Caracas, Miércoles, 16 de abril de 2014

Sección: Política

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¿Qué hizo Luis Herrera?

Ramón A Escalante

Viernes, 24 de junio de 2005

La reaparición del ex presidente Herrera Campins, con motivo de su octogésimo aniversario, motiva una reflexión sobre el verdadero saldo de su ejercicio presidencial; balance que no fue posible levantar en su oportunidad porque salió de Miraflores con una matriz de opinión pública muy adversa, la cual impedía cualquier análisis imparcial y reposado.

Vistas las cosas en perspectiva histórica, ahora está claro que Herrera fue presidente pero nunca ejerció completamente el poder. No tuvo una base de sustentación política, era minoría en su propio partido, en el Congreso, en los sindicatos y gremios patronales, y tuvo casi siempre en contra una férrea campaña de prensa. Los hombres verdaderamente poderosos de su época eran Rafael Caldera y Gonzalo Barrios, quienes ponían y quitaban magistrados, jueces y fiscales, en los publicitados desayunos de los domingos.

Ni usted ni yo podíamos entenderlo pero Herrera fue sólo un figurón entre la rígida estructura de poder que a partir de los partidos políticos y con los grupos económicos en la sombra, ya comenzaba a deteriorarse. Su problema fue que para llegar a esa figuración tuvo que competir hombro a hombro en el cenagoso campo de la demagogia y la politiquería. Sino hubiera sobredimensionado su campaña, manipulado grotescamente la problemática de los barrios y de no haber asumido ese lenguaje coloquial y simplón, jamás habría derrotado a la Acción Democrática que tenía todo para repetir: Carlos Andrés Pérez en el poder, Betancourt en el partido y el hombre del aparato, Luis Piñerúa, en la candidatura.

Herrera era abogado, había vivido en Alemania, tenía una completa formación histórica y cierta actividad intelectual, pero tuvo que actuar como un politiquero para competir realmente por la presidencia. Y es que la Venezuela de 1978 no aceptaba ni quería oír nada distinto a lo que se venía repitiendo desde 1945, la imagen del país-rico, del Estado protector y dadivoso, capaz de hacernos felices a todos.

En su larga vida partidista, siempre opuesto a Rafael Caldera, encabezó la llamada "izquierda socialcristiana", que no era tal izquierda sino una posición más ecléctica y comprometida frente a los problemas sociales. Pero cuando llegó a la presidencia, ya esa tendencia estaba desbandada; la gran mayoría expulsados del partido. No obstante, en Miraflores formuló unas tímidas declaraciones sobre la propiedad comunitaria que en su momento le granjearon terribles ataques de todos los frentes.

En tan precarias condiciones, su luna de miel fue muy corta. La decisión de suprimir la publicidad de tabaco y licores, una iniciativa reivindicada por la historia, le granjeó un veto en casi todos los canales de televisión. Un castigo tan vigente que todavía hoy está fuera de los programas de opinión y muy pocos periódicos lo entrevistan.

Indudablemente que donde raspó el examen fue en política económica. No logró contener el gasto público, creó más ministerios y oficinas burocráticas y, con ello, se multiplicó la deuda externa, que a su vez él había criticado el día de la asunción presidencial. Hoy me pregunto si Herrera, arrinconado por su partido, por la oposición y los medios, tenía alguna probabilidad real de redimensionar al Estado y reducir sus cargas...

En el imaginario popular Herrera ha cargado las culpas por la primera devaluación, la del 18 de febrero de 1983, pero poco a poco vamos descubriendo que la responsabilidad recae sobre el país en general. El despilfarro fue una enfermedad nacional, con un pedazo de Venezuela sacando dólares a ritmo frenético, derrochando por las playas y condominios de medio mundo, con el delirio del "tabaratismo" alucinando la vida colectiva. La devaluación era inevitable y entonces resultó saludable. Lástima que no se tomó linealmente tres años antes, en 1980 ó 1981 para mejor estado de las reservas internacionales, de nuestro signo monetario y de la calidad en vida en general.

Así con las primeras crisis bancarias. En las colas de los bancos intervenidos yo compartí muchas de las críticas que se formulaban en su contra. Nadie imaginaba que aquellas molestias apenas eran la punta de un gigantesco iceberg que estallaría pocos años después, cargándose al sesenta por ciento del sistema bancario nacional.

Hay un gesto en política exterior que honra su administración. En 1982, cuando la Guerra de las Malvinas, la diplomacia de Herrera Campins fue la más solidaria con Argentina, dispuesta a invocar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca frente a Inglaterra. Una posición auténtica y arriesgada, muy contraria a la que asumió casi todo el continente, con Colombia a la cabeza.

Cometió grandes errores, como el indulto a un convicto que a su vez era familiar de un miembro del gabinete. La misma sobresaturación del gabinete con ex compañeros de estudios, coterráneos y amigos cercanos quizás le creó un problema de obliteración de la realidad. De haber tenido menos incondicionales al lado, habría comprendido a tiempo cuán mal iba su proyecto y su gobierno.

Digamos que Herrera fue el más "inquilino" de los jefes de Miraflores. Recordemos que tanto Leoni, Lusinchi como Carlos Andrés Pérez la primera vez, tuvieron un partido que les respaldaba. La debilidad política de Herrera tiene un origen más complejo y se refiere al protagonismo real del poder. Los colombianos resolvieron ese dilema nombrando al presidente de turno, jefe único del partido de gobierno. Los mexicanos también y por eso los dos países prohibieron absolutamente la reelección presidencial. Herrera, más allá de sus limitaciones y errores, estuvo arrinconado por el verdadero diagrama de influencias, donde era apenas un segundón, muy lejos de Caldera y Pérez, los caudillos del momento, cada uno preparando su regreso.

Han pasado veinte años y todavía encabeza la lista de los políticos venezolanos más impopulares. Son las banderillas de una manipulación mediática que él no se ha atrevido a protestar, quizás en una póstuma autobiografía. Su pecado capital fue haberse olvidado de su formación humanista para ejercer la demagogia electoral. Su mayor mérito, no haberse lucrado personalmente en el poder, aunque otros de su elenco sí lo hicieran. Su disculpa ante la historia: Las Malvinas y la prohibición propagandística contra los vicios. ¿Héroe o villano? Saque usted mismo sus conclusiones, investigue y analice más. No repita la mera matriz de opinión fabricada por quienes siempre creyeron que podían pensar por usted.

(*): Abogado y politólogo

raescalante@hotmail.com

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