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Política - Opinión y análisis
En Venezuela no hay régimen constitucional que se pueda violar
No es necesario un golpe para que salga Chávez

J.R.Ramírez

Martes, 18 de diciembre de 2001

Que hay una conspiración para dar un golpe, dicen los voceros oficiales. A tal conclusión llegan bajo el análisis estrictamente legalista de que la Constitución vigente no contempla la posibilidad de un relevo presidencial ya que eso sólo está permitido a mitad de período, mediante un referéndum revocatorio, y que Chávez sólo tiene un año en su mandato. La consigna, esgrimida por una cada vez mayor cantidad de ciudadanos, que se resume en “Chávez vete ya”, la ven como el santo y seña de la conjura.

Nos atrevemos a decir que esa legalidad a la que hoy se aferra la gente del gobierno no está consolidada. Por el contrario, ella es expresión de un proceso que se inició con el deterioro de la democracia puntofijista y que no se ha detenido aún. Los dos alzamientos militares (4-F y 27-N), el ascenso de Hugo Chávez al poder, la Constituyente, la demolición del aparato político-partidista adeco-copeyano, etc, de ninguna manera puede entenderse como el definitivo encauzamiento del país hacia un verdadero Estado Democrático donde la fuerza descanse en la ley, donde se logre una mejor distribución de las riquezas que permita disminuir las diferencias sociales acabando con la pobreza y todas sus secuelas tales como el hambre, el analfabetismo, la insalubridad, la inseguridad, la falta de techo, y de tantos otros males que nos aquejan.

Esas deficiencias, sumadas al deterioro ético y moral que caracterizó el pasado reciente, dieron lugar a la llegada del chavismo, que igual ha podido ser denominado de otra manera si el hombre que hubiese aparecido hubiese sido otro, es decir, el hombre, su apellido, no importa, eso sólo iba a ser, como en efecto lo fue, un elemento catalizador de aquella crisis, y el instrumento para lograr las soluciones al problema. Muy bien, llegó Hugo Chávez y encarnó el clamor por los cambios. Millones de venezolanos depositaron en él su confianza y el país entero esperaba que él hiciera lo que se requería. Por eso el abrumador respaldo, por eso se le dejó hacer cuanto quiso incluyendo la elaboración del nuevo texto Constitucional. Pero no avanzamos. Después de tres años vemos que todo sigue igual y en muchos casos estamos peor que antes, es decir, el hombre no cumplió con el objetivo que le correspondía.

Legalidad no consolidada

Chávez se dedicó a desmontar todo el andamiaje institucional anterior, y en ese propósito arropado con el manto de su gran popularidad inicial, que muy poco le duró, fingió ser un gran demócrata y convocó al pueblo al proceso constituyente. Hizo un referéndum que fue groseramente confiscatorio de los más elementales principios para el ejercicio de la libertad de conciencia de los electores. Integró la Asamblea Nacional Constituyente, en su aplastante mayoría, por personas cuya principal, por no decir única virtud, era la incondicionalidad a él. Se metió a fondo a hacer campaña por esos personajes, grises en un altísimo porcentaje, adoptó un sistema de “kino” donde los publicitó con uso y abuso de los recursos del Estado, creando así una grosera desigualdad frente a quienes no iban en sus listas. Invistió a su mujer como Constituyente, a su hermano, a guaracheros y joropistas, a guardaespaldas y choferes, tenientes y capitanes, y pare usted de contar ese variopinto conjunto de mediocridades que convirtió nada más y nada menos que en “Constituyentes”, honor que en todos los países del mundo está reservado a relevantes personalidades intelectualmente preparadas para tan delicada misión. Conformó allí un rebaño que nunca abrió la boca para opinar sobre ninguno de los artículos de la Carta Fundamental que se elaboraba. Se marginó la sapiencia de un Jorge Olavaria, de Máiz Vallenilla, Gerardo Blyde, y de otros que sí tenían los conocimientos y credenciales intelectuales, académicas y morales como para jugar tan crucial papel de forjador de la Constitución de una Nación. ¿Qué podía salir de allí? El bodrio que salió.

El cuadro es patético. Como lo reflejan las encuestas y puede ser constatado en la calle, todo el mundo está desilusionado. En este año se han registrado más conflictos laborales y protestas callejeras que en todo el período del segundo gobierno de Caldera. Los niveles de miseria no han bajado. Más bien ahora tenemos más desempleados porque la economía no funciona, trayendo como consecuencia inmediata el desempleo, la quiebra de empresas, la delincuencia sin freno, el buhonerismo cada vez más extendido. El gobierno se ha metido en confrontaciones que no son de su incumbencia como las elecciones de Fedecámaras, las de la Universidad Central, la central obrera, el partido MAS, y en todas han salido derrotados sus candidatos. Ningún servicio público funciona adecuadamente, la corrupción es escandalosa, abierta, y está amparada desde los niveles más altos. Los Poderes Públicos no tienen autonomía pues sólo hay un gran jefe que todo lo decide sin posibilidad de ser contradicho. ¿Qué significa todo esto? Que el proceso de deterioro de nuestro sistema de gobierno sigue su curso, no se ha detenido, y todo lo que ha pasado sólo ha sido un accidente, una anécdota de ese declinar.

Chávez se burla de su propia Constitución

Chávez, su poder, la Constitución hecha a su medida, a la carrera, no ha servido para nada, aún cuando a su favor se alegue que fue producto de un referéndum consultivo, pues ese acto estuvo marcado por la vorágine de los ansiados cambios, y nadie votó conscientemente por ella. Ese fue simplemente otro de los aprovechamientos de quien en ese momento tenía el mágico poder de que a todo se le dijera que sí, valiéndose de la candidez de los venezolanos, que entonces compraban sin mirar lo que compraban con tal que se les dijera que eso era bueno para acabar con las desgracias del puntofijismo. Así “institucionalizó” su Constitución en la que se asentaron no pocos disparates, haciendo abstracción de esa ridiculez gramatical de colocarle a todo el masculino y el femenino olvidando que Andrés Bello resolvió ese asunto con el término genérico (nos referimos a: “los venezolanos y venezolanas”, “el fiscal o la fiscala”, “el reo o la rea”). Ciertamente se disimularon las aberraciones que él impuso allí mezclándolas con un rosario de derechos que aparentan la consagración de sentidas reivindicaciones o derechos ciudadanos que en realidad son letra muerta, como por ejemplo los referidos a la vivienda, a la salud, a la seguridad social, al trabajo, a la estabilidad en el trabajo (Miquilena protagoniza actualmente un atropellante despido masivo de los trabajadores de su Ministerio y donde hay varias mujeres embarazadas).

No pocos constitucionalistas han declarado que el texto que se asume como Constitución Bolivariana contiene muchos defectos, que carece de la técnica apropiada, que es contradictorio, que es reglamentario, y otras imperfecciones que le cuestionan, pero aún así, su creador la ha trampeado y violado desde antes de que entrara en vigencia. Él la mandó a imprimir cuatro veces para hacerle cambios por la imprenta a textos aprobados. Esto lo han afirmado Javier Elechiguerra y Hermann Escarrá, dos personas que entre otras estuvieron muy allegadas a los inicios de todo ese proceso. Y luego esa Constitución, adulterada y todo, ha sido y está siendo violada consuetudinariamente por él y por quienes lo rodean. El va al exterior y para cubrir las apariencias el Parlamento lo autoriza, como dice la Constitución, con expresa mención de los lugares donde va y del tiempo que utilizará en ello. Le importa un carajo. Cambia el itinerario y coge para otros lugares y alarga el viaje, eso lo ha hecho dos veces. El quiere mandar por más tiempo del que dice “su” Constitución, va y le ordena al Tribunal Supremo de Justicia que de los tres años que lleva, sólo se le cuente uno. A él se le ocurre designar a un civil como Ministro de la Defensa y al hacerlo se da cuenta del disgusto del ejército, no le importa, le reduce a capricho las atribuciones del cargo y se las transfiere, sin ley de por medio, al Inspector General. Y así hasta llegar al desparpajo de utilizar la Habilitante para meternos el chuzo, como dijo Teodoro Petkoff, de cuarenta y nueve leyes sin consultar con nadie, y ni siquiera con “su” Asamblea Nacional a la que según “su” Constitución tenía que consultarle diez días antes de mandarlas a publicar en Gaceta. Las referidas leyes están siendo acusadas de contener violaciones a derechos consagrados en esta Constitución, y no se trata de simples especulaciones sino de objeciones fundadas, y tanto es así que todos los sectores de la vida nacional están en pie de guerra contra lo que consideran no sólo inconstitucional, sino la marca de una tendencia dictatorial que le permite al Estado, es decir, a él, disponer de los medios de producción y de los bienes de las personas. Obviamente si la Constitución Bolivariana garantiza la propiedad privada, ninguna ley puede establecer la confiscación, como lo hace la Ley de Zonas Costeras que sin más declara como del dominio público toda propiedad que se encuentre a los ochenta metros de las orillas de mares, lagos y ríos. Y la Ley de Tierras que declara susceptibles de intervención aquellas propiedades que determinen los funcionarios del gobierno según su libre criterio, por sólo poner dos ejemplos.

En esa Constitución Bolivariana se programó la separación de los poderes y su independencia, pero en la práctica esa independencia no existe. El Poder Legislativo no legisla sino que le delega esa, su principal misión, a él. Además, le imparte órdenes públicamente sobre cuáles leyes pueden ser aprobadas y cuáles no. El Poder Judicial está tomado en su cúpula por personas de su entorno, absolutamente obedientes. El Poder Moral no aparece sino en la letra de dicha Constitución pues el Contralor es un ser ajeno totalmente al acontecer de depravación y desfalco que ahora predomina. El fiscal, su antiguo empleado, mira para otro lado ante tanta denuncia que se hace. El Poder Electoral sólo atiende los reclamos de la gente del gobierno y se hace el loco ante los fraudes que continuamente se le denunciaron.

Ese librito azul llamado la bicha

En resumen, él escogió a sus Constituyentes, a través de ellos hizo su propia Constitución y la promulgó, pero como quiera que se le antojaron ciertos “retoquitos” la mandó a re-imprimir en cuatro oportunidades en la Gaceta Oficial adulterando su original contenido. Y a pesar de eso la viola como le da la gana. Y no sólo es que la viola, sino que la ridiculiza, le puso un remoquete denigrante: “La Bicha”, quitándole toda la majestad y respetabilidad que debe tener la Carta Magna en todos los países del mundo. Entonces ¿cuál es la legalidad, o la Constitucionalidad que hay que respetar? Es por eso que decimos que no se ha consolidado el estamento jurídico de Venezuela pues estamos igual que antes. Leyes y Constitución que no se cumplen, no se respetan, o como dice Alfredo Peña, “Chávez le camina por encima a la Constitución y a las leyes”. La situación ahora es exactamente la misma del período crítico de cuando salíamos de Carlos Andrés Pérez. Se inventaron mecanismos para hacer la transición en aras de mantener la paz y la seguridad de la República, fin último que justificó haber hecho cosas que no permitía la Constitución de 1961 pero que de todas maneras se hicieron porque ya no se aguantaba el estado de cosas reinantes.

Un programa mínimo para continuar el proceso

Nadie puede ser inculpado en estos momentos de estar atentando contra la Constitución porque esté pensando o activando en función de la salida anticipada de Chávez de la Presidencia de la República, pues tal misión la reclama el proceso de cambios que momentáneamente se detuvo con su ascensión a la Primera Magistratura. Es un deber de todos instaurar el sistema de gobierno republicano mediante un Estado integrado por Poderes verdaderamente autónomos. El Tribunal Supremo de Justicia debe ser remozado con Magistrados de insospechable imparcialidad y cualidades profesionales, pues la función que debe desempeñar como árbitro de toda clase de conflictos, bien sea entre particulares, o entre éstos y el Estado es vital para el mantenimiento de la paz social. La Fuerza Armada tiene que salirse del quehacer político y del manejo de los dineros públicos, esas no son sus funciones ni el objeto para el cual fue creada. La incursión en tales actividades sólo le ha traído desprestigio y pérdida de su identidad. Hay que conformar un organismo electoral confiable, que no se preste a manipulaciones y destierre a INDRA y demás mercaderes que lo que hacen es adulterar la voluntad popular. El Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo tienen que colocarse en manos de gente dispuesta y con capacidad para enfrentar los retos de vigilar el cumplimiento de la Constitución y Leyes del país, defender a los desvalidos aun frente al gobierno y perseguir la delincuencia aun la de políticos y militares de alto rango sin temores ni abstenciones cómplices. El Banco Central de Venezuela no puede estar al servicio del gobernante de turno pues debe constituir una institución al servicio del país y de su tranquilidad financiera.

He allí parte de lo que pudiera ser un programa de gobierno que pudieran suscribir todos los sectores, sin distingos, para salir de esta pesadilla y volver a reencontrarnos con el espíritu que animó a millones de compatriotas cuando se equivocaron con él.

Un hombre chiquitico, de buenos modales y de hablar pausado lo puso a temblar De modo que están equivocados quienes aluden a esa Constitución como escudo para resguardar a Chávez del merecido despido anticipado que hoy queremos la gran mayoría de los venezolanos. Y no estamos hablando de golpe de Estado, estamos hablando de que él es un obstáculo para la solución de los grandes problemas sociales, y que en consecuencia debe irse. Igual que Carlos Andrés Pérez en su momento, Hugo Chávez Frías tiene al país alzado en su contra. Y Venezuela cuando se decide a echar a un gobernante, lo echa, así ha ocurrido en todo el transcurso de nuestra historia y no se va a cambiar ahora. Este es un país jodido, lleno de gente con valor. Estaba adormecido, a la espera, viendo como este hombre se alejaba cada vez más del camino, y además lo hacía en un estilo desagradable, grosero y chabacano, prepotente y mala sangre, regañando, insultando, vejando y ofendiendo indiscriminadamente a todos aquellos que no se le rindieran incondicionalmente. Nos cansamos y ahora se ha generalizado la más firme resolución de enfrentarlo.

Allí le salieron los empresarios liderados por Pedro Carmona Estanga, el Presidente de Fedecámaras, un hombre chiquitico, de buenos modales, de hablar respetuoso y en tono bajo, que lo tiene temblando. No sabe qué hacer, cada cosa que inventa le sale peor. Oligarca, contrarrevolucionario, escuálido, de todo le ha dicho, pero el hombrecito ahí, con su tranquilidad y su serena firmeza lo tiene en tres y dos. Carmona Estanga ha insurgido como el prototipo de liderazgo que se necesita para confrontar ese estilo pendenciero e improductivo del hombre de Miraflores, y está demostrando que de nada vale el poder divorciado de la razón.

El proceso sigue su curso como el agua desbordada busca su cauce. Chávez no logró encauzarlo, otro lo hará. Un pueblo va detrás de los cambios necesarios y eso no lo para nadie, ni los aviones F-16, ni los “neo camaradas” de la cúpula militar que protagonizan las columnas de las aguerridas colegas periodistas Ibeyise Pacheco, Patricia Poleo, Martha Colomina y Marianela Salazar. Tampoco le servirá de mucho la constitucioncita esa que se mandó a hacer con pretensiones de gobernar hasta el dos mil trece. Ya vendrá una nueva Constituyente y una nueva Carta Magna que rija para todos y se cumpla de verdad.

Él se colocó al margen de los deseos de la mayoría de los venezolanos, y se deterioró en tiempo récord. No es necesario un golpe para que salga, ni hay que atenerse a la fingida legalidad que reclama para ello. Está solo y repudiado. Por mucho menos de eso Emparan tuvo el sentido de realidad suficiente como para hacerle al pueblo aquella famosa pregunta que le impidió ser el seguro blanco de una gran patada histórica.

Foto-leyendas

1) Al Presidente Hugo Chávez no es necesario darle un golpe para sacarlo de Miraflores.

2) Pedro Carmona Estanga tiene temblando a Chávez.

3) Esta Constituyente fue impuesta por Chávez y ya vemos cuáles son sus consecuencias.

4) Esta Constitución Chávez la bautizó como “La Bicha”.
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