Caracas, Viernes, 25 de abril de 2014

Sección: Política

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El arte de mentir, patología consubstancial a Chávez

Américo Gollo Chávez

Sábado, 30 de junio de 2012







   Foto: Google

                                                          A  Solano Calles, Marienbad Belugheilig, Duilia Andrade.

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            Occidente se ha conformado sobre un conjunto de palabras, unas nutren a la filosofía, otras a la teología, a la ciencia y a la tecnología.  Quizá como el arte no necesita palabras, sea arisco a ellas y deja las palabras  para que a bien o a mal se hable de él. Y cuando digo que el arte no necesita de palabras incluyo, naturalmente, a la literatura, aun cuando, como es demasiado evidente, ésta se hace con palabras, pero, a diferencia de la ciencia, el objeto del arte no es la palabra. Sería mejor decir que ellas son su objeto, instrumento, medio, si se trata de la literatura. Como entre mis lectores (obligados) están mis nietos, mas para ellos que para usted, lector, de quien a priori  necesito observaciones, correcciones,  me permito con sencillos ejemplos tratar de probar mi afirmación.  Piense en la música, usted anda con ella y canta sin palabras.  La vive sin palabras, la oye sin palabras y piensa en ella sin palabras. Tal vez un vino ayude y la evocación a la mujer amada sirva para, como quien dice, multiplicar o amortiguar las alegrías o las desesperanzas, sin palabras. Cuando contempla una pintura, una escultura, sale mejor si no racionaliza en palabras su vivencia.  Y si se ve una mujer bella, en lugar de la razón habla el instinto o se crea un poema; desconozco si a las damas ocurre lo mismo, suelen refugiar en el silencio la imprudencia impúdica  de sus instintos y la eficacia de sus traiciones, tal decir de una sentencia china (M.Yee). En cambio, la teología no existiría sin Teos ni el logos.  La  gravedad,  mecánica, la termodinámica, la relatividad, la molécula, la célula,…el ser, la nada, el tiempo, el caos, el azar, el yo, la conducta, el clic, el chip, y otras más son el menú de la física, de la filosofía,  la psicología,  la biología, computación, en fin, y antes de olvidarlo, afirmo que solo el amor requiere de la palabra y de los hechos. Por eso todo el amor está lleno  de música y de poesía y de promesas y de encuentros donde se hace verdad la música, el poema, pero dejemos eso para otra tertulia. Pues bien, prevengo que el título de este “conversatorio escrito”   en su enunciado presenta contradicciones  para la lógica, para la semántica, pero, ayuda para cuando vamos a tratar, el arte de mentir.

Tuvieron los romanos la inmensa hazaña de hacer con las traducciones de la lengua griega lo que según su sabia ingeniería les dio su gana. Crearon entonces el arte de amar, consejos de Ovidio para el buen obrar ante el ser amada y crearon el arte de la guerra, para el bien conquistar y ampliar y justificar su poder e imponer  su imperio y, en esas acciones, se perfeccionaba la forma de muerte que ellos daban.  Desde luego no fueron tan viles como aquí se infiriese  de inmediata manera, sino que pudiera pensarse  en todo aquello que el hombre hace pero  que reclama que las cosas fuesen  lo mas perfectas por bellas y por útiles,  o que fueran  útiles por bellas y perfectas o que fueran perfectas porque fueran bellas y útiles, entonces, a ese obrar, a ese hacer,  en lugar de técnica, (tecnèe) como decían los griegos,  lo llamaron arte.  Por esa valoración a la palabra arte que el poder, el imperio de Roma dio a esta palabra, en el tiempo que  devino luego,  se aplicará  a las cosas que el hombre hace tras la perfección, que reúne belleza y utilidad, por tanto a otras expresiones de su hacer que cubrieran esos requisitos, así, entonces  artes plásticas, artes musicales, escénicas,  etc.  La idea es, pues, la perfección en el hacer,  en el objeto perfecto  más que en los fines y, una vez consumado el objeto, el cómo se utiliza,  también para los romanos, era arte. La perfección de la guerra no está  en la muerte, sino en” saber matar”, eficacia, eficiencia y belleza en función  de lograr las metas de la conquista  y, en el arte de amar,  sencillamente  que a uno lo consideren, lo aprecien, lo estimen, lo quieran y lo amen y quien  lo hace se sienta bien.

