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Sección: Política
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Chávez arranca cojitrancoFreddy LepageSábado, 13 de diciembre de 2008
Luego de dos derrotas sucesivas (la oposición gana espacios de manera sostenida) y la abrupta caída de los precios del petróleo, Chávez siente que la reelección indefinida se le escurre entre los dedos. El tiempo corre de manera implacable en contra de los planes del Presidente. De allí su febril carrera hacia el barranco… Atrás quedó la época del control absoluto de los ritmos y los tiempos que le permitían burlar a su antojo la voluntad de los venezolanos. Luce demudado, irascible, descontrolado, fuera de sí. Por eso apuesta el todo por el todo. Siempre su sentido lúdico de la política había corrido de la mano de la suerte. Las cosas le salían bien. Ahora la situación es diferente. Casi 10 años de palabrería hueca y bravuconadas, altanería y arrogancia, han hecho mella en la otrora popularidad blindada del caudillo único de la revolución. Perdió (así lo niegue) en muchas barriadas pobres de la zona metropolitana de Caracas y del país. El desespero y la improvisación están a la orden del día. Primero ordenó a sus incondicionales recolectar las firmas necesarias, para que, por iniciativa popular, se activara el proceso de enmienda constitucional; luego, acatando la recomendación de sus asesores, cambió de parecer, y, entonces, decidió acudir a la sumisa Asamblea Nacional, donde unos cuantos diputados se rendirían “diligentemente” ante sus deseos continuistas por secular seculorum. Claro, este es el camino más expedito para quien ya no confía en el poder del pueblo como protagonista de la historia. La trampa, el ventajismo, el control absoluto de las instituciones del Estado, le facilitan, sin mucho esfuerzo, la artimaña del atajo… Sin embargo, cuenta con sus áulicos, siempre dispuestos a hacer una pantomima a los efectos de cubrir algunas apariencias. La historia es mostrenca. El caudillo de Sabaneta no las tiene todas consigo. Debe remontar una empinada cuesta a punta de gritos destemplados, agónicos… O, sino apelar al silbón de la sabana para darse ánimo. En primer lugar, la votación de noviembre pasado arrojó un empate cuantitativo entre el oficialismo y la oposición y la disidencia chavista. Por eso recurre nuevamente a las amenazas, al chantaje político. Los demonios de la infidelidad lo acosan sin cesar. Mal augurio, mal comienzo: al taller político realizado en Fuerte Tiuna, no asistió un buen número de alcaldes electos afectos a la revolución. “Voy a averiguar una por una las causas por las que no asistieron. Los voy a reconvocar a ver si van a venir o no van a venir” -sentenció con voz atronadora-, para luego suplicar: “Yo les invito a clausurar para siempre la traición. Pido a Dios que no salga de nuestras filas ni un solo traidor más”… Para buen entendedor pocas palabras bastan. No confía ni en su sombra. Otro error de apreciación, sería extrapolar los resultados del 23-N. En esas elecciones participaron miles de candidatos. En el referéndum sobre la enmienda constitucional Chávez iría nuevamente solo. Con el agravante de que muchos de los alcaldes y gobernadores chavistas electos no comulgan con la idea de la presidencia vitalicia. Se harían de nuevo los pendejos, tal como sucedió el 2-D. Ocurre lo propio con el llamado chavismo light. En esta oportunidad, el propósito común de rechazo a las ambiciones autocráticas y hegemónicas de Chávez une a los partidos y movimientos sociales democráticos. Además, ya se cuenta con la experiencia exitosa, gratificante de la negativa de la sociedad claramente expresada en diciembre pasado. Y, por último, ante la demencia y delirios presidenciales no queda otra: ¡echarle pichón! ¡No moriremos en el intento! |
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