En medio de la efervescencia nacional del paro cívico, la iniciativa del referendo consultivo ha pasado a un segundo plano. El más satisfecho por esta realidad es el propio Chávez, para quien la realización de una consulta popular es la peor pesadilla imaginable.
Debemos recordar, por tanto, que dicho referendo ha sido legalmente convocado por el CNE para dentro de tres quincenas, es decir, seis semanas, es decir cerca de 40 días. No para las calendas griegas ni para una fecha indefinida, sino para dentro de tres pagos de quince y último.
Aunque paradójica e irónicamente algunos voceros opositores coincidan con Chávez en su rechazo o minusvalía hacia el consultivo, las larguísimas colas para inscribirse en el registro electoral, repletas de jóvenes por cierto, son un testimonio claro y contundente a favor de una salida electoral a la megacrisis venezolana.
Debe recordarse, también, que este referendo fue solicitado por más de dos millones de electores hace apenas siete semanas: hace más tiempo del que falta para su realización. Contra muchas prevenciones, la autoridad comicial le ha dado luz verde, pero, equivocadamente, algunos sectores de la oposición le han puesto luz amarilla e incluso roja, al igual que el régimen chavista.
La calle y las encuestas coinciden en que el 70% de la población quiere que Chávez se vaya. Desconfían, así mismo y con justificada razón, de cualquier palabra empeñada por el oficialismo en un hipotético acuerdo electoral sin "horario ni fecha en el calendario", como cantaría el tío Simón.
De allí la urgencia de fortalecer el referendo consultivo, pues se trata de una consulta popular que ya está solicitada, convocada, fechada y prevista para tan sólo un mes después del abrazo de Año Nuevo.
La disquisición constitucional sobre si el consultivo para pedirle o certificar la renuncia de Chávez es o no vinculante, perdería relevancia si el número de votos en favor del "si" fuera mayor que el número de votos que lo llevó a Miraflores.
Se cumpliría a plenitud el principal supuesto del referendo revocatorio, porque el otro fundamental --que hayan transcurrido los primeros tres años del mandato--, ya se cumplió con creces, pues Chávez lleva en la presidencia cuatro largos años en dos mandatos consecutivos.
Uno de los riesgos del paro cívico nacional era la posibilidad de sacrificar el referendo consultivo por causa de un desenlace "de hecho", con o sin participación de las Fuerzas Armadas. Ese escenario luce menos probable hoy que antes, pero aún de producirse, el referendo consultivo del próximo 2-F sería una oportunidad ideal para validar la renuncia previa.
El consultivo no está muerto. Muy por el contrario, está vivito y coleando como una luz al final del túnel. No lo digo yo, lo dicen centenares de miles de nuevos votantes que quieren hacerle honor a la cultura democrática de nuestra sociedad, diciéndole al presidente Chávez, con la voz del voto; "renuncie que está despedido".