 Pues bien en el título hay graves contradicciones, si nos ajustásemos estrictamente a lo que acabamos de señalar de los romanos. Porque para los romanos mentir era  una monstruosidad. Espero no se me incomode Millares Carlo, pero creo que  el gran maestro debe estar dando clases  de latín a Pedro y a algunos otros apóstoles,  de ética también,  no así a Pablo,  sobre cuyos hombros  se levanta la doctrina de Jesús; pero, en fin, Dios como es absolutamente verdad,  condenó a Adán y a Eva no por hacer el amor, como dicen por ahí  pudorosos  académicos sino por embusteros. Hizo lo propio con Caín, lo maldijo, por embustero.  Les dio la más y absoluta  condena: la muerte o el constante  huir de sí mismo, y es esta la peor forma de morir. Solo pido, lector,  que no piense en la desobediencia, ni en el pecado, ni en el asesinato, piense  en la inmensa cólera que dio a Dios el engaño premeditado de estos tres embusteros  satánicos. Pero Cristo vino y creó la religión del perdón,  y con su perdón  se salva al pecador  pero queda muy lejos de excusar el pecado en sí mismo. Queda absuelto el pecador, no así justificado y menos perdonado el pecado; por eso, pues, perdonó Jesús a Pedro, no a las negaciones, tres, que fueron orquestadas  con la mentira  donde escondía la cobardía que implica el riesgo de perder la vida por cosas de principio, y en acto anterior lo retiró de su presencia, llamándolo Satán, el comandante en jefe de todos los embusteros, porque es el estratega mas perfecto para,  mediante la mentira,  provocar y hacer el mal, vestido de bien, aumentar la avaricia, la lujuria,  y demás pecados capitales como virtudes. El mentir era una conducta deliberada para el ocultamiento, para el cultivo de la  perversión, para el engaño.  En eso  la definición de los romanos era algo así como regresar al Génesis. No se si impondrían  tan duras penas como las de Jehová, pero quizá era el mismo substrato moral el que animaba su condena. No se trata de la paradoja del mentiroso, ni otras  artilugios y artimañas de  la filosofía, la lógica ni de la teología, la cuestión era, pues, que la mentira fue para ellos una acción  muy empírica, muy bien calculada  para engañar, estafar,  corromper, pervertir, dominar… y allí, de acuerdo a mis nociones de esa era, no  hay  arte, hay trampa.

            La mentira de esta naturaleza es muy clara en sus propósitos, en su intención, y, obviamente, no conoce límites en la articulación de su mensaje.  De modo que sin adentrarnos en otras consideraciones, por lo abierta de esta determinación, tiene razón Goebbels, una mentira mil veces repetida se convierte  en verdad.   Se trata siempre  de hacer creer en quien la escucha que es posible que se cumpla la oferta, verdad la promesa para  salir de la miseria, para alcanzar la felicidad, que los males  de uno son culpa de un ser ajeno y malo  que impide  que el pobre, sea el ejemplo, no tenga calidad de vida o  situaciones aun peores, que ser pobre es una acto de moral, bueno, pero que ser rico es inmoral, malo. Esto ha sido bien estudiado de modo que no insistamos en esto, como bien ha sido estudiado que la mentira que permite convencer a todos mucho tiempo no puede mantenerse todo el tiempo, según libremente empleo al sentencia de Lincoln. Así pues, como este tema es muy  recurrido por muchos, incluido yo, dejemos los ejemplos que tienen que ver con la víctima de la mentira que, en síntesis, son procesos de alienación fácilmente demostrables. Y también dejemos igualmente las llamadas mentiras piadosas, pecados veniales, con solo recordar cuanto al respecto dice el Papa actual, Benedicto XVI, es muy claro, las tales mentiras piadosas cuando se institucionalizan  se convierten en verdaderas escuelas  de delitos  que de menores  pasan a peores, en relativo corto tiempo. Normalmente por ser del ámbito  de la intimidad familiar esta patología, se deja este asunto a los psicólogos clínicos lo cual, empero, por sus efectos sociales, culturales, familiares, deben atenderse.  Si se quiere educar para ladrón deje que el niño se apropie de lo ajeno  y se inventen razones para justificarlo. Diga que es cleptómano y verá que será un “buen” ladrón. (Cfr. J Ratzinger. Dios y el Mundo. Pág. 168. Debate, El Nacional)

