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The revolution will not televised
Hugo, el actor, el chapulín colorado
Vicglamar Torres León

Viernes, 5 de diciembre de 2003

La distancia es el comodín que permite a la gente inventarse su propio Hugo, anticristo y Mesías que se adapta a las necesidades de quien le da piel desde lejos. Chávez se ha vuelto uno de los productos de exportación del país. Desplazó a las misses y Oscar D’León. Es el objeto de estudio de muchos cubículos universitarios, tema de discusión de mucho intelectual, académico o estudiante de esos que ven Latinoamérica como una amalgama sociocultural, es la sobremesa de muchos comensales. Pero lo más importante es que ahora es el protagonista de un documental que lo canoniza como vedette mediática.

The revolution will not televised, de Kim Bartley y Donnacha O Brillan, triunfó en el Festival de Toronto y comenzó a dar vueltas por los llamados cines alternativos y de arte, de ciudades como Chicago y Nueva York.

Una vez en cartelera, ahí estaba Hugo en todo su esplendor, listo para recibir las ovaciones de un público deseoso de un líder latinoamericano y, listo también para ser enviado a los leones por sus detractores. En fin, ahí estaba Hugo, el actor.

En Manhattan, cines como el Film Forum y el Cinema Village, incluyeron el documental en su programación.

El jueves 27 de noviembre, había 17 personas en la función de las tres de la tarde, en la sala 3 del Cinema Village. Diecisiete asistentes, quienes después de pagar nueve dólares, estaban dispuestos a reforzar su propio punto de vista sobre Chávez y la situación venezolana o a conocer un poco sobre esa tierra petrolera que queda tan lejos, pero este audiovisual no da tregua a las interpretaciones, no hay manera de guarecerse del gran Hugo.

Si se entiende como documental, una grabación basada en imágenes reales y con fines informativos, éste es sin duda, el documental del chavismo. La oda cinematográfica al muchacho pobre que con su mezcla racial a cuestas llega a la presidencia de un país, dominado por unos malucos que estuvieron destrozándolo durante años.

Durante casi una hora y media, imagen tras imagen Hugo crece en la pantalla. Hugo se regodea en su tono coloquial. Saluda a un pueblo desdentado que lo aplaude y toma café con unos ministros bonachones como él.

La película recoge imágenes de un país de gente humilde que ha conseguido una deidad de carne y hueso. Pero a los realizadores se les olvidó la otra Venezuela, el país que lo rechaza, que lo adversa.

El otro 11 de abril

Para los venezolanos, especialmente quienes estábamos en Caracas, entre el 11 y 14 de abril de 2002, sabemos que son unos días inolvidables. Por primera vez, el asfalto de la autopista del Este cambió su tono grisáceo por el tricolor de las banderas para después teñirse de luto y hiel. Esos días dejaron un saldo negativo para todos los venezolanos, ensancharon las vías de la impunidad y ratificaron que el dolor y la impotencia son parte de la cotidianidad nacional. Por lo tanto es irrespetuoso que estos realizadores muestren un 11 de abril donde unos histéricos potentados quieren destronar al buen Hugo.

La policía Metropolitana disparándole al pueblo, Carmona auto proclamándose Presidente, rostros trasmutados por el miedo y la incertidumbre son el telón de fondo, de la voz de Andrés Izarra, diciendo como fue que él renunció por ética a su cargo en RCTV, como fue que los medios manipularon la información y como fue que la mordaza empresarial privó sobre la realidad.

Sin embargo, a los documentalistas no se les ocurrió entrevistar, por ejemplo a Rafael Osío, también joven, también periodista y también con un equipo periodístico a su cargo en aquel momento, cuyas vivencias posiblemente sean disímiles a las de Izarra y no por eso falsas. Pero, un acto objetivo dentro de este documental probablemente aniquilaría la caricatura de patriotismo con la que fue diseñado.

El único rostro opositor que se ve en estas imágenes es el de unas amas de casa, maquilladas y bien peinadas que piden a gritos que Chávez se vaya porque es “un mono” o el de la junta de condominio de un edificio, cuyo presidente dice que “hay que estar preparado cuando esa gente venga. Tenemos que estar listos para echarles plomo si es necesario”. Muestran la cara de la oposición, que a muchos de los que no estamos del bando del chavismo, tampoco nos gusta. Muestran a una gente frívola cuyo único argumento para justificar la salida de Hugo es que no les gusta y ese no es el grueso del antichavismo. En la oposición hay violencia, resentimiento y miopía, pero en el chavismo también.

A los documentalistas se les olvidó decirle al mundo que, durante la tarde el 11 de abril de 2002, su protagonista, mientras había una balacera en la que se perdían vidas, encadenaba al país imponiendo su panfleto discursivo. Los cineastas no toman en cuenta que detrás de esa simulación de tolerancia que muestra el aparato gubernamental venezolano algo se esconde y no se preguntan ¿Son verdaderamente libres los periodistas de ejercer su oficio?. La respuesta no puede ser tajante, pero para Kim Bartley y Donnacha O’Brian lo es.

Las imágenes eternizadas en un film son incómodas porque no tienen el efecto evanescente de los gases lacrimógenos. Permanecen en el tiempo y testimonian de forma fehaciente los errores cometidos por el chavismo y sus detractores, pero en este caso reproducen una realidad falsa, llena de imprecisiones históricas, de mentiras.

