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Política - Opinión y análisis
Política arte de lo posible

Los políticos, tarde o muy tarde se dan cuenta que la realidad social aparece tan elocuentemente expuesta a sus ojos, como lo es la realidad geográfica.

José Carlos Corbatta

Martes, 17 de julio de 2001

Introducción:

A lo largo de la historia de la humanidad, muchos pensadores han dilucidado en fenómeno de la política. Nuestro tiempo actual, se nutre de experiencias a veces fructíferas y otras más nefastas, en cuanto a la interpretación de la política por parte de los gobernantes. Desde la antigüedad, se procuró legislar y trabajar para todos y no para un pequeño grupo de poderosos. Hoy las cosas son diametralmente opuestas a los ojos del Pueblo.

Aristóteles (384-322 a. de C.):

Oportunamente se inclinó hacia la defensa de las multitudes a través del pregón por la armonía entre la moral y la política. Sus obras: Política (en ocho volúmenes) y Constitución de Atenas; integran la clasificación de su producción en cuanto a las ciencias prácticas (política) se refiere.

Precisamente, en su tratado: “La Política” ofreció una guía para ejercer el gobierno en forma equilibrada y de cara al bienestar de la población sin desaprovechar además la tarea para refutar las ideas vertidas por Platón en su “República”.

Como lo expresó el estagirita, toda ciudad es una asociación y como tal, busca un interés o beneficio y así, cuando varias aldeas o poblados se asocian, se conforma una ciudad perfecta que posee medios para sostenerse a sí misma y ha logrado satisfacer el fin constitutivo. Existe de esa forma una lógica consecución entre el querer vivir y el vivir feliz. La ciudad esta en la naturaleza y ésta última, es el verdadero fin de todas las cosas, en otras palabras: la esencia.

En el orden natural, el Estado está en un peldaño superior al individuo ya que “... el todo debe ser antes que la parte. Suprimid el todo, no quedará ni pié ni mano, como no sea nominalmente” La naturaleza dotó al individuo de dos herramientas para combatir a sus miembros cuando debe autoprotegerse, ellas son: prudencia y virtud.

“La justicia esta en la base de la sociedad; el juicio constituye el orden social. El juicio es la aplicación de lo que es justo, es la sanción de la justicia”.

También se ocupó de una realidad de vida muy próxima a la política: la codicia, que por su naturaleza es ilimitada e infinita, sin embargo, la mayor parte de los hombres se pasan la vida buscando el modo de satisfacerla.

Señaló con criterio que cuando una multitud es pobre y está excluida de los honores, necesariamente ha de tener gran número de enemigos.

Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.):

Su carrera política fue más que sobresaliente, no obstante, también fue el orador más elocuente de Roma. Nació en Arpinum (actualmente Arpino, Italia) y en su juventud estudió derecho, oratoria, literatura y filosofía siempre en Roma. Incursionó como militar y como abogado actuó en defensa de ciudadanos. Viajó luego a Grecia y Asia, donde continuó sus estudios. Comenzó su carrera política de regresó a Roma en el 77 a.C. En el 74 a.C. fue elegido miembro del Senado.

Retomó la obra de Platón y enfatizó sobre los lineamientos filosóficos, equiparando por obra de la virtud del justo reconocimiento intelectual de su antecesor, la razón abstracta y la ley natural con la razón humana y el cuerpo legal emanado del Estado.

La prolongación de la ética hacia el fuero interno (moral), se vinculó tanto con la actividad particular del hombre, como con el universo político.

Posibilitó así con sus aportes, salvar la distancia entre el hombre y la Patria. Esta particular forma de interpretación de la política, importó para la escena de Roma las ideas del Mundo Griego y no fue abandonada en el medioevo.

En éstos términos, la “Ley Natural” agotó las relaciones de derecho y contuvo el desarrollo de la política. Los valores: libertad y democracia, presentes en Grecia, chocaron con la falta de unidad y así se alejaron de la independencia política, en parte por el corte aristocrático de esa cuestión.

Marco Aurelio (121-180):

El Emperador, tradujo su virtuosa conducta humana, su filosofía de gobierno, su sentir político, su incomparable (e inigualable hasta el presente) grandeza conductora y su doctrina que entregará como ejemplo a las generaciones venideras, en una suerte de apuntes personales, las Meditaciones, escritas a lo largo de sus últimos años de paso por esta Tierra.

