El escenario poco optimista para nuestro país en el
2002, ha colocado el mantenimiento de la paz como
materia de primer orden en la responsabilidad de todos
los venezolanos. Sería verdaderamente catastrófico que
la paz sea situada como objeto de una "vacatio legis".
Pero son muchas las cosas que parecen indicar, que el
ritmo incesante de la crispación del país, pueda
encontrar en el corto plazo una línea de alivio a las
tensiones que abra los espacios para desenvolvernos
con estabilidad, única fórmula que nos aguarda para
dirigirnos en un rumbo consistente hacia delante y
enfrentar los retos pendientes de nuestro desarrollo
con garantía de resultados alentadores.
Es vergonzoso, que Venezuela pueda olvidar y en
especial su actual dirección política, que nuestra
propia existencia como nación independiente se
caracterizó: por la violencia, el autoritarismo, los
combates fratricidas y el uso arbitrio del poder. Pero
más vergonzoso aún, es ir constatando que en pleno
siglo XXI quienes dirigen el Estado consideren que
reeditar ese escenario de violencia puede ser el
camino inevitable para afianzar pretendidas
conquistas sociales y lograr metas de prosperidad.
El diseñar una política desde la conflictividad, es un
peine cuyas pretensiones no se hacen difíciles de
adivinar. Se trata de deslindar dos territorios. Por
una parte, los partidarios del Presidente sujetos de
la redención revolucionaria, los "humillados y
ofendidos", y por la otra los egoístas de siempre,
beneficiarios del sistema injusto de explotación.
Desde luego, que esta caricatura sumaria es un teatro
virtual, que el Presidente viene martillando con afán
de convertirlo en realidad.
Aunque el llamado a la confrontación es para todos,
sólo los extremistas en cuanto al lado hostil del
régimen(y los hay y bastantes) están dispuestos a
comerse el peine. Lo grave, no obstante, es que los
violentos puedan arrastrar la lucha de una muy buena
parte de nuestros compatriotas creyentes de la
sociedad abierta, libre y democrática, al campo que
desea el adversario. Por dura que sea la provocación-
y seguramente lo será- la paz no debe ser confiscada
nunca por ser el único instrumento ético de lucha
democrática, pues reúne las cualidades de los valores
absolutos al ser un medio y un fin.
Admitiendo lo que es obvio, en relación a que la
política es pensada por el Presidente con las
categorías de la guerra, y más concretamente con la
categoría de la guerra revolucionaria, lo que
significaría el rechazo radical a la perspectiva
reformista, Chávez no tiene vocación de asesino, y
mucho menos la de mártir- a pesar que presuma que si
la tiene, no lo creemos justamente por el exceso que
hace en esa presunción-, opinamos muy dentro de
nosotros, que el Presidente dada la insensatez de su
propuesta bélica sabrá darle marcha atrás y optará por
la paz, por su bien y el de todos. Al finalizar el año
es el mejor deseo al que podemos aspirar.
E-mail:cfernandezcuesta@yahoo.com