| |
Sección: Política
ENVIAR A UN AMIGO
|
ENVIAR AL DIRECTOR
|
ENVIAR AL EDITOR
Capitalismo Lunar
El otro Terminator
Alexei Guerra Sotillo
Jueves, 25 de junio de 2009
Corrían los lejanos días de 1984. Venezuela despertaba del sueño saudita y trataba de quitarse las lagañas de la farra del dólar a 4:30 y del viernes negro, mientras el inefable Jaime Luisinchi iniciaba su mandato. En la meca del cine estadounidense, un joven director con mucho talento e ideas innovadoras, y un fisicoculturista, ex mister Olimpia, de acento austríaco, escaso verbo y mucho músculo le regalarían al cine futurista y apocalíptico una obra para recordar. Sus nombres: James Cameron, y Arnold Schwarzenegger.
La reflexión cinematográfica sobre el futuro, el espacio, el avance indetenible de la ciencia, y la amenaza de una hecatombe nuclear como causa de extinción de la humanidad, ha sido prolífica, y ciertamente variada en sus matices y propuestas.
Desde la pionera y lejana referencia histórica de “Metrópolis”, de Fritz Lang (1927), hasta el punto de quiebre, o el antes y después del cine de ciencia ficción representado por “2001: Odisea del Espacio”, de Stanley Kubrick (1968), pasando por la mas digerible y familiar “Star Wars”, de George Lucas (1977), el cine de ciencia ficción exhibía historias que indagaban sobre el futuro del planeta, y el papel de la razón, ante la amenaza de la razón técnica como su posible sustituta.
En “Terminator”, Cameron entra en una encrucijada espacio-tiempo, que muestra a una casi indestructible máquina asesina con apariencia humana (Schwarzenegger) venida del futuro, para asesinar al Sarah Connor (Linda Hamilton), y evitar así el nacimiento de su hijo (John Connor), procreado con Kyle Reese (Michael Biehn), enviado por su propio hijo para eliminar al Terminator y proteger a su madre. Si el asunto le parece enredado y pone en aprietos su lógica cartesiana y la linealidad temporal de pasado-presente-futuro, no se preocupe, que la ficción da para todo.
Vistos hoy, en retrospectiva, los efectos especiales de esa primera “Terminator” lucen bizarros y algo risibles por lo tosco y rudimentarios, a la luz de todos los recursos tecnológicos existentes hoy en día, pero fueron en su momento todo un hito, bajo la dirección y dosificación de Cameron. El endoesqueleto de metal, el maquillaje, y la técnica de stop-motion para que el susodicho ser caminara y peleara, constituyen imágenes distintivas de la película.
La cuarta y más reciente entrega de la saga, “Terminator Salvación”, dirigida por un eficiente pero desconocido Joseph McGinty Nichol (McG), se ubica en el año 2018, y retrata a John Connor, personificado por el batiactor Christian Bale como el líder natural (aunque no el formal) de la resistencia humana contra las máquinas, y su deseo de penetrar y destruir Skynet, el complejo de control y fabricación de las nefastas máquinas exterminadoras.
Aparece en esta entrega un misterioso personaje (Sam Worthinton) cuyo papel en la historia se irá revelando a lo largo del film, pero que por momentos, le llega a robar algo de protagonismo a Christian Bale, quien como es usual en sus participaciones actorales, logra imprimirle su peculiar estilo e intensidad.
La fotografia, a cargo de Shane Hurlbut, aunque no magistral logra su cometido, y los efectos especiales están más bien dosificados, sin mucha alharaca, hasta la parte final del film, en la cual los espectadores recibirán una “sorpresita” y (si recuerdan la primera película de la saga) encajarán algunas piezas del rompecabezas argumental.
Al salir de la sala de cine, Ud. seguramente se deslizará en la lluvia de comentarios y críticas a la película como es normal, saludable y usual. Aterrizando en la realidad, nuestra realidad, quizá termine por pensar en una película que tiene más de una década, y en la democracia, la libertad, las instituciones y el estado de derecho, y por supuesto, en su verdugo.
Sí. Quizá terminará pensando, en el otro Terminator…
alexeiguerra@yahoo.com
|
|
Publicidad
|
|