Desde el puente 2005, retador y decisivo Oswaldo Álvarez Paz
Miércoles, 29 de diciembre de 2004
La sociedad democrática de Venezuela no puede seguir lamentando lo que no tiene remedio. El año que concluye deja lecciones que debemos asimilar en lo positivo que dejaron algunas jornadas y en lo mucho de negativo que deja el balance final. Pero por encima de lo uno y de lo otro, la razón, la verdad y los valores fundamentales de la nación siguen estando de nuestro lado. Los equivocados no somos nosotros. Ésta es una realidad que nada ni nadie puede cambiar. Ni siquiera derrotas políticas o electorales que en su desarrollo dejaron un feo olor a fraude, instituciones bajo sospecha y al Presidente con un piso de ilegitimidad del tamaño de su precoz megalomanía. Entiendo la fatiga, el cansancio y hasta cierto dejo de decepción por no haberse alcanzado las metas propuestas. Entiendo menos el afán masoquista de algunos en estarle endosando responsabilidades a otros, sin aceptar que aquí nadie está libre de culpas aunque haya gradaciones en las mismas por acción u omisión. Y no entenderé, ni aceptaré bajo ningún concepto, la idea de abandonar el campo de batalla esperando la implosión del adversario, víctima de la ferocidad con que se devoran las crecientes legiones de ambiciosos y corruptos que despuntan en el gobierno y alrededor del mismo. No podemos esperar sin luchar. No olvidemos que los países siempre pueden estar un poco peor y que los pueblos, igual que las personas, terminan acostumbrándose a todo. No es casual que donde menos se lucha por la libertad es donde no existe. Quienes viven al lado de las aguas negras termina por no percibir el mal olor.
La sociedad democrática, más que andar unida artificialmente prisionera de un electoralismo contrario al interés general, debe aglutinarse alrededor de banderas concretas, de consignas que sinteticen ideas indispensables para el cambio y la reconstrucción nacional. Organizarnos para liquidar la exagerada dosis de presidencialismo, el centralismo como cultura de concentración excluyente de poder político y económico en pocas manos y frenar para siempre el partidismo agudo, el burocratismo y la corrupción, impone estructuras participativas abiertas. También la defensa de la libertad en todas sus expresiones, de la propiedad privada, de la iniciativa individual, de la economía de mercado, de la educación privada y, en fin, de todo cuanto hoy está amenazado. Tenemos un reto enorme en materia de seguridad de las personas y de los bienes, en garantizar un mínimo de seguridad jurídica, en defender nuestra soberanía real y la integridad territorial de la República. Estas son algunas tareas indispensables para garantizar el futuro a las nuevas generaciones. Se necesita tener el gobierno y mantener autoridad moral sobre la nación entera para alcanzar el éxito. Solo así ocuparemos un lugar puntero en la comunidad internacional y dejaremos de ser el comodín de gobiernos felones y grupos de oportunistas que saquean nuestras riquezas. Ideología, programa y ética son claves para vencer.