La cuestión  trasladémosla al mentiroso, cuando este  tiene poder, sin importar cómo  ascendió a él. Recurrió, casi siempre, a la mentira para alcanzarlo, pero, en el caso, recurre a ella para mantenerse.   Este mentiroso tiene pleno conocimiento de que miente. Este mentiroso tiene pleno conocimiento de sus propósitos. Todo mentiroso  quiere y busca a como dé lugar que sus mentiras sean asumidas como verdad. Todo mentiroso sabe, a plenitud, que miente para engañar, que miente para apoderase y controlar  la conciencia ajena, eso lo sabe. Sabe también que debe satisfacer un cuatum de sus promesas, para que  en ese cumplimiento se asuma como parte de verdad de la promesa, que si incompleta no se pierda la esperanza. Este mentiroso recurre a citas  de reconocida autoridad, autores, ciencia, estética con las cuales quiere  sustentar  su discurso  y vestir de autoridad  la “verdad” de sus juicios. Pero, finalmente, este (y todo mentiroso)  se convierte en víctima de sus propias mentiras. Termina, finalmente,  tan aislado de la realidad, que la sustituye por sus propios mitos, sus ficciones, sus fantasías,  en los cuales cree firmemente como verederos y en ese momento se hace mitómano. De ese punto de su desequilibrio poco es cuanto falta para idolatrarse hasta, finalmente, creerse infalible, omnisapiente, omnipresente. En  ese estadio  suele asumirse como Dios. El caso más prominente del pasado siglo es el de Hitler, pero no menos tragicómicos es el de Kim Il Sung, en Corea del Norte. Y en nuestro país, sin duda, Chávez. Probemos esto.

Chávez se cree el heredero directo de Bolívar y que no solo va a concluir su obra libertaria sino que su misión para superarlo es salvar a la humanidad de las garras del capitalismo, del imperialismo, del mal, sustituyéndolo  por su socialismo, el bien.  Lo cree y está seguro de eso. Chávez se cree heredero y continuador de Cristo y está seguro de eso.  Chávez se cree y está seguro de que es heredero de Marx y de Fidel, del Che y Zamora y está seguro de eso. Chávez se cree y está  seguro de que  es el mas autorizado teólogo y que su interpretación bíblica es la verdad. Chávez cree firmemente que está ungido  por María  Lionza, Guacaipuro, el Negro Felipe, Changó…los espíritus de la sabana y que esos todos están a sus servicios.   Chávez se cree y está seguro de que es un genio, cuya capacidad es de tal naturaleza  y magnitud que es capaz de  definir lo que es ser patriota, ser humanista, la nada, el ser…, en una palabra Chávez está  seguro de que el ser humano será humano cuando sea como él o como son sus dictámenes.  Dueño y señor de la verdad.

