Con sorpresa mezclada con estupefacción, los venezolanos, cada vez más pobres con una inflación cancerosa de 23 % anual, oyeron por tv a su Presidente ofrecer en el exterior 100 millones de dólares y otros recursos para solucionar problemas ajenos.
A nuestro alrededor la necesidad, la basura, las privaciones se repiten. Ya no es sólo que encoge el alma celebrar ruidosamente navidades cuando hay tanta gente desempleada, humillada, perseguida, muerta, convertida en "daño colateral" del paro de hace dos años, de la rebelión de los petroleros, del 11 de abril, de Altamira, de los firmazos y del referéndum, sino que la pobreza extiende sus tentáculos para engordar, chupándose lo que queda de la clase media. Estamos rodeados de basura, de recogelatas, de locos, de fantasmas que viven en edificios imposibles en Vargas, de sicarios. Y entonces se nos restriega en la cara todo el dinero que maneja el gobierno, que no se emplea en sanar nuestras heridas, sino que se ofrece en el exterior para mas brillo del jefe de la revolución..
Pero mal puede un país partido en dos servir de base para construir una comunidad económica de naciones.. Nuestro gobierno está evidentemente mas interesado en el tema político de agrandar su área de influencia, expandir su modelo populista , dar una mano a los movimientos que se le parecen en toda América Latina y meterle el hombro al gobierno cubano, que en abrir las fronteras, controlar la inflación, regular el gasto público, fomentar inversiones, respetar las propiedades y cortar la corrupción de sus funcionarios. Hacia afuera se repite y se repite que en Venezuela se ayuda efectivamente a los pobres, cuando lo cierto es que se gasta mil veces más en decirlo que lo que se gasta en hacerlo. El doble discurso signa todos y cada uno de las palabras de un líder que desprecia las reuniones de presidentes, pero que anda de cumbre en cumbre y de abismo en abismo, ofreciendo afuera los recursos que no le llegan a su pueblo hambriento.