Hemos presenciado el comienzo del fin del liderazgo de Chávez.
"Venezuela es como el Orinoco, no la para nadie", repitió hasta el cansancio el Presidente antes del 10D.
El mensaje que dio el pueblo el día en que se paró más del noventa por ciento del país, fue de una contundencia abrumadora, de un alcance que apenas comenzamos a ver, y de un éxito que es imposible ignorar. Imposible ignorar fue también la violencia del discurso presidencial, que puso sobre el tapete, una vez más, el tema de su inestabilidad mental, de su desenfreno cada vez mayor y de su manifiesta incapacidad para gobernar.
A estas alturas, el Presidente debería haber aprendido a no meterse con la Naturaleza. El día del desastre en Vargas dijo, imitando a Bolívar: "si la Naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca". Todos conocemos los resultados del elemento agua desatado ese día. Dos años después creyó que la Venezuela que él imagina gobernar jamás se pararía, como no se para el Orinoco.
Pues se "paró el Orinoco", Presidente. Se paró para decirle que ya no soportamos su desgobierno. Se paró para hacerle ver que no le tememos a sus amenazas. Se paró para advertirle lo absurdo de su "involución bolivariana" y de los gravísimos perjuicios que ésta le acarrea al país. Los cacerolazos en Latinoamérica han sacado a algunos mandatarios de sus puestos. Los cacerolazos de los venezolanos ya sacaron a un presidente de Miraflores. Y la mayoría de los cacerolazos del 10D no vinieron de "balcones lujosos", como usted dijo, ni de "un CD". La televisión no da lugar a equívocos en este aspecto.
Se "paró el Orinoco", Presidente. Se paró para demostrarle que lo que dicen las encuestas es verdad. Se evidenció incluso que los resultados de éstas han sido bastante conservadores. Se paró para que usted vea que quienes lo adversan no son "cuatro oligarcas", sino un todo un pueblo herido, engañado y lleno de decepción. ¿No ha proclamado usted infinidad de veces que "la voz del pueblo es la voz de Dios"? ¡Si de verdad cree eso, escuche entonces lo que le dicen!.
Se "paró el Orinoco", Presidente. Se paró para darle la oportunidad de rectificar. Se paró para insistirle en que no queremos leyes comunistas, que los venezolanos no navegaremos en el "mar de la felicidad" que usted pretende llevarnos. Se paró para confirmar que la libertad es nuestro bien más preciado como nación y que no estamos dispuestos a perderla. Se paró para afianzar nuestro deseo de vivir en paz. No toleraremos que ni usted ni nadie siembre odios que no queremos sentir.
Se "paró el Orinoco", Presidente. Aunque hoy se haga el desentendido, lo niegue y no lo acepte públicamente.
Se "paró el Orinoco", Presidente. Y la próxima vez que se pare ya no será para pedirle que rectifique.
Será para exigirle que se vaya.