¡Viva la Política! De lo contrario, el Zoon Politikon que se supone somos, se queda en puro Zoon, es decir, en simple animalidad de la más cruda y pedestre. ¿Cómo hacer para que el Presidente entienda, que no llegó a Miraflores por efecto inmediato de su fracasada asonada militar? ¿Cómo hacerle ver que está allí por la actitud democrática de sus conciudadanos, aprendida en los 40 años que pretende negar? Por obra y gracia de esa actitud que el ahora intenta conculcar.
Está visto que el hombre no calza la talla para negociar, para hacer política, que nos conduce hacia la continuación de ella por otros medios, cual Clausewitz de pacotilla. Parecería ser el único lenguaje que entiende y en el cual él supone ideales ventajas personales, sin medir consecuencias ni importarle el futuro.
No le creo cobarde, si a ver vamos, la valentía que blasona es un sentimiento primario presente en todos los seres humanos, precisamente por animales que somos. Y él ha demostrado serlo en demasía. Pero sin ser cobarde ante las vías de hecho, si lo es para el dialogo y la negociación, porque no tiene respuestas ni argumentos racionales para fundamentar sus posiciones y ,en su interior, sabe de sus carencias e insuficiencias, por eso desprecia la política. Su ego esta estructurado sobre la superioridad de la fuerza, el servilismo y la obediencia; del intelecto solo aprecia las memorizaciones, ellas le dan oportunidad para apantallar ignorantes.
Confundió autoridad con autóritas, creyó que el solo poder es suficiente para gobernar con grandeza, lo que no es extraño en quien no puede distinguir entre sentimiento y razón, en quien agotó su cultura literaria en don Eduardo Blanco y de allí pasó al Manual del Paracaidista, con una que otra incursión en Condorito y Mafalda. Sólo le queda un mendrugo de autoridad y una pizca de poder. ¿Que otra lectura tendría la defenestración de Weffer, en oposición a sus deseos y a solo dos días del regreso de Lucas?
El cambio no es posible porque, para ello, se necesita sí, el inmenso valor de la humildad, ese que se requiere para decir me equivoqué y ahora pienso diferente, el valor de los Dioses, el de los seres superiores. No el de los resentidos, ni el de los solapados, ni el de los felones, quienes creen que todos los demás son de su condición.
Quien asi piensa no puede reclutar subalternos de valía por temor a la traición. Ese y no otro es el origen de la incapacidad que demuestra su equipo de gobierno. Un equipo reclutado con esa premisa debe obedecer, no se le permite pensar y menos aun actuar. Quien ose contradecirlo será sacrificado, el ego del factotum se siente inseguro ante tales demostraciones de independencia. No habrá cambios, excepto los gatopardianos de Lampedussa.
He repetido que el prestigio de Chávez es un prestigio que se va. Ya en el año nuevo, puedo decir que es un prestigio que se fue.
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