parte del “paquete”, nombre que los cogollos parlamentarios dieron al conjunto de acuerdos para imponer sus cuotas partidistas. Si se pudiera dar un valor en dinero contante y sonante a las horas de reunión de los parlamentarios y de la Comisión de Postulaciones y a las palabras emitidas para argumentar en pro o en contra de los aspirantes, el que acabamos de presenciar sería el show más costoso de la historia patria. También el más burdo, porque uno va por ejemplo a ver un espectáculo del mago David Copperfield y sabe que todo lo que sucede en el escenario es truco, ilusión óptica pero le queda el asombro del cómo lo logró. Las personas a las que desapareció en realidad no están desaparecidas, solo que uno deja de verlas. En el espectáculo de estos aprendices de taumaturgia uno sabía de antemano cuántos conejos saldrían del sombrero, de qué color sería su pelo y hasta los nombres. Se ha dilapidado tiempo y dinero para publicitar una lotería cuando ya eran del dominio público los números ganadores.

Toda la discusión acerca de los doctorados, méritos, honradez y demás virtudes que se suponía debían adornar a los candidatos quedó resuelta de manera magistral por esa lumbrera del Foro bolivariano, ínclito diputado del MVR llamado Omar Mezza: La condición esencial era que los ungidos hubiesen visto de cerca la pobreza ya que de lo contrario carecerían de sensibilidad social. Haberlo dicho antes, así en vez de estar reuniendo papeles y sacando copias fotostáticas y esperando por constancias para llenar carpetas de credenciales, habría bastado con que cada aspirante probara en qué rancho de cuál cerro pasó su niñez, lo escaso y miserable de la dieta familiar en sus tiempos de pobreza extrema, alguna foto con sus ropas raídas y los zapatos rotos, mejor alpargatas. Es decir, como un niño de la Patria cualquiera. Eso fue lo que sacó del juego al Doctor Carlos Ayala Corao, según palabras de Mezza Ramírez, el delito, la mácula de no haber sido un indigente. Visto al revés el asunto tiene una lectura muy acorde con la filosofía chavista de repudio a los ricos. El problema es que no-solo están en entredicho quienes ya lo son sino cualquiera que trate de serlo por medios lícitos tales como el trabajo, la inversión, la creatividad. Otra cosa son aquellos que nacieron pobres y hoy se vuelven millonarios gracias a la Quinta República como pasó en la Cuarta. Nuestro Dios revolucionario les asegura un puestico en su olimpo particular.

A los chicos lindos de Primero Justicia, a quienes hay que reconocerles que son lo suficientemente inteligentes para entender que el papel de la oposición es oponerse, casi los despellejan. Dos enfurecidas diputadas del MVR les recriminaron que hubiesen llevado un cerdito de carne y hueso para graficar, como dicen algunos asesinos del idioma, la porquería que se estaba consumando en el recinto parlamentario. Amenazaron estas representantes del pueblo con denunciar a Julio Borges, Gerardo Blyde y demás autores del performance, ante la Sociedad Protectora de Animales. Lo cierto es que si el cerdito pudiera hablar debiera ser él quien protestara que se lo compare con los diputados que respaldaron con sus manos alzadas esa mojiganga. A algunos lo que les faltó fue mostrar sobre sus curules los otros cochinitos, ésos de cerámica que se exhiben por estos días en cuanto lugar público existe para redondearse un resuelve. Los tenían pero escondidos.

Como estos son días navideños de amor y de paz hay que tratar buscarle su lado bueno a las peores cosas. Lo intentaremos: Antes, en la Cuarta, cuando campeaba el oprobioso puntofijismo, la gente que debía acudir por cualquier causa a la Corte Suprema de Justicia, pasaba su trabajo tratando de averiguar de qué partido era el magistrado Tal o quien era el amigo protector del magistrado Cual para así poder llegarle y moverse con él sobre seguro. No dejaba de ser algo engorroso. En esta era de cambios revolucionarios, la transparencia es la norma de manera que ya todos, hasta el más despistado de los venezolanos está enterado del origen de cada nombramiento y a quién le debe lealtad cada uno de los coronados. Y por último, que ya no se hable más de AD La Florida y AD Los Chorros, hablemos mejor como en el pasado, de AD-Gobierno y AD-Oposición. Feliz Navidad para todos los lectores. La del Poder Moral, ya lo sabemos, será felicísima.

 

 

 
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