¿Cómo pudo concebirse  así, convertirse en eso,  asumirse todo eso y  de creerse ser eso?  La respuesta en menos compleja de cuanto se puede pensar. En efecto, la “anatomía” espiritual y la formación académica, profesional muy escasa, del  comandante presidente, sus frustraciones y complejos son la base de su ser que le impiden  reconocer a otro, que le impide reconocerse, pero,  la conducta  enferma del presidente tiene en el mundo externo su mas poderoso estímulo. El mayor peso. En efecto, está su patología en la patología del Poder, en torno al cual gira la adulancia, la servidumbre, la hipocresía propia de los intereses materiales e ideológicos en juego y la ausencia permanente  de un pensamiento crítico, lo suficientemente bien fundamentado en la ciencia, la técnica, la estética, la teología,  con orientación ética,  que  desmontara la mentira.  La otra fuente de la mentira está  en su convencimiento de que puede superar las desigualdades, las exclusiones perennes y que como Jehová y Cristo, con su actitud justiciera y  mesiánica, emplea su lenguaje de castigador y redentor, según el contexto y circunstancias. Veamos.

            De las mentiras de  Chávez, la más eficaz que se ha organizado y propalado, el socialismo. Originario, indoamericano, bolivariano, robinsoniano, zamorano, humanista, cristiano…y cualquier otro adjetivo  que le dé  buen servicio a su sincretismo  oportunista. Esto ha permitido mantener la esperanza de la redención, de la salvación y, a la par, haber configurado el odio como su mejor arma para alcanzarlas. Ni un escrúpulo: difamación, coprolalia, descalcificación,  persecuciones, inquisiciones,  son algunos de los recursos  de la perversidad en juego.  La polarización  es la concreción de esa satánica “dialéctica”.  Se podría ampliar el universo, pero sea suficientes esto, dada su gravedad. La pregunta es entonces, ¿por qué ha tenido éxito esta conducta y actuación de Chávez?  Lo hemos dicho, la ausencia  de una consciencia crítica en la sociedad que por su verdad sea capaz de desmontar el juego de la mentira presidencial. Pero el discurso crítico no existe sin seres e instituciones críticas. Y ha estado aquí la cuestión. Las universidades  han incumplido las disposiciones fundamentales de su Ley  y se pliegan a la voluntad del presidente. Su lucha,  presupuesto y autonomía es  una inmensa farsa para esconder su sida. La universidad  la asesina su silencio y su vil prudencia,  anverso y reverso del monstruo del celestinaje, la complicidad, la Realpolitik,  negación del ser y deber ser que le son propios a su especificidad. La Iglesia Católica. No hay sabio que no diga que el 80% los venezolanos somos católicos.   Pero, la santa madre iglesia no tiene ninguna ascendencia sobre la consciencia  del país. Chávez, asumido Cristo, su reencarnación,  es intocable. De la jerarquía  nadie tiene capacidad de sacar a los mercaderes del templo.  Curas, obispos chavistas y antichavistas, rumian con el poder, se alimenta de él,   mientras las otras expresiones  del universo cristiano, en su inmensa mayoría tienen en Chávez su propio pastor y redentor. Su aliado y su socio en esta obscura lucha sórdida entre el catolicismo de palacio y la vida “cristiana” de la calle. La proporción del crecimiento del cristianismo no católico es descomunal, como lo es el crecimiento de la santería y demás ritos  del sincretismo, nunca conocidos en tal intensidad en este país, históricamente muy laico y  escéptico.

            Y en el universo político, se bailó al son que impuso Chávez. Porque también el antichavismo es chavista. Al socialismo esotérico de Chávez oponen el capitalismo ahistórico. Ante tal autoritarismo real de Chávez, la mistificación de la democracia, absoluto  ídolo, perfecto. Ni una idea para el debate, hasta recién que la MUD habla y  tiene un candidato que si parco tiene muy poco aprecio al mentir.  Y ese es el camino.  No hay dilema posible entre capitalismo y socialismo, porque el rotundo fracaso del socialismo real  no es de mayor magnitud, ni miseria que el fracaso del capitalismo real. Se trata  de hacer algo sencillo, sin retórica huera.  Resolver los problemas y ello reclama sencillamente determinarlos, saberlos resolver y darle una orientación  ética, de modo que sea útil a todos, tal como entendieron los romanos lo bueno según su  utilidad, la belleza. 

americod@gmail.com

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