Cuando Herodiano señala que fue el único de los emperadores que dio fe de su filosofía no con palabras ni con afirmaciones teóricas de sus creencias, sino con su carácter digno y su virtuosa conducta, debemos inferir que se trataba de un práctico del amor a la sabiduría y que ella fue puesta al servicio de Roma. ¿No es esta una conducta a imitar por su ejemplaridad? ¿No es esta la sinceridad que se requiere para honrar los cargos que el Pueblo confía a sus representantes?. Bueno, no nos asustemos y sigamos con este Emperador que fue primero embajador del grupo primario es decir de su familia y vaya si no se siente agradecido a las bondades recibidas en épocas de su educación. Así sus Meditaciones, se inician con un vivo recuerdo en primer lugar de M. Anio Vero (abuelo por parte del padre) de quien rescata el buen carácter y la serenidad; en segundo término alude a su padre (con quien comparte pocos años de vida) pero señala la fama de su hombría y discreción; seguidamente evoca a su madre y por último agradece a L. Catilio Severo el haber hecho gastos para su educación que siempre obtuvo de maestros particulares de prestigio reconocido. También admiró a su padre por adopción T. Aurelio Antonino y Antonino Pío. Tenemos a un profundo agradecido a la familia de nacimiento y la de adopción. No es de esperar menos, se sabe que quien no respeta a su familia poco puede respetar a los demás. Cumplió el mandamiento de honrar a su padre y a su madre y a los mayores. Él agradecido de todos Ellos y todos por Él.Se ha escrito con letras de sangre en la historia y frente al nefasto crimen de Dorrego que «No hay lugar para los hombres de corazón». Una referencia en la Historia Augusta cuenta de sus sentimientos, cuando en oportunidad de fallecer su preceptor, se permite romper en llanto en presencia de incomprensibles, entonces Antonino ofuscado responde a las críticas de aquellos diciendo «Dejadle ser humano: que ni la filosofía ni el trono son fronteras para el afecto». Este recuerdo aflorará en las Meditaciones (Marco Aurelio. Editorial Planeta DeAgostini. Madrid. España. 1995, en I.11 p. 51), y deja escrita su pluma al referirse a su Amigo M. Cornelio Frontón: «el haberme detenido a pensar cómo es la envidia, la astucia y la hipocresía propia del tirano, y que, en general, los que entre nosotros son llamados «eupátridas», son, en cierto modo, incapaces de afecto. ¿Qué le diría Maquiavelo a «el príncipe»? Conviene confrontar estas apreciaciones Ver: El Príncipe (por: Marcos Sanz Agüero M. E. Editores, S. L. Madrid. 1995, p. 117) Capítulo XVII «De la crueldad y de la clemencia y de si vale más ser amado que temido».

Dante Alighieri (1265-1321):

Fue poeta, prosista, teórico de la literatura, filósofo y pensador político. Logró un muy buen resultado de la observación de la vida política de Florencia, por ello y en virtud de sus conocimientos, colaboró en aras de la unidad de Italia mediante la restauración de la política, sin dejar de lado su voluntad manifiesta de apoyo al Imperio (Papa o Emperador). Dante participó activamente en la vida política de Florencia. Ciertos documentos fechados en 1295 le sitúan inscrito en el gremio de médicos y boticarios, ya que quienes no pertenecían a la nobleza no podían participar en el gobierno de la ciudad a no ser que fueran miembros de una corporación. En 1300 partió hacia San Gimignano al frente de una misión diplomática.

Entre 1307 y 1309 decidió vivir en París. En este periodo, sus ideas políticas sufrieron un considerable cambio, y abrazó la causa de los gibelinos, que aspiraban a la unificación de Europa bajo el gobierno de un emperador culto y competente. Durante los primeros años de exilio, el poeta escribió dos importantes obras en latín. La primera de ellas, De Vulgari Elocuentia (1304-1305), es un tratado sobre las ventajas que supondría el uso del italiano como lengua literaria. En él defiende la utilización de la lengua vernácula, establece criterios para su buen uso como lengua escrita y concluye con una sección dedicada a la crítica de algunas obras en lengua vernácula. La segunda de ellas, la inconclusa Convivio (1304-1307), la concibió como una recopilación o enciclopedia, en 15 volúmenes, del conocimiento de la época. El primero de los tomos sería un volumen introductorio, mientras que los 14 restantes incluirían otros tantos comentarios en forma de poema.

En su obra “De Monarchia” aparecida en 1310, dejó entrever en el escenario medieval la concepción de la paz, como necesaria búsqueda para el luego arribar al fin social. La política, conforme su pensamiento, debía procurar la paz para contrarrestar los males de las ilegalidades y disputas que frente al ojo de la ley estricta, caracterizó la turbulenta época en contra de la estabilidad del Emperador.

Nicolás Maquiavelo (1469-1527):

Se cautivó con la historia y la filosofía política de Italia, confeccionó asimismo escritos sobre la forma hábil de hacer política. Todo ello convirtió su nombre en un sinónimo de astucia y duplicidad porque pasó parte de su vida observando el por qué y el modo de gobernar.

