Caracas, Jueves, 24 de abril de 2014

Sección: Política

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Los Zuloaga, ni ángeles ni demonios

Nicomedes Zuloaga P

Sábado, 3 de julio de 2010

Cada cierto tiempo, los fenómenos sociales, las agresiones gratuitas, o no. A veces, la estulticia o la pedantería de los ciclistas (que pretenden ascender en la escala social, económica o cultural pateando para abajo) me llevan a escribir sobre los Zuloaga. No necesariamente para defendernos, aunque llevo ese apellido, sino para aclarar. La última oportunidad fue a raíz de un artículo publicado en el nacional, no recuerdo por quien, en donde se atacaba a “los Zuloaga” por “mantuanos”. Lo cierto es que, cada cierto tiempo, los Zuloaga (por lo general en la persona de un expiatorio) son públicamente agredidos, vejados y tratados como delincuentes. He reflexionado durante años para comprender el origen de tal actitud en un país al cual, esta familia ha prestado no pocos servicios. Claro, el que mucho hace mucho se equivoca.

Al margen de haber dirigido impecablemente, durante casi una centuria, la Electricidad de Caracas, y haber democratizado esa empresa familiar dando origen a la oferta pública de acciones impulsoras de la Bolsa de Valores, realizaron aportes innegables a lo largo de la historia republicana de nuestro país en las leyes, las ciencias, las artes, la educación y la industria. Es decir, en la construcción de la nación y no en su destrución. No voy a hacer una historia de la familia Zuloaga que puede encontrarse en páginas de internet y en la biografía de Ricardo Zuloaga Tovar escrita por Juan Röhl, contaré esta historia de memoria.

Sabemos que Ricardo Zuloaga Tovar fundó en 1890 la Electricidad de Caracas. Se adelantó a toda América Latina en el desarrollo de esta industria. Su sencillez, amor al trabajo y sentido del humor es tan memorable, como su anticlericalismo. Su hijo, Tío Ricardo, hoy con noventa y seis años de impecable actividad, defiende sus puntos de vista y sus valores con una coherencia imbatible y es ejemplo para aquellos que creen en la sólida formación y el trabajo como fuente de riqueza social y espiritual. También los primos Machado Zuloaga, descendientes de Carlos Zuloaga Tovar, se han destacado como capitanes de empresa, impulsores de la industria y son, todos, gente decente y culta, luchadora y emprendedora, hasta la quinta generación, prueba de ello es María Corina. Nicomedes Zuloaga Tovar, masón, abogado, político y periodista. Demócrata y defensor de las leyes por encima de los hombres y no de los hombres por encima de las leyes, fue promotor de la igualdad de derechos y deberes entre todos los ciudadanos. Pensaba que el clero y los militares debían ser juzgados por los mismos tribunales que los civiles. Despreciaba todo tipo de tiranía y de privilegios, se enfrentó públicamente a su Q:.H:. Antonio Guzmán Blanco, pues consideró que se había apartado de la democracia. Después, a la de Juan Vicente Gómez y se convirtió en uno de los principales ideólogos de “la revolución del 28”. Terminó sus días enfermo y viejo en las mazmorras de Gómez, murió poco después de que lo “echaron para la calle para que se muriera afuera”. Pero el tirano no lo sobrevivió ya que también murió. Su sobrino, Armando Zuloaga Blanco había entregado su vida ya en el desembarco del Falke, intentando derrocar al tirano. La persecución gomecista contra “los Zuloaga” que los sacó de San Joaquín y los llevó a Caracas, es la primera de la cual tengo noticias. Pero no la única. Nicomedes Zuloaga Ramírez fue insigne abogado que dejó jurisprudencia civilizadora, además, fue presidente de la Electricidad y, cuando Pérez Jiménez lo llamó para ofrecerle el Ministerio de Justicia le respondió “Lo siento mucho General, no se lo acepté a Gallegos que era un presidente democrático, mucho menos se lo puedo aceptar a Usted que es un presidente de facto”. Desde siempre, los Zuloaga han dicho, de frente, lo que piensan. Este fue mi abuelo Nicomedes que vivió entre el “Escritorio” y su biblioteca. Su cultura era fuera de lo común, sabía de memoria y, en italiano, La Divina Comedia. Su pasatiempo era la carpintería. En su taller, descubrí el gusto por la escultura.

Cuando la dictadura perezjimenista, mi padre fue citado a la “Seguridad Nacional” y allí, Pedro Estrada, lo dejó esperando un par de horas. Había un letrero en la pared que decía: lo que aquí se ve, se dice y se escucha, aquí se queda. Lo cierto es que Tio Ricardo se había dedicado a fustigar y a escribir en la prensa contra el gobierno y contra las evidentes corruptelas de sus funcionarios. Pedro Estrada le envió el siguiente mensaje a Ricardo – Oye Nico, dile a Ricardo que piense lo que quiera del gobierno, que hable lo que le de la gana, pero que no lo escriba, porque tendré que mandarle a cortar la cabeza.

