Caracas, Miércoles, 23 de abril de 2014

Sección: Política

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Los maricones uniformados de Jorge Rodríguez

Pedro Lastra

Viernes, 3 de agosto de 2012

¿Qué pensarán hoy los oficiales de nuestras fuerzas armadas, que deben servir a personajes que los desprecian ontológica, existencialmente? Sería una buena pregunta al general homónimo del prostituido coronel Rangel, el maricón uniformado que en la imaginería de Jorgito Rodríguez arrastraba su lascivia por los lupanares caraqueños







   Foto: Google

¡Qué insólita coincidencia que el ministro de la defensa del gobierno en el que milita en un altísimo cargo tenga el mismo nombre del coronel maricón que deambula por el laberinto imaginario del cuentista Jorge Rodríguez! Fue la sorpresa que me llevé al leer la obra del laureado cuentista venezolano, cuyo hilo de Ariadna que le permite dar con el asesino de la muchacha de sus sórdidas y pervertidas imaginaciones fuera nada más y nada menos que el coronel Rangel, asiduo visitante de los prostíbulos de homosexuales y otros lugares de los bajos fondos caraqueños en los que el entonces simple y sencillo psiquiatra con ínfulas de cuentista situara los sucesos de su narración policiaca. Una muy lograda narración como situada en la perversión fascista de un régimen autocrático, que mereciera en su momento el Premio del periódico El Nacional.

Dado los años transcurridos, el Rangel mariconzón – Nicolás Maduro dixit – de Jorge Rodríguez obviamente no puede coincidir con el hoy general Rangel Silva. U otros Rangeles de doradas preseas. Pero de que en ese cuento del universo castrense, esperpéntico, mortuorio y barriobajero del hoy alcalde del Municipio Libertador el gremio de los uniformados no sale muy bien parado, es más que evidente. Rodríguez, hijo huérfano del homónimo dirigente de la ultraizquierda asesinado en las mazmorras de la policía política, tenía fundadas razones para odiar con encarnizamiento a policías, militares y toda suerte de uniformados encargados de mantener el orden público en un país acechados por las guerrillas, los insurgentes y los terroristas filo cubanos, como su padre Jorge Rodríguez.

Por cierto: los mismos que hoy nos desgobiernan. Muerto en julio de 1976 tras ser torturado por funcionarios policiales del ministerio del Interior del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, se le apremiaba para obtener datos que dieran con el lugar en que la Liga Socialista, en guerrillado partido de ultraizquierda del que era uno de sus máximos dirigentes, mantenía secuestrado al empresario Niehaus.

Poco importa que los dos policías responsables de su muerte fueran detenidos de inmediato por órdenes de CAP, cumplidas ipso facto por Octavio Lepage, entonces ministro del Interior, y por Marco Tulio Bruni Celli, su viceministro. Y que, juzgados y condenados, cumplieran la correspondiente sentencia. Ejemplar intento por reparar una gravísima falta, absolutamente inimaginable en quienes han asesinado decenas de venezolanos bajo las órdenes directas del superior jerárquico de Jorge Rodríguez hijo, Hugo Chávez Frías. ¿Dónde están cumpliendo sentencia los policías asesinos del investigador Juan Carlos Sánchez y del abogado Antonio López Castillo, por mencionar tan sólo a dos de las víctimas de brutales torturas de la policía política de Hugo Chávez? ¿Dónde el autor intelectual y los asesinos del fiscal Danilo Anderson?

De esa agua no beberé, reza el refrán de quienes, fieles a su palabra de honor, no reproducen de manera criminal y aviesa los desafueros de los que alguno de los suyos pudieran haber sido víctimas. No es el caso del cuentista del Municipio Libertador y hoy destacado político del partido de gobierno Jorge Rodríguez. De tanto soñar con oficiales maricones y viciosas prostitutas de baja ralea, de hundir su hocico en los basurales del Guaire y desvariar con el olor dulzón y penetrante de los depósitos de la Morgue de Bello Monte, terminó internalizando el sabor agridulce de la criminalidad.

¿Qué pensarán los oficiales de nuestras fuerzas armadas, que deben servir a personajes que los desprecian ontológica, existencialmente? Sería una buena pregunta al general homónimo del prostituido coronel Rangel, el maricón uniformado que en la imaginería de Jorgito Rodríguez arrastraba su lascivia por los lupanares caraqueños.

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