La expansión territorial del Estado, fue su preocupación preponderante y para ello buscó la unidad de Italia.

El padre del nacionalismo moderno nos introdujo así en el laberinto de la política (práctica + teoría), siempre bajo la atenta lupa de “El Príncipe” convertido en el beneficiario de la obra de uno de los más preciados hijos de Florencia.

En “El Príncipe”, el Estado se debate entre los extremos movimientos pendulares de expandirse territorialmente o perecer. La política, como arte de lo posible, se escinde así de los principios morales.

Los maquiavélicos también hoy entienden que el progreso en el camino político se logra mediante el poder, la fuerza, la habilidad, la estrategia, el conocimiento del terreno geográfico, la elección de los mejores adeptos e idóneos colaboradores que de cara a los objetivos de gobierno, comparten la experiencia en el manejo de los intereses, bienes y destinos del Imperio.

Nicolás Maquiavelo, redefinió la política en términos prácticos y modernamente aceptados, algo distante de los aspectos puramente filosóficos a que hacían referencia los hombres de su época.

Es verdad que la realidad y la filosofía no siempre conviven y se dan la mano en el escenario político. Nicolás Maquiavelo profundizó la práctica y reivindicó la realidad, derrumbó la estructura del derecho natural y elevó el rango de la Ley como precepto justo y estable. El “Derecho Positivo” y sus normas positivas, tienen dependencia u origen en El Príncipe que hacía cumplir su voluntad legislativa.

Para el nacido en el valle del Arno, el estudio de la expansión territorial y la tarea de engrandecer a la Nación, respondió a sus propias aspiraciones de dejarle a “El Príncipe” un plan a seguir, un esquema de trabajo, con el fin de conquistar todos los días la gracia del pueblo y para perdurar en el poder por cualquier medio con tal que no fuera por la autodestrucción. Por ello y mucho más, fue y es seguido por monarcas, presidentes, ministros y diplomáticos en general y por los políticos en particular.

Es evidente que Maquiavelo en catorce años (desde 1498 hasta 1512), atesoró las observaciones directas de la cosa pública y diagnosticó una faceta de la Italia contemporánea y trazó la base del estudio de «la política» como arte, teoría, práctica y forma de gobierno.

En fin, de manera concordante con la letra de Namer en Maquiavelo o los orígenes de la Sociología del Conocimiento (Barcelona. Península, 1980, p. 18 y 19) y Marcos Sanz Agüero en El Príncipe (M. E. Editores, S. L. 1995, p. 15) sostenemos: «... la reflexión maquiaveliana más que simple sociología o politología se inscribiría en el ámbito de la praxiología. No es sólo, pues, el intento de teorizar sobre la naturaleza del Estado ni de la sociedad en que se sustenta sino de atribuir una teoría susceptible de vertirse en una técnica y, desde ella, corregir u orientar el curso mismo de los acontecimientos históricos».

Luis XIV (1643-1715):

Representó como forma de gobierno a la monarquía absoluta. Fue Rey de Francia (1643-1715) e impuso su gobierno absoluto en Francia y emprendió una serie de guerras con el fin de dominar Europa. Su reinado, el más largo de toda la historia europea, se caracterizó por el gran florecimiento de la cultura francesa.

En este marco, el “Derecho Natural” tomó auge y así el Rey conocido como el Rey Sol (por elegir este astro como emblema real), se constituyó en el representante de Dios en la Tierra y su poder es ejercido sobre los súbditos en carácter de interlocutor entre el Incausado y el Pueblo. Por aquella época, encontró apoyo para su reinado y en la interpretación del Derecho Natural en el obispo Jacques Bossuet (1627 - 1704), quien inspirado en el método escolástico y auxiliado por la Biblia asimila al monarca a un humano paternal, imbuido de Dios. Así el Rey es soberano y se vincula con lo estrictamente sagrado.

Lisandro de la Torre (1868-1939):

Adicionó a la política los puntos de vista sociales y económicos insitos en la doctrina y en la ideología que atesoró desde su juventud y que además no procuró cambiar cuando adulto y en condición ejercer su vocación de político de raza.

El pionero del pensamiento comunal americano, condujo su ideología por una sola línea, la de la verdad y la justicia. En el 1890, Lisandro de la Torre apareció como un líder revolucionario que enarbola los principios populares y como un luchador por el imperio de la libertad ordenada. Las colectividades comunales, autosuficientes y responsables de sus actos eran las que aseguraban sus derechos, el progreso y la prosperidad en el marco del desenvolvimiento de sus legítimos intereses.

En esta breve síntesis de calificados pensamientos, intentamos pasear de la mano de la política por la historia de las ideas humanas vinculadas con el arte de la posibilidad.
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