No sólo se trata de que reduzcan al país a un juego de buenos y malos, donde al final triunfa el bien (con el regreso de Hugo de su encarcelamiento y la salida de Carmona y sus secuaces). No sólo se trata manipular un material fílmico hasta producir una cosa panfletaria y pobre. Se trata de desconocer la realidad de una nación desorientada, donde a verdad sigue al trasluz de visiones e intereses y la reflexión es la oferta a futuro para quienes fueron los blancos móviles de grupos de choques, de ideales y de posturas políticas.

Las mentiras editadas

Hay una escena que muestra a Hugo hablando de su abuelo. Una toma cerrada, un close up, una escena que arrancó suspiros entre los asistentes. Así como los extractos de algunos programas de Aló Presidente, donde Hugo habla con la gente, le escucha las quejas y echa cuentos, donde Hugo es un personaje sabroso y admirable. Pero no hay ninguna escena donde Hugo insulta, amenaza y condena a quienes no están con él.

Es un irrespeto proyectar el país de los buenos y los malos, donde los buenos obviamente son los chavistas. Eso es simplismo. Eso es propaganda barata.

Habría que preguntarle a estos cineastas cómo es que pudieron estar dentro de Miraflores en los momentos críticos donde el reyezuelo era confinado a un exilio involuntario de manos de los malvados. Allí donde se ve a un Giordani, otrora ministro, diciendo “se acabó el juego”. Será que como dirían algunos chavistas ¿este documental está comprado?

El pulso en la sala

Tras la función los rostros eran variopintos. Algunos de los asistentes decidieron compartir su impresión con los lectores.

Cecilia Santa Rosa, (mexicana, socióloga, 43 años) “En América Latina, necesitábamos un hombre como él. Un tipo recio y valiente, que viniera del pueblo. Venezuela ahora está muy bien. Es un país donde se han repartido las tierras y las riquezas.”

Ernesto Santa Rosa, (mexicano, profesor de NYU, 47 años) “A los ricos no les gusta Chávez porque les arruinó la fiesta que tenían desde la época de los españoles. El es el antónimo de sus intereses y eso les duele”.

Margarita Santa Rosa, (mexicana, estudiante, 17 años) “Me gustó mucho cuando regresó. Esta pelí (cula) es muy realista. Menos mal que los malos no ganaron”.

James McDought, (estadounidense, camarero, 24 años) “No sé, no entendí muy bien. Me confundí un poco. Me hubiese gustado ver más el país, ver otras cosas. El Presidente está todo el tiempo frente a la cámara”.

Ernesto González, (venezolano, desempleado, 32 años) “Yo soy más venezolano que la arepa. No soy rico. Estudié con una beca gracias a la IV República, porque mi familia es de Pinto Salinas. Soy ingeniero petroquímico y gracias a Chávez estoy en Nueva York pelando bolas. Esta película deberían quemarla o sacar otra con gente como yo a ver cómo quedan Hugo y sus ladrones”.

Bill Kent, (estadounidense, comerciante, 73 años) “Latinoamérica siempre ha sido un laboratorio. Todo el mundo quiere ir allá y decirle a ustedes cómo amarrarse los zapatos. No creo que sea ni buena, ni mala esta película, tampoco creo que este hombre(Chávez) sea el angelito que se ve allí, pero si uno confía en el director, este señor queda como un salvador de la patria”.

Manuel Restrepo (colombiano, antropólogo, 46 años) “Venezuela necesita a Chávez. Ojalá ese fenómeno se multiplicara en el continente. Fíjate que tiene tanto apoyo popular, que fue el pueblo quien le devolvió el poder.”

Deborah Phillips (estadounidense, artista plástica, 38 años) “Creo que es un buen hombre. Un hombre ingenuo que quiere hacer cambios positivos en su país y que ha conseguido muchos contratiempos”.

Isabel Cifuentes (venezolana, bailarina, 30 años) “Estoy fuera del país desde hace muchos años, pero me gusta Chávez. Creo que habla del corazón, que es un tipo sincero. Con los adecos y los copeyanos no era así”.

Alejandra Maldonado (venezolana, bailarina, 27 años) “En Venezuela no hay chavismo, hay ‘nichismo’ . Ese tipo está loco. Deberían ponerle una camisa de fuerza. Pero no me gusta hablar de política porque él es capaz de dividir a los venezolanos hasta en el extranjero”.

Dr Jekill y Mr Hide

En la edición de octubre de 2003, de la revista U.S News, fue publicado un artículo firmado por Linda Robinson y titulado como Terror en la casa, donde se dice que Chávez financia la guerrilla colombiana, refugia etarras y miembros de diferentes grupos terroristas como Al Qaeda. En dos platos que se ha convertido en un peligro para el continente.

Asegura que hay campos de entrenamiento paramilitares, donde se preparan y capacitan grupos de choque, además de alertar sobre la presencia de cubanos que se han insertado en el aparato de inteligencia militar venezolano y de otros compatriotas de Castro que han desplazado a maestros y médicos para catequizar al pueblo dentro del chavismo revolucionario.

Ficha técnica

Dirección: Kim Bartley y Donnacha O’Brian
Edición: Angel Hernández
Producción Ejecutiva: Sara Falvey
Coproducido por: The Irish Film Board, NPS & COBO, RTE, BBC, ZDF/ARTE e YLE

email:vicglamar@yahoo.com

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