Nicomedes Zuloaga Mosquera, mi padre, fue un teórico y estudioso serio de la economía de mercado como alternativa para la erradicación de la pobreza y publicó junto a Joaquín Sánchez Covisa una excelente revista económica. Además, participó activamente en la política, con aciertos y desaciertos que cada quien juzgará según su punto de vista, pero se ocupó de escribir y proponer alternativas para que Venezuela, a su entender, saliera del subdesarrollo y entrara en una etapa de crecimiento económico. Defendía sus puntos de vista con denuedo y claridad, siempre en contra de la corriente. Guillermo Zuloaga Ramírez, padre de Guillermo, fue uno de los primeros geólogos petroleros del país, sentando las bases para la exploración y explotación petrolera que tanta riqueza y desgracia ha traído a Venezuela, además, junto a su amigo William Phelps, realizó expediciones históricas a los lugares más remotos de nuestra geografía. Guillermo, mi primo, desde Globovisión, se dedicó a enfrentar un Gobierno que concentró en sus manos todos los poderes del Estado y que pretende modificar la forma de vida de todos los venezolanos. No voy a juzgar aquí la gestión de gobierno, ni los puntos de vista de Guillermo, defiendo si, la libertad para expresarlos. La actitud de Guillermo es valiente y bien típica de los Zuloaga.

Alejo Zuloaga fue rector de la Universidad Central de Venezuela y fundador y rector de la Universidad de Carabobo, cuyo “campus” lleva su nombre. Elisa Elvira Zuloaga, mi madrina, fue miembro del Círculo de Bellas Artes, ganadora del premio nacional de pintura, Grabadora insigne y, a decir por el Maestro Alirio Oramas, la primera mujer impulsora de las artes en Venezuela, cuya memoria, por cierto, no ha recibido debido reconocimiento. Valle Abajo, la casa de mi bisabuelo Nicomedes, fue cuna y refugio de las artes. Allí se reunían artistas plásticos, políticos de izquierda, intelectuales y masones. Era una casa donde reinaba la libertad, la igualdad y la fraternidad. Una casa democrática. Andrés Eloy Blanco, el mismo Alirio Oramas, los Palacios, los Otero, López Méndez, Uslar, Carpentier y otros fueron visitantes de la casa y del taller de Elisa Elvira y de su hermana María Luisa Zuloaga. Esta última, escultora y discípula de Archipenko. Mujer de humildad y generosidad excepcional. Nunca quiso que se le tildara de escultora, se sintió siempre artesana.

En Valle abajo crecieron las hijas de Oscar Zuloaga Ramírez, hermano de mi abuelo, entre ellas, la Nena Zuloaga, conocida en el medio artístico como La Nena Palacios (ya en esta época no era “popular” usar el apellido Zuloaga) fundadora del Taller de Artes Gráficas que formó a una generación de grandes artistas venezolanos y Diana Zuloaga quien ha dedicado su vida a la educación laica, directora y fundadora del colegio Santiago de León de Caracas. Las Hijas de la Nena Zuloaga, Isabel Palacios Zuloaga, fundadora, alma, e impulsora de “La Camerata” cantante lírica divulgadora incansable y promotora del canto lírico y la ópera ¡y María Fernanda! escritora, profesora, decano de la escuela de filosofía y letras, filósofo de la izquierda en los sesentas y setentas, narradora ejemplar. Y los Baptista Zuloaga. Leo y Alberto constructores y promotores de viviendas de interés social durante casi todos los gobiernos de la cuarta y el de la quinta. Dicen que también cometieron algún error (el que no quiere equivocarse que no haga nada) ¡Pufff! No hablaré de las generaciones más recientes para proteger sus vidas sus bienes.

Para enumerar las otras persecuciones contra los Zuloaga me limitaré a mencionar la de Caldera, en la cual fui encarcelado por varios meses y la prensa se ensañó para hacerme ver como un peligroso delincuente. Por cierto, durante dicha persecución desapareció Diego Baptista Zuloaga. En todo caso, parece que la persecución contra mi fue una política de Estado, pues pensaban que, con este caso, el gobierno daría vuelta a las encuestas para ganar las elecciones. Perdieron. Posteriormente, se persiguió a mi padre cuando el caso RECADI. Es una gran mentira que el único preso de RECADI fue un chino. Mi padre fue el otro preso, porque no huyó como de hecho pretendían los verdaderos amos del poder. No duraron mucho en Miraflores. Vino el golpe de Chávez y, después, los adecos fueron desfenestrados y nunca más regresaron al gobierno. Ahora se persigue a Guillermo. También pretenden presentarlo como un delincuente y se basan en que tenía unos carros en su casa. Qué se yo. Se trata de una venganza, pero no de la venganza evidente que superficialmente podemos inferir. A otros no se les persigue así.

Lo cierto es que esta gente trabajó durante generaciones y brilló desde los albores de la Venezuela republicana. No llegaron al país con blasones, pero venían en los llamados “Navíos de la ilustración”. Tenían cierta cultura. Cuando llegaron, ya las cartas del deterioro social estaban sobre la mesa. Los Zuloaga no desplazaron a los indígenas, ya habían sido desplazados y mestizados y los negros ya eran esclavos. El sistema colonial se había impuesto y la cultura indígena y afroamericana había perdido. Eran los perdedores. Nada tuvieron que ver los Zuloaga, sembradores de añil en las proximidades de San Joaquín, con el desplazamiento de esas culturas. Aunque no llegaron con bienes de fortuna, llegaron si, con ganas de trabajar. Un privilegio, si, pero ¡caray! No se puede hilar tan fino. Errores cometimos muchos de los Zuloagas. Se trata de seres humanos, como todos, con muchos defectos y algunas virtudes. No somos ángeles, pero tampoco demonios.

En verdad que, tal como afirma Briceño en su “Laberinto” lo europeo ganó y desplazó, limitó y maltrató a las dos culturas perdedoras que se mezclaron para vivir en la memoria de nuestra sangre mestiza. Allí debe estar la respuesta de esa venganza. En las contradicciones de nuestro mestizaje. Dentro de nosotros vivió durante siglos, agazapado, perdedor, el indio y el negro maltratado y oprimido. No tuvo acceso a la igualdad, ni a la educación, pero si al mestizaje. Por medio de este mestizaje avanzó por la escalera hacia Europa. La única alternativa para el mestizo era hablar como europeo, parecerse al europeo, viajar a Europa, cultivarse y mezclarse hasta desaparecer y, así entrar en el mundo privilegiado de la cultura ganadora. Esto funcionó para los que estudiaron y tuvieron acceso a la educación y para los “vivos” que se hicieron de una pequeña, o gran fortuna, con los gobiernos de turno, democráticos o totalitarios, de antes y de ahora. De hecho, la gran mayoría de las grandes, a veces inmensas fortunas de antes de la cuarta, de la cuarta y de la quinta república se hicieron a la sombra del Estado venezolano. En un principio opresor, cuando los militares que lucharon en las guerras de la independencia lograron desplazar las leyes igualitarias para hacer valer sus “privilegios” en contra de las leyes civiles. Después más opresor, cuando administraba la chequera petrolera. Pero este proceso, este mestizaje liberador, se vio interrumpido en Venezuela por la corrupción, la pésima administración y el desprecio de los mestizos que se habían europeizado hacia sus hermanos, los que aún mostraban en la tez y en sus rasgos físicos su raíz de pueblo originario u oprimido. Precisamente, fueron los gobiernos mestizos los que mayor daño hicieron al sendero igualitario que pudo salvarnos. En el fondo nunca existió, salvo entre librepensadores y masones, la igualdad racial. Se pretendió mantener una superioridad de casta y de raza en un país mayoritariamente mestizo. Y allí, a pesar de las enseñanzas igualitarias de los abuelos Zuloaga, librepensadores y masones, algunos cometieron el pecado de la vanidad y del orgullo. Vanidad por esa historia antepasada tan meritoria, al menos desde el punto de vista de la construcción de una nación. Pero la arrogancia de algunos herederos de tan noble gentilicio, les llevó a olvidar su responsabilidad hacia los pobres y los menos afortunados. Muchos, en la Venezuela de hoy cometieron pecados mayores. Mucho mayores. La historia lo ha demostrado y demostrará. Con la verdad “no ofendo“. Me he cruzado también con otros “enemigos” de los Zuloaga. Verdaderos “revolucionarios” europeos. Son americanos de nuevo cuño. Hijos de europeos que recientemente se insertan, sin mestizaje, en la política, los procesos y las artes. Estos detractores de los Zuloaga suelen ser los más soeces. Insultan como para ganarse la nacionalidad. Creen que convirtiéndose en detractores de los Zuloaga hacen causa común con “los explotados”. Por lo general, son intelectuales que, pensando como europeos, sin guerra globular, ni leucocitos, intentan dictar cátedra a los millones de combatientes de la sangre loca.

Pero con Chávez se ha manifestado un fenómeno inédito. Ya el mestizaje dejo de ser una virtud. Y ahora qué hacemos. La guerra de Chávez no es ideológica, ni el socialismo del siglo XXI es socialismo. Ahora se lucha contra el pasado. La lucha de Chávez no es de clases. No es ideológica. Mucho menos bolivariana. Se ha utilizado el lavado de cerebro sempiterno con la imagen de Bolívar, para alcanzar otro fin. Fin que quizás sea desconocido para el mismo líder que impulsa la revolución. Fin oculto en la bronca de la sangre. Más allá de las alpargatas de Sabaneta, Ricardo Zuloaga también fue a la escuela con alpargatas porque no tenía zapatos. La pobreza no es patrimonio de los indios y de los negros. Lo que si es patrimonio de estos pueblos, patrimonio innegable, es su origen racial y la realidad de haber sido culturas desplazadas, perdedoras en la guerra de conquista y coloniaje. No es una venganza contra los Zuloaga, pero si es una guerra contra España, contra Europa y lo europeo, contra los que, hasta ahora, fueron ganadores. Contra todo lo identificable con el triunfo. Todo ganador, todo lo que represente a Europa, su ciencia, su estilo, su educación y “refinamiento” es “el enemigo”. Y lamentablemente, a los Zuloaga con sus cinco generaciones “triunfantes” se les quiere convertir en “el enemigo a vencer”. Se quiere vencer al éxito, al bienestar, al progreso.

Lamentablemente, se trata de una guerra extemporánea y loca, pero no deja de ser un fenómeno interesante y curioso. El mundo es dominado por la patología europea de la escasez. El comunismo y el socialismo es tan europeo como el capitalismo que sólo valora lo escaso. Esas “contracorrientes” del capitalismo, el comunismo y el socialismo marxista son un intento para administrar la escasez. Nada más lejos de la tradición americana. En América, cuando se implantó la forma de vida de los conquistadores, no había escasez, sino abundancia. En América había todo. En Europa escaseaba todo. El hambre europea fue mitigada con la papa americana y las economías europeas llenaron sus arcas con el oro y la plata de América. Toda la vida planetaria está regida por la herencia económica de las tribus del desierto. Por la psicología de lo escaso.

Me parece que es un buen momento para volver a América y buscar la manera de limpiar el odio acumulado en la memoria de la sangre. Ese odio sólo se limpia con el éxito, no con el fracaso y la sumisión. Con el retorno a la tierra. Es trágica la situación que vive Venezuela. La bronca desatada es una bronca interna del hombre contra si mismo. ¿Cómo puede triunfar sin destruirse? Jamás triunfará el hombre contra si mismo, inventando un enemigo externo, por demás, inexistente. Tiene que ser honesto y vencerse. La situación me parece propia de una obra de Italo Calvino, el “enemigo explotador” que ha conseguido Chávez es como “El Caballero Inexistente” de Calvino. No hay nadie ahí. Aquí no hay Zares explotadores y crueles, ni industrias con millones de trabajadores explotados, ni plusvalías, ni nada de esa vaina que interminablemente explican los doctores, La única chequera la tiene el Gobierno y PDVSA, ni tampoco tiene esta “revolución” una gesta, innecesaria por cierto. La casi quinta potencia económica del mundo, Brasil, no tuvo guerra de independencia, ni gesta. Sólo a Tiradentes. Ni siquiera hay pintura épica brasilera del siglo XIX.

Lo que si hay en Venezuela es bronca. Bronca estimulada y acumulada que cambió literalmente el rostro de los venezolanos. La Venezuela sonriente ahora tiene una gran cara de culo. Quizás era necesario que se viera a si misma. ¡Pero hasta cuando! La revolución cubana nada tiene que ver con la “nuestra”. Los hermanos Castro son gallegos y blancos. Su proceso ideológico es distinto. Los cubanos hicieron una revolución a la europea, apuntalada por la Unión Soviética.

Parece que los Zuloaga tampoco tienen que ver con esta historia y que, el final el cuento, puede repetirse. Aquí siguen mandando los vivos. Me parece una pésima política cerrar Globovisión, es la única visión divergente que le queda a este proceso tan curioso. Me pareció un desatino cerrar Radio Caracas. Presidente, no es necesario agredir y aplastar al enemigo. Ya la oposición no tiene armas. Dejó de ser cierto el discurso del control de los medios por parte de esos “oligarcas”. Sólo queda un canal, Globovisión. No hay separación de poderes, pues todos están genuflexos, uno se pasea por el dial de la radio y sólo se escuchan emisoras a favor del proceso. La Defensoría del Pueblo, está al servicio del Gobierno y la chequera petrolera y el Banco Central y todo. Ya está. Nada lo detiene, salvo su guerra interior y la guerra interna de los venezolanos. Se trata aquí, sólo de una guerra contra nosotros mismos. Si cada quien revisa su bronca, verá que también uno puede relacionarse con lo mejor de